Por Roberto Coria

Pensaba continuar hablando del renacer “televisivo” de un superhéroe dos veces significativo para mí en este momento, pero las circunstancias cambiaron la semana pasada. Me consuela pensar que no abandono el mundo de las historietas.

Un canon es una regla establecida, aceptada por la colectividad, difícil de modificar en nuestra memoria y costumbres. Romperlo o salirse de él puede suponer una verdadera dificultad para muchos, quienes se niegan rotundamente a aceptarlo. Algunos pueden verlo un como algo escrito en piedra, inviolable, imposible de modificar. Ellos pueden llegar a ver a ruptura como un ultraje, un verdadero sacrilegio. Casi todas las personas que conozco, devotos seguidores de estos temas, se oponen contundentemente a los “vampiros” que brillan. Yo lo hago enfáticamente en todos los medios a los que tengo alcance, pero también creo que en algunas ocasiones salir del canon puede ser algo permisible, aceptable y, por qué no, refrescante. Siempre que esta variación tenga bases sólidas y sea respetuosa con su fuente de procedencia. Tomemos Frankenstein, por ejemplo. El dilema central de la novela inolvidable de Mary Shelley es la creación que termina por destruir a su irresponsable creador, los límites que no deben ser transgredidos. En ese sentido, no me cuesta trabajo ver al androide Roy Batty (Rutger Hauer) de Blade Runner (Ridley Scott, 1982) como un respetable heredero de su Criatura. Al final, todos somos enteramente libres de consumir o no un producto.

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Pensé en ello el 24 de abril pasado, fecha en que celebró el 75 aniversario de la publicación del primer número de la historieta individual de Batman, ocasión que marcó el nacimiento del GuasónComodín, Joker o como quieran llamarle-. Incuestionablemente es el villano más emblemático de la historia del cómic. Enemigo natural del justiciero enmascarado, representa la antítesis de su naturaleza y métodos. Es un criminal psicópata, sádico e impredecible, que asesina a sus víctimas sólo por diversión. En su libro Los lenguajes del cómic, Daniel Barbieri dice: “el rostro caricaturesco del Guasón en las muy serias aventuras de Batman representa la abyección y la crueldad. Único rostro de caricatura en medio de figuras realistas, el Guasón se destaca por su absurdidad. Salpica de absurdo vicisitudes de otro modo demasiado previsibles. No por casualidad entre los coprotagonistas de la serie de Batman, el Guasón es desde siempre el que obtiene el mayor éxito, el enemigo preferido del lector”. El Guasón, creado por Bill Finger y Bob Kane, apareció por vez primera en Batman No. 1, en la primavera de 1940. Originalmente era un asesino con mucho humor que empleaba un veneno especial que aniquilaba a sus víctimas e imprimía en su rostro una macabra sonrisa. Debía morir en su segunda aventura, pero los editores se dieron cuenta de su potencial y desde entonces se convirtió en una presencia frecuente en sus correrías. A partir de ahí ha sufrido incontables transformaciones de la mano de la más variada cantidad de artistas, del mismo Finger, Jerry Robinson –quien clama ser su co creador-, Neal Adams, Marshall Rogers, Frank Miller, Brian Bolland, Dave McKean, Alex Ross y Greg Capullo. En el cine y la televisión ha tenido interesantes encarnaciones, del entrañable César Romero –con todo y su bigote maquillado- en el serial televisivo sesentero con Adam West, el malicioso Jack Nicholson en el ocaso de los ochenta y, el más reciente de todos, el malogrado Heath Ledger, premiado de manera póstuma por su desempeño. No hablaré de su paso por las caricaturas –con la voz de Mark Hamill- o los videojuegos pues es nos llevaría más tiempo. Cada uno de nosotros tiene su favorito. Yo creo que todos aportan algo distinto a un personaje célebre. Elegir uno supone un dilema comparable al de establecer al Drácula definitivo.

A este club exclusivo hoy se une el cantante convertido en laureado actor Jared Leto, quien dará vida al Payaso Príncipe del Crimen en la venidera película Suicide Squad, a estrenarse en agosto de 2016. Sobre las raíces del ensamble de villanos que estelarizarán la cinta, platicaré en otro momento. Por lo pronto, en la fecha en que se desviaron mis intenciones para esta ocasión (que mencioné al principio de este texto), y como un tributo al criminal en su cumpleaños, su guionista y director David Ayer publicó en medios electrónicos una fotografía de Leto que ha despertado las más variadas reacciones. En ella aparece con el torso desnudo, con una expresión que oscila entre la locura y la sorpresa, con las manos en la cabeza, el cabello verde y muy recortado, pálido y casi sin cejas, con los labios rojos, incrustaciones metálicas en sus dientes frontales y con numerosos tatuajes en diferentes regiones del cuerpo. Las burlas no se hicieron esperar. Llegué a leer a personas que dijeron que les hacía pensar en alguien que cayó en cuenta que casi terminaba el período de verificación vehicular o que les recordaba al entonces infante Macaulay Culkin en los carteles de la comedia familiar Mi pobre angelito.

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CanonJoker06Definitivamente se aleja de lo que conocemos. Sin duda puede estar inspirado en el Guasón que apareció en All Star Batman and Robin, the Boy Wonder No. 8, dibujado por Jim Lee a partir de la historia de Frank Miller. También me parece muy cercano al excesivo músico británico Sid Vicious o a un miembro de la supremacía aria. El principal motivo de asombro es que se opone a lo presentado en el pasado por Romero, Nicholson o Ledger. No es el Guasón clásico, con su extravagante elegancia, con ropas mayormente moradas. Esa es la que podría pensarse como el canon, en conjunto con el rostro blanco, los cabellos verdes y los labios carmesí. Pero lo que verdaderamente lo define es su carácter volátil, subversivo y escandaloso. “Espera lo inesperado con el Guasón”, suele decir su Némesis. Una fotografía no es suficiente para formarse una opinión. Como un anticipo, a inicios de abril, publicó en su cuenta de Twitter una imagen del actor sosteniendo una cámara, como el arlequín demente hace en la ya mítica portada de La broma mortal de Alan Moore y Brian Bolland. Y falta ver el trabajo de Leto. Cuando en El asesino de John Lennon (Chapter 27, Jarret Schaefer, 2007) interpretó al homicida Mark David Chapman, engordó más de 10 kilos para darle verosimilitud; en Dallas Buyers Club (Jean-Marc Vallée, 2013) perdió cerca de 14. Eso demuestra su compromiso con sus papeles. Creo que podemos esperar algo muy grato. Diferente a lo visto antes, cierto, pero posiblemente se coloque con dignidad al lado de sus antecesores. Lo cierto es que Leto tiene unos zapatos muy grandes por llenar.

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Pero basta de payasos psicópatas por ahora. Regresaré a Daredevil la siguiente semana.

Y por cierto, feliz día del niño perverso.

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Roberto Coria es investigador en literatura y cine fantástico. Imparte desde 1998 cursos, talleres, ciclos de cine y conferencias sobre estos mundos en diversas casas académicas. Es asesor literario de Mórbido. Escribió las obras de teatro “El hombre que fue Drácula”, “La noche que murió Poe” y “Renfield, el apóstol de Drácula”. Condujo el podcast Testigos del Crimen y escribe el blog Horroris causa. En sus horas diurnas es Perito en Arte Forense de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal.