Los otros son los que no somos. Los que no fuimos y jamás seremos. Es lo ajeno, pero es también la imagen en el espejo: idéntica en muchos aspectos, aunque definitivamente contraria.
La otredad es el sello del cine de Xavier Gens. El realizador galo ha presentado su visión del mundo a través de historias violentas, apocalípticas, fantásticas y demoníacas, siempre con personajes que se enfrentan a lo ajeno.


Gens comenzó su carrera con Frontière(s) (2007), una cinta llena de violentas imágenes que no todos los estómagos pueden procesar. La cinta, definitivamente anclada en el horror, presenta a un grupo que podría parecer más allá de la redención: ladrones que aprovechan los disturbios de una elección en Francia para robar y huir del país. En la frontera se encuentran con una posada en la que planean descansar antes de ejecutar su escape final. Pero más allá del espejo están los huéspedes, una desquiciada familia endogámica neonazi sedienta de sangre.


Su siguiente esfuerzo, Hitman (2007), evidentemente un vehículo para su entrada a Hollywood no tuvo un gran recibimiento, pero se rumora que los reshoots de rutina para toda película no fueron filmados por el director. Es algo habitual en las grandes producciones: contratar a un realizador de visión única para después intentar sublimarla.


En The Divide (2011), después de un cataclismo nuclear, se esperaría que la línea divisoria entre unos y otros fuera borrada en aras de la supervivencia. Sin embargo, las diferencias vuelven a separar a un pequeño grupo de sobrevivientes y la entropía vuelve a engullirlos.


La ausencia de empatía ante el otro, el diferente, es igualmente usada por Gens en Cold Skin (2017), en la historia de una criatura acuática, atrapada por el cuidador de un faro y el debate del derecho de esos seres a, simplemente, vivir.


Próximamente podremos entrar al mundo de Gens una vez más, en Crucifixión, el 1 de junio gracias a Amarok Films.