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El miedo, generalmente, nace de las situaciones cotidianas que llegan al extremo: un incidente en un vehículo, una familia que decide comerse a otras personas, la pérdida de un hijo. El cine de terror, también generalmente, es miedo a que nos pase algo que no debería suceder. En el mundo de hoy es fácil encontrar fuentes de miedo, la sociedad nos las bombardea, la televisión, el cine los noticieros... en fin. No paramos por fuentes de miedo. Pero si eres parte de una familia de peregrinos puritana de 1630 ¿a qué le tienes miedo? A Dios, por supuesto. Veamos un poco de contexto.

No es ningún secreto ni debe sorprender a nadie que la religiones judeocristianas se basan en gran parte en el miedo: el miedo al infierno, el miedo al castigo, el miedo a no tener a esa figura barbada allá arriba "cuidándote", el miedo a acabar en otro lugar igual de ficticio que el cielo: el infierno.

Ya no adentraré más en el tema de la religión y como usa el miedo para mantener a los fieles bajo control, Bertrand Russell ya lo hizo mucho mejor de lo que yo lo haría en ¿Por qué no soy cristiano? También hay muchos documentos sobre los peregrinos puritanos de la época, su llegada a Estados Unidos, el control que ejercía sobre ellos la fe y su relación con la ley sus castigos a los que no observaban el camino de su dios.

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Es por eso que en La Bruja cuando a William (Ralph Ineson) lo corren de la plantación en la que vive con sus cinco hijos (ya saben, hay que tener todos los que Dios te da) y su esposa, debe valerse por sí mismo para cuidar a su familia y comienza a andar por un camino que no los llevará a un lugar lindo y bueno, en especial porque William no sabe cazar, es un terrible agricultor y es todavía peor con los animales de granja.

Cada quien decide lo que le da miedo o no, y en torno a La Bruja hay mucho debate, algunos dicen que es una película de terror, otros dicen que no. A mí me dio miedo. Mucho. Me da miedo pensar que todavía hay gente que piensa como en 1630 y ejerce semejante control sobre la vida de los demás a través de la promesa de un cielo después de la muerte.

Cuando el hijo de William desaparece y su esposa Katherine (Kate Dickie) intenta culpar a Dios, William de inmediato dice que su creador los está bendiciendo con la desaparición de su hijo para enseñarles humildad. Sí, justifica a su bondadoso creador por la pérdida más dolorosa que puede vivir un padre. En este momento acabo de recordar una frase de esta secuencia y debo decirles que si hablan inglés, les espera un viaje espectacular, toda la película está hablada en inglés antiguo y es sencillamente exquisito escuchar el idioma de esa era.

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El control que la religión ejerce sobre la familia de William está presente a lo largo de toda la película, y cuando las cosas empiezan a salir mal de inmediato culpan al Diablo, o a una bruja, o al que los maldijo... a todos excepto a William por su terquedad y por provocar que los corrieran de la plantación. No sabemos el por qué, sólo que la ley (que en esa época iba de la mano de la religión) los obligaba a ser desterrados por algo que tenía que ver con los evangelios y que nos muestran, muy por la superficie, al inicio del filme.

Los eventos que cuentan en La Bruja suceden a estos pobres peregrinos durante el invierno de 1630 en una remota cabaña en el lugar que se convertiría siglos después en Boston. Hoy, todos sabemos lo que sucede cuando un padre con un severo trastorno mental (sí, su fanatismo religioso) y a su pobre familia cuando pasan el invierno solos en una cabaña… la famosa fiebre de cabaña.

Lo mejor de la película es imaginar si en realidad los sucesos se dan por la dichosa fiebre de cabaña, o porque en serio creen que están malditos y una bruja los persigue o si en realidad detrás de todos los extraños sucesos está el verdadero protagonista de la película: Black Phillip, un macho cabrío que sirve de alegoría la otra figura mítica a la que le tiene miedo William:

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Black Phillip en el mundo real se llama Charlie, y todo el equipo de producción y el elenco de la película lo odian, dicen que fue... bueno... un infierno trabajar con el. Le rompió la costilla a Iverson, no quería filmar y amenazaba con lastimarlos constantemente. No pudieron encontrar a mejor actor para el personaje de Black Phillip. Su papel lo descubrirán cuando vean la película, es mejor no arruinarlo por adelantado.

Continuemos con la trama. Es 1630 y que no hay mucho que hacer (por algo William y Katherine tienen cinco hijos) y la historia es simple: Thomasin, la niña mayor del clan presencia la desaparición de su hermano más pequeño: Samuel.  El resto de la cinta habla de cómo los pequeños sobrevivientes de la familia: Caleb, Mercy y Jonas (y Thomain, obvio) viven un verdadero infierno en el que todos en algún momento son acusados de ser la bruja titular de la película (pero los espectadores sabemos la verdad... ¿o no?), pero al mismo tiempo parecen ser controlados por los oscuros susurros de Black Phillip, que quiere destruir a la familia y aplastar su fe. ¿Delirio o realidad?

Robert Eggers maneja su ópera prima magistralmente, la fotografía es exquisita, sólo hay lúgubres velas, un cielo gris y un bosque que también forma parte del elenco con su temible y constante presencia. La banda sonora de Mark Korven hace una dupla genial con el poco sonido ambiental que hay en la granja de la familia de William, y es coronado con un sonido espectacular. Esta es una película que debe verse en cines para apreciar su oscuridad y el manejo de los sonidos y la música en todo su esplendor, si te dejas llevar por la banda sonora tendrás escalofríos cada vez que la vuelvas a escuchar.

Al final tú decidirás si la película es de terror o no, cada quien sus gustos. A mí me gustó mucho y creo firmemente que es de terror, no por sus temas satanistas, pero sí por ver como la fe puede cegar y llevar a gente a creer que si te portas bien alguien te espera allá arriba, si te portas mal te esperan allá abajo y si te descuidas... te lleva la bruja.