Por Roberto Coria

A diferencia de Drácula, Frankenstein o el Fantasma de la Ópera, la creación de Víctor Hugo –que nos ha ocupado las últimas semanas- ha tenido menos encarnaciones en la pantalla grande además de la de Lon Chaney. No podemos evitar reconocer que el papel permite un doble lucimiento: por lo que respecta a la actuación y al diseño de maquillaje. Recordemos, cronológicamente, tres de sus rostros más notables:

1. El actor inglés Charles Laughton en la cinta El jorobado de Notre Dame (William Dieterle, 1939). Muchos piensan que la película es superior a la de Wallace Worsley. Y en muchas maneras poseen argumentos válidos. El cineasta alemán Dieterle estaba enormemente influenciado por el expresionismo de su país y tenía una mayor experiencia que se reflejó en una narración más ágil. Luego está la inevitable comparación con la interpretación de Chaney. De hecho Laughton tomó como un reto personal evitar reminiscencia e imprimir una huella indeleble al personaje. La historia tras la realización del filme es escabrosa, sobre todo en lo que respecta al conflicto personal entre su protagonista y el responsable de su caracterización, el talentoso artista del maquillaje Perc Westmore. Doug Bradley, en su libro Monstruos sagrados, grandes actores y sus caracterizaciones en el cine de terror (Nuer, 1996), documenta muchos de sus enfrentamientos, los cuales rayaron a veces en lo infantil. Cuando Westmore preparó una joroba de goma que pesaba 3 kilos –habían pasado casi 20 años desde su antecesora y la técnica empleaba materiales más ligeros-, Laughton se negó a usarla pues decía que si Chaney usó una de 20 kilos, él no portaría algo diferente. Al final nosotros fuimos los ganadores. “De esta guerra surgió una gran actuación en una gran película”, asegura Bradley.

2. La popular versión animada que nos entregó los estudios Disney titulada El jorobado de Notre Dame (Gary Trousdale y Kirk Wise, 1996). En ella el estadounidense Tom Hulce –lo recordarán como Wolfgang Amadeus Mozart en Amadeus (1984) o Henry Cleval en el Frankenstein de Kenneth Branagh (1994)- daba voz al protagonista. Cabe destacar que la imagen de Laughton fue la mayor influencia para los dibujantes. La historia no deja de ser una visión edulcorada de la obra de Víctor Hugo, con canciones al por mayor y gárgolas parlanchinas en la que, muy básicamente, pervive el espíritu original. Su enorme éxito económico inspiró –además de una secuela lanzada directamente al video- una colorida puesta en escena y, sin duda, estimuló su siguiente encarnación y tercer punto de nuestra lista.

3. El actor Mandy Patinkin (Jason Gideon en la teleserie Mentes criminales o Saul Berenson en Homeland) en la poco conocida cinta para televisión El jorbado (Peter Medak, 1997), transmitida por la cadena estadounidense TNT, que tiene la acertada actuación del finado Richard Harris como el malvado Claude Frollo y nuestra paisana Salma Hayek –quien tenía 31 años de edad y estaba casi recién llegada a Hollywood- como la bella gitana Esmeralda. El resultado es satisfactorio. No más, no menos.

Sinceramente no creo que pase mucho tiempo antes que la tragedia de Quasimodo sea nuevamente llevada al cine. Quien asuma el papel llevará, literalmente, un gran peso en la espalda.

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Roberto Coria es investigador en literatura y cine fantástico. Imparte desde 1998 cursos, talleres, ciclos de cine y conferencias sobre estos mundos en diversas casas académicas. Es asesor en materia literaria de Mórbido. Es autor de la obra de teatro “El hombre que fue Drácula”. Escribe el blog Horroris causa. En sus horas diurnas es Perito en Arte Forense de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal. Su próximo curso, Fantasmas bajo la luz eléctrica, comenzará el próximo lunes 3 de marzo en la Casa Universitaria del Libro.