El hombre ha tratado que la tecnología supla a los seres humanos, para diferentes actividades y labores. Aunque hoy existan robots, se trata más de los brazos mecánicos que pueden hacer funciones de ensamblaje en constructoras, o actividades por el estilo. Unir al humano con una máquina y formar una especie de cyborg, aún es difícil.

Golem
Golem

Desde la creación de la palabra robot por el checo Karel Capek en su obra R.U.R (Rossum's Universal Robots), en donde empleó el término robota. El concepto ha sido más una idea de un personaje de servidumbre. Los checos, llenos de tradiciones, tenían la historia del Golem, un ser de barro creado por el rabino Judah Loew en un ghetto de Praga durante el siglo XVI que ,gracias al poder de la oración, se transformó en un ser que podía cosechar y realizar trabajos pesados.

La historia de Yo, Robot de Isaac Assimov también conjunta las leyes de la robótica con la intención de proteger a la humanidad. Pero creo que, antes de llegar al desarrollo de robots como estos, es mucho más fácil integrar a los humanos con máquinas para formar cyborgs.

Cyborg es una palabra compuesta que básicamente significa organismo cibernético (cyber+organism). El término fue ideado por Manfred Clynes en 1960, cuando lo usó para referirse a los astronautas con modificaciones mecánicas que les permitían sobrevivir en ambientes hostiles durante la exploración en otros planetas.

La comunicación del cerebro con las máquinas, hace que la idea de un cyborg sea bastante compleja. A pesar de esto, hoy ya hay uno de estos personajes caminando entre nosotros, se trata de Neil Harbisson, el primer cyborg reconocido.

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Neil Harbisson

Neil Harbisson nació con un defecto visual que le impide ver colores, para poder experimentarlos decidió implantarse un dispositivo electrónico en la cabeza, que le permite conocer el color con base en su frecuencia asociada a un sonido. Literalmente, puede escuchar los colores.

Las investigaciones militares han permitido conectar el cerebro humano a una máquina en diferentes formas, uno de los más claros ejemplos es Stephen Hawking. Este físico y matemático británico, quien padece esclerosis lateral amiotrófica por la cual no puede moverse, utiliza cámaras que siguen el movimiento de sus ojos y, con base en donde fija la mirada, puede escribir en un teclado, generar palabras y hasta jugar ajedrez.

Aquí un ejemplo de un juego de ajedrez con la mente.

Más complejo aún es el control mental de los objetos, no me refiero a la telequinesis, sino a un cerebro conectado a una máquina para que se mueva y haga lo que se le ordene. Nuestras neuronas encargadas del movimiento de brazos se ubican en la parte lateral del cerebro, se pueden reconocer con estudios de resonancia magnética que muestran las áreas más activas cuando se pide al paciente mover sus brazos. Identificar esto en años anteriores era bastante mórbido. Se hacía con las áreas de broca, en honor a Paul Pierre Broca, médico francés que se dedicó a estudiar el habla, especialmente en los pacientes que no podían articular palabras. En estudios post mortem logró identificar un área del cerebro que, en estos enfermos, se repetía una y otra vez una lesión en la corteza pre frontal inferior del lado izquierdo. El médico estudiaba los cadáveres de personas que tenían problemas con el habla.

Esto es prueba de que llevar registro eléctricos de la actividad del cerebro es posible. Gracias a esto, animales de experimentación e incluso humanos pueden ejecutar acciones para que máquinas se desplacen con una orden específica.

Aquí otro video, esta vez sobre el control motor mental.

Con el desarrollo de estudios como la tomografía y resonancia magnética es posible demostrar cuáles son las áreas del cerebro activas durante órdenes específicas. Pero regresemos a los cyborgs.

¿Cómo hacer la fusión entre una máquina y un ser humano? Hoy día es muy difícil y, aunque ya mencionamos el caso de Neil Harbisson, existen otras áreas en donde las máquinas (o robots) pueden ayudar al ser humano.