Vivimos en un mundo de zombis, esa es la verdad. Cualquiera que haya visto Shaun of the Dead lo sabe, por la gran secuencia inicial de créditos con I Monster de fondo: un montón de habitantes de Londres que caminan y viven de manera monótona.

Vivimos en un mundo de zombies. Hay películas, series, cómics y videojuegos dedicados a ellos. Recientemente, salió a la venta Dead Rising 4, el próximo domingo es el final de media temporada de The Walking Dead  y las pláticas siguen para traer de vuelta Zombieland.

Cuando un género se encuentra sobresaturado, tradicionalmente se toma la decisión de matarlo en favor de otro. Sucedió en los 90 con las películas de superhéroes… que en ese tiempo eran prácticamente solo de Batman. La percepción es que las franquicias nunca se recuperan, que no hay nuevas maneras de darle la vuelta a un mismo tema y que lo mejor es pasar a la siguiente película con siete secuelas que, a su vez, volverán a crear el mismo problema que lo inició todo.

En Estación Zombie: Tren a Busan, el mundo de los zombies vuelve a ser entretenido. Después de los acontecimientos de Seoul Station, conocemos a los protagonistas de la película de acción real: un egoísta analista financiero y su hija se dirigen a Bousan, pues es el cumpleaños de la niña y quiere estar con su madre. El tren en el que viajan es abordado por varios colegiales, dos hermanas de la tercera edad, una pareja que espera un hijo y, finalmente, un sobreviviente de la primera oleada y una mujer infectada.

Obviamente, el caos no se hace esperar y los espectadores tendrán bastante carnicería zombi para saciar su apetito. Como en Seoul Station, la infección se esparce como pólvora, así que de un momento a otro hay más no muertos que humanos. Por ese lado, pueden estar convencidos: el nivel de violencia es muy satisfactorio.

Por otro lado, como en The Walking Dead, el asunto es que los humanos pueden ser peores que los infectados. Se ha hablado mucho del “comentario social” que imprime Yeon Sang-ho a sus obras y más de uno de ustedes ya está lanzando trompetillas, haciendo eyeroll y quejándose de que no van al cine a que los eduquen. Y sí, el concepto suena aburrido, pero no lo es en lo más mínimo. De hecho, el público latino seguramente encontrará muchas sorprendentes similitudes entre las costumbres y divisiones sociales de Corea del Sur y las propias, pero jamás con un tono aleccionador.

Como espectador, fui con pocas ganas, debo reconocerlo. Después de ver The Walking Dead, con su ritmo y actuaciones lentas, casi tanto como el andar de sus caminantes, ya no esperas mucho del género. Como les decía al principio, empiezas a sentir que ya se agotó la fuente. Por eso mismo, el ritmo de Estación Zombie es muy satisfactorio, aunque no tengan la lentitud de las criaturas clásicas de Romero y sí la rabia y velocidad trepidante de los infectados de Danny Boyle en 28 Days Later. Pero el hecho de que, como en Snowpiercer, estar encerrado en un tubo de metal y no poder salir, sumado a que casi desde el principio estás involucrado con los personajes, vuelven una historia llena de arquetipos y con algunos lugares comunes en una muy divertida.

Hay que resaltar, definitivamente, el trabajo actoral de los infectados. Tal vez se pregunten “¿cuál trabajo actoral, si se convierten en monstruos hambrientos?” Bueno, los actores también echan mano de la expresión corporal, lo que les da un aire sobrenatural al comportarse completamente desencajados y desarticulados.

Definitivamente, es la película para ver en las menos de tres semanas que le quedan al año, sin contar Rogue One, desde luego. Y para aquellos que busquen emoción extra, la cinta se exhibe en la experiencia 4DX de Cinépolis.

Advertencia: lleven pañuelos. Hay momentos que estrujarán su corazón una y otra vez.