Slashers reelaborados contra slashers originales

Por Roberto Coria

Vivimos en una época terrible. Vergonzosa, indignante y dolorosa son algunas de las palabras que me vienen a la cabeza para calificarla. Por eso vayamos a los territorios imaginarios, donde las peores atrocidades son incapaces de lastimar a nadie. Las bellas artes nos salvan del horror de la realidad.

Una tendencia muy clara en los últimos años es rescatar a las figuras clave del cine de horror, con resultados muy variados. Me refiero a la fiebre por los remakes, reelaboraciones, refritos, o como gusten llamarles. De los personajes que nos interesan, al menos cuatro célebres asesinos slasher han sido objeto de la atención de los productores hollywoodenses. Podemos cuestionar su intención. Hay tres caminos posibles: el optimismo y la confianza en la trascendencia de estos modernos monstruos, la falta de arrojo para experimentar con nuevas creaciones o la mera voracidad comercial. En las últimas semanas, ha quedado establecida la rentabilidad de las slasher movies. La desconfianza crece cuando examinamos el contundente pasado. Tradicionalmente los remakes de cintas clásicas no suelen ser muy afortunados. Recordemos –por sólo citar un ejemplo- la versión de Psicosis que Gus Van Sant se atrevió a hacer en 1998, que no es más que una calca de su original en flamante technicolor y no aporta nada al mito del que muchos consideran el primer asesino slasher. Pero volvamos a tiempos recientes. Fuera del entrañable Michael Myers, resucitado en 2007 por el músico y cineasta Rob Zombi con resultados desiguales –adoro la presencia de Malcolm McDowell como el Dr. Sam Loomis-, tres de sus colegas –Leatherface, Jason Voorhees y Freddy Krueger- han regresado a nosotros gracias a la mente Michel Bay, ese gran especialista en pirotecnias fílmicas y genio comercial incuestionable. Todos los cinéfilos conocemos al menos una de sus obras, sea como productor o director: el díptico Dos policías rebeldes (1995 y 2003), La Roca (1996), Armageddon (1998), Pearl Harbor (2001), Transformers y sus interminables secuelas (que comenzaron en 2007) y, muy recientemente, Las Tortugas Ninja (Jonathan Liebesman, 2014). Ha hecho su intentona por “rescatar” el horror a través de su compañía Platinum Dunes, cuyo primer acercamiento La masacre de Texas (Marcus Nispel, 2003) me hizo tener ciertas esperanzas. Pero ya platiqué sobre sus aciertos.

RemakesSlashers2

Mi fe se desmoronó con Viernes 13 (Marcus Nispel, 2009), muestra clara de la trivialización de un monstruo clásico para la generación de los teléfonos inteligentes, infestada de jóvenes estrellas de televisión y un argumento que si bien era promisorio –incluir como un breve prólogo a la desquiciada señora Pamela Voorhees fue un acierto, porque quien realmente nos interesa es el gigantón de la máscara y el machete- termina por agotar y decepcionar al diletante de lo que Antonio Camarillo llama “el cine de lo truculento”. El nuevo Jason Voorhees se convirtió en un asesino incongruente y predecible que mantenía cautivas a algunas de sus víctimas –por motivos que aún ignoro- en su intrincada madriguera secreta. Ya lo dije: su espíritu original era liquidarlas en el momento y seguir adelante en busca del siguiente cordero de sacrificio. Eso lo definía.

RemakesSlashers3

La siguiente víctima de Bay fue el desfigurado sobrenatural de la calle Elm, pero ya escribí bastante sobre él. Y ustedes fueron muy claros: la gran mayoría odia la cinta de 2010 y coinciden en que prefieren al villano que interpretó Robert Englud.

RemakesSlashers4

¿Podemos juzgar a Michael Bay? En verdad no lo creo. Se especializa en un tipo de cine que apuesta por llevar a hordas de espectadores a las salas de cine en todo el mundo y obtener beneficios millonarios. No más, no menos. Sabemos que los refrescos, los cigarros, el alcohol y los alimentos –si puede llamárseles así- de las grandes cadenas de comida rápida son nocivos, pero aun así los consumimos. Al hacerlo aseguramos la supervivencia de los grandes Emporios. Sobre los temas que nos competen, creo que los resultados de las cintas producidas por Bay no logran emular a las obras que las propician. Lo verdaderamente inquietante es pensar que ese es el destino ineludible de los monstruos con los que crecimos. Pero hay algo que no podemos negar: Leatherface, Michael, Jason y Freddy se rehúsan a morir.

RemakesSlashers1

 

Nos vemos en Puebla la siguiente semana.

__

Roberto Coria es investigador en literatura y cine fantástico. Imparte desde 1998 cursos, talleres, ciclos de cine y conferencias sobre estos mundos en diversas casas académicas. Es asesor en materia literaria de Mórbido. Escribió las obras de teatro “El hombre que fue Drácula”, “La noche que murió Poe” y “Renfield, el apóstol de Drácula”. Condujo el podcast Testigos del Crimen y escribe el blog Horroris causa. En sus horas diurnas es Perito en Arte Forense de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal.