Por Roberto Coria

Ahora que lo pienso, nunca hemos platicado sobre el origen del nombre de este espacio, Tinta negra. Rinde tributo a la forma primigenia en que se hace material, perdurable, el horror que tanto nos fascina: la letra impresa. Si todo surge con la narración oral, esta es finita toda vez que la memoria es limitada y susceptible a alterarse con el paso del tiempo. Lo plasmado en papel permanece. Esto podría llevarnos al debate sobre la validez de los medios digitales en esta era. Llámenme obsoleto –prefiero romántico- pero la experiencia de tener un libro en las manos, de poder sentir sus páginas, es insustituible.

La literatura es el cimiento de muchas joyas de otros medios de comunicación, como el teatro, el cine, el cómic, la televisión, los videojuegos y el Internet. Muchos intentos son lamentables; otros verdaderamente afortunados. Hoy hablaré de uno de los segundos, y de él di cuenta hace unos meses.

hannibal-nbc-series-trailerAnoche se estrenó en Latinoamérica, antes de lo que había previsto, la serie televisiva Hannibal, producción de la National Broadcasting Company (NBC), creada por Bryan Fuller y basada en el más memorable personaje del escritor estadounidense Thomas Harris a quien Stephen King calificó como “el Conde Drácula de la era de las computadoras y los teléfonos celulares”. Es un personaje inolvidable que ha logrado colarse por méritos propios al imaginario popular como el prototipo de esos personajes terribles y sanguinarios conocidos como asesinos en serie. Lo hacen fascinante su formación académica –es un reputado psicólogo- y sus aficiones exquisitas –gourmet, enólogo, amante del arte y el buen vivir-. Además mata gente –que en su filosofía lo merece- y la devora, el último tabú. Esa dualidad, encarnada en el cine en tres ocasiones por Sir Anthony Hopkins, se ha ganado la simpatía del público y logra con éxito que se ponga de su lado. Sin duda abrió las puertas a otros famosos asesinos de la ficción contemporánea como el analista de indicios hemáticos Dexter Morgan, creación del novelista estadounidense Jeffrey Lindsay e interpretado en la televisión por Michael C. Hall. Pero de él hablaremos en otro momento.

Regresando a la teleserie Hannibal, existen cinco cintas que han ayudado a crearnos un retrato suyo: Sabueso (Michael Mann, 1986), El silencio de los inocentes (Jonathan Demme, 1991), Hannibal (Ridley Scott, 2001), El Dragón Rojo (Brett Ratner, 2002) y Hannibal, el origen del mal (Peter Webber, 2007), en las que lo han interpretado Brian Cox, Hopkins y Gaspard Ulliel. El segundo dejó la impresión más poderosa en nuestras mentes con su mirada penetrante o sus “alubias y un buen Chianti”. Le valió incontables reconocimientos, entre ellos el codiciado Óscar como Mejor Actor. De ahí viene uno de los logros de la serie, la actuación del danés Mads Mikkelsen en el protagónico, que se aleja de lo que conocemos e imprime matices sutiles, refinados y amenazantes, como un gato que observa a su presa. En su momento su creador, Thomas Harris, en labios de la protagonista de su segunda aventura Clarice Starling, que la voz del asesino tenía una “leve aspereza metálica”.

En Hannibal se describe el inicio de su relación con el investigador Will Graham, que corre en paralelo a sus actividades antropófagas plenamente establecidas. Su futuro Némesis es otro aspecto interesante de la serie. El personaje ya había sido encarnado en el pasado por William Petersen –el Gil Grissom de C.S.I.- y Edward Norton. Ahora lo hace Hugh Dancy, quien lo representa como un hombre solitario, retraído y torturado, que rescata perros de la calle, consciente –como su par literario- del monstruo que vive en su interior y puede desatar sus amarras en cualquier momento. Lecter le reconoce el mérito de observar las cosas desde la posición de su presa. Incluso se convierte en asesino para reconstruir los hechos que indaga en su mente. Y eso no debe ser agradable. “Graham sabía perfectamente bien que estaban en él todos los elementos para cometer un crimen”, decía Harris.

Posteriormente destaco el aspecto visual de la serie, que aunque se ambienta en nuestra época –y no en los ochenta, como la novela- posee una imagen deslavada que me recuerda mis fotografías de la infancia y retrocede la acción para describir el razonamiento de Graham. Algo semejante sucede con el vestuario de Christopher Hargadon y la sobria partitura de Brian Reitzell, todos a las órdenes de David Slade, cuyo trabajo conocemos bien en Niña mala (2005) y 30 días de noche (2007). Como valor adicional, algunos de los episodios sucesivos serán dirigidos por nuestro compatriota Guillermo Navarro, cinefotógrafo de cabecera del siempre admirado Guillermo del Toro.

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El resto del cuadro está conformado por un sólido reparto de apoyo en el que sobresale Laurence Fishburne como Jack Crawford, que en los libros es un hombre de raza blanca. Otro cambio sutil lo representa la Dra. Alana Bloom (Caroline Dhavernas), que el su forma original es un académico (varón) de la Universidad de Chicago. Y las referencias a otros personajes del “Universo Lecter” son muy disfrutables, desde la de Freddie Lounds (encarnado antes por Stephen Lang y Phillip Seymour Hoffman), “periodista” del National Tattler, a Garrett Jacob Hobbs, criminal que dejó terribles secuelas en la mente del héroe. Recuerda Harris: “Garmon Evans, un ex asistente médico del Hospital Naval de Bethesda, dijo que Graham fue alojado en el pabellón de psiquiatría poco después de haber matado a Garrett Jacob Hobbs, el Gavilán de Minnesota. Graham dio muerte de un disparo a Hobbs en 1975, cerrando el octavo mes de reinado de terror de Hobbs en Minneápolis”. Luego están situaciones que ya conocemos, desde su vocación culinaria (como ese flambée que casi se antoja), su talento para el dibujo, su memoria prodigiosa o que escuche Las variaciones de Goldberg de Johann Sebastian Bach.

El resultado es una serie prometedora que ha recibido incontables alabanzas. Al menos así lo comprobé ayer en la red. Contrariamente, uno de mis más respetados colegas opinó que la encontró aburrida. “Hannibal llega tarde a un mercado saturado”. Estoy de acuerdo en lo segundo, pues el tema criminal es muy recurrido en la televisión contemporánea, desde C.S.I., Dexter, Criminal minds, El Mentalista, Bones y demás (dejo aparte los programas del llamado true crime). Y entre tantas opciones se erige como una que tiene raíces sólidas, personajes fascinantes y una propuesta original que se aleja del estilo de video clip del que se aprovechan muchas. En opinión de mis ilustres colegas representa el inicio de una “nueva era dorada del horror en la televisión. Thomas Harris debe estar doblemente satisfecho.

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