Por Roberto Coria

El año comienza de la mejor manera. Al menos en lo que a televisión y horror se refiere. En el ocaso 2015 recibí una de las sorpresas más gratas del ámbito en tiempos recientes: Ash vs. Evil Dead, serie desarrollada por los hermanos Sam e Ivan Raimi y Tom Spezialy a partir de la cinta de culto dirigida por Sam en 1981. Sin duda el proyecto surge de la intención por capitalizar la nostalgia, una idea en su momento novedosa y la increíble devoción que ha generado desde su estreno. El tono definitivo de la saga –y del programa que propicia estas líneas- quedó instaurado plenamente en su segunda entrega, Evil dead 2: dead by dawn (Sam Raimi, 1987), una entretenida mixtura de horror, humor negro, excesos y cubetadas de sangre. Un cuarto de siglo después, los Raimi reinciden en una de sus creaciones más afortunadas.

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El programa es una continuación directa de la tercera parte del serial cinematográfico, El ejército de las tinieblas (Sam Raimi, 1992). Y se centra en el ya mítico Ashley “Ash” Williams (Bruce Campbell, amigo de Sam desde la infancia), único sobreviviente del inocente grupo de jóvenes que descubrieron en una apartada cabaña en el bosque el infame Necronomicon Ex-Mortis, grimorio que invoca a los espíritus malignos que habitan en las regiones apartadas y poseen los cuerpos de los vivos. Ahora Ash es un hombre que roza los sesenta años con un evidente sobrepeso, que tiene las huellas permanentes de su contacto previo con el mal y vive atrapado en el ayer en una especie de estrés postraumático. Pese a ello conserva el heroísmo de su socarronería y vulgaridad. Aún es almacenista en una la gran cadena de tiendas (Value Stop ahora, antes S-Mart), donde está instalado cómodamente en la medianía. Hasta que tiene que enfrentar su pasado. Ahora con la ayuda de su leal compañero de trabajo Pablo Simón Bolívar (Ray Santiago), la desafortunada Kelly Maxwell (Dana DeLorenzo) y la incrédula Amanda Fisher (Jill Marie Jones), Policía caída en desgracia. Todos enfrentan el mal y a la misteriosa Ruby Knowby (Lucy Lawless, mejor recordada como Xena, la Princesa Guerrera).

Ash vs Evil Dead

A lo largo de 10 episodios –que oscilaron de los 30 a los 40 minutos- observamos un verdadero reguero de sangre, partes corporales y toda clase de exageraciones que me recordaron lo mejor de mi juventud. Pero no todo es diversión. Hay genuinos momentos de horror, como la posesión que atestigua Amanda o la cámara subjetiva –recurso establecido por Raimi- que viaja a toda velocidad. Ello con el mínimo de gráficos computarizados y empleando mayormente efectos físicos, a la vieja usanza. Y Ash no fue diluido por la corrección política que impera en nuestra era. Es patético, torpe, mal hablado, racista y misógino. Pero todos son defectos que sucumben ante su nobleza, valentía y espíritu bondadoso. No en balde es “El Jefe”, de la Profecía. Su “acoplamiento” al vuelo con su sierra de cadena es casi apoteósico. Y ni qué decir de verlo en acción, despedazando muertos y disparándoles con su rifle Winchester. Verlo al volante de su Delta 88 Oldsmobile modelo 1973 (que era el auto de la juventud de Raimi y aparece en todas sus películas) me evoca tiempos más sencillos. Y ni qué decir de escucharlo decir su memorable parlamento “Groovy”, todo aderezado con una banda sonora compuesta por Joseph LoDuca –autor de la música de la cinta original- y canciones de Alice Cooper, Deep Purple, Whitesneak, Ted Nugent, PJ Havey y AC/DC.

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La aclamación casi unánime, entre la crítica y los televidentes, le valió ya a Ash vs. Evil Dead el beneficio de una segunda temporada que espero llegue muy pronto. Porque nuestro héroe no dimitió ante la maldad: decidió sobrevivir para pelear otro día.

Espero que este naciente 2016 sea venturoso para todos. Tengan la dosis de horror que merecen. La consciencia de cada uno dirá cuál es.

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Roberto Coria es investigador en literatura y cine fantástico. Imparte desde 1998 cursos, talleres, ciclos de cine y conferencias sobre estos mundos en diversas casas académicas del país. Es asesor literario de Mórbido. Escribió las obras de teatro “El hombre que fue Drácula”, “La noche que murió Poe” y “Renfield, el apóstol de Drácula”. Condujo el podcast Testigos del Crimen y escribe el blog Horroris causa, convertido ahora en un programa radiofónico. En sus horas diurnas es Perito en Arte Forense de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal.