Por Alfonso Monroy

El 22 de enero del año en curso dentro del marco del Festival de Sundance fue presentada esta cinta y desde su primera proyección logró despertar un entusiasmo comparable al de la película “The Witch”. Ambos trabajos son una clara muestra de porqué el certamen se ha convertido en un referente indiscutible para presentar antes que nadie lo mejor cine en todas sus vertientes.

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“Los Daniels” como se alcanza a leer en los créditos de la película son dos chavos: Dan Kwan y Daniel Scheinert, chicos que tenían poca experiencia en el mundo del cine y la televisión en Estados Unidos antes de escribir y dirigir esta película, situación que no les impidió sorprender a pocos y extraños con una original premisa: un hombre que planea suicidarse descubre un cadáver cerca del sitio donde planea matarse.

Es difícil describir lo que sucede a partir de ese momento sin estropear el elemento de frescura e innovación de la cinta. Lo que sí podemos decir en resumen es que a lo largo del filme “Hank” (interpretado magistralmente por el siempre creepy Paul Dano) emprenderá una especie de viaje iniciático con “Manny” (un irreconocible y arriesgado Daniel Radcliffe, que explota hasta las últimas consecuencias su papel) llevando a los espectadores a cuestionarse sobre lo que están presenciando en pantalla.

En una primera vista la película es un ejemplo perfecto de un cine raro y difícil de clasificar: hay pocos personajes, sólo una gran locación y largas secuencias repletas de una energía impresionante. Muchos dirán que se trata más de un ejercicio estético que de contenidos, otros hasta querrán abandonar la sala frustrad@s por el absurdo presente en la pantalla.

Con una marcada influencia del mundo de YouTube, los videoclips de los años 90 y el cine más radical de Michel Gondry, los directores despliegan con maestría su poder para contar una fábula mística sobre un mundo vertiginoso y obsesionado por la tecnología como forma de contacto entre personas.

Se ha reemplazado la posibilidad de iniciar una charla con un desconocido por la política del like; la plática en vivo por dos palomas azules que indican que se ha visto un mensaje y sobre todo se ha reemplazado el diálogo más profundo por el eterno voyerismo a través de un teléfono celular de última generación. En una época en la que la norma es lo impersonal, resulta sorprendente que el protagonista desarrolle una conexión más directa, más real y auténtica precisamente con una persona sin vida.

El verdadero terror llegará cuando descubramos los secretos que “Hank” ha guardado celosamente y seremos testigos de un desenlace brutal y radical que es fiel con la narrativa que los realizadores nos han mostrado en la proyección. En este mundo obsesionado por las apariencias y la idea de virtualidad como la única felicidad resulta refrescante ver cintas que cuestionan la idea del hombre siempre conectado con la otredad, pero totalmente desconectado de sí mismo.

“Un Cadáver para Sobrevivir” logra trascender la anécdota simplona para convertirse por mérito propio en un provocativo ejercicio que logra hacernos cuestionar las consecuencias de la soledad en un momento en el que aparentemente no existe forma de sentirnos aislados.