Existen películas que han marcado un antes y un después dentro de géneros cinematográficos como el terror y la ciencia ficción, además de que han iniciado franquicias que han alcanzado el estatus de culto con el paso del tiempo, y una de esas cintas sin duda es Alien: el octavo pasajero (Alien, 1979), de la cual hace cinco años tuvimos la oportunidad de ver una precuela, titulada Prometeo (Prometheus, 2012), cuya historia continuará este año en la pantalla grande con el esperado estreno de Alien: Covenant. Una vez más bajo la dirección de Ridley Scott, las intimidantes criaturas alienígenas conocidas como Xenomorfos -diseñadas por el maestro H. R. Giger - amenazan a otra tripulación de una nave en el espacio.

Aquellos que han visto Prometeo seguramente recuerdan que al final de dicho filme, la Doctora Elizabeth Shaw queda como la única sobreviviente humana de una misión espacial que tenía el objetivo de encontrar a los creadores de la humanidad, conocidos como los Ingenieros. El personaje interpretado por Noomi Rapace encuentra otra nave y decide realizar un largo viaje junto al androide David para encontrar a los seres superiores a los que se estaba buscando en un inicio; en Alien: Covenant, por fin descubrimos cómo terminó aquel largo viaje y descubrimos cuáles fueron las consecuencias de las acciones de aquellos que los realizaron.

La secuela nos transporta diez años después de lo sucedido en Prometeo, convirtiéndonos en un pasajero más de la nave Covenant, cuya tripulación, integrada únicamente por parejas, se encuentra en medio de un largo viaje que tiene como objetivo llegar a un planeta con características similares a las de la Tierra para colonizarlo. Luego de un trágico accidente, la tripulación encuentra otro planeta con mejores características al que se dirigían y decide desviar su curso debido a que esto también le permitirá cumplir con su misión en un tiempo más corto. Es así como los personajes llegan a un lugar aparentemente ideal para vivir, que en realidad oculta un macabro secreto y en el cual no es seguro permanecer.

En Alien: Covenant, Ridley Scott se va a la segura y nuevamente recurre a la misma fórmula que le ha funcionado ya en las entregas anteriores de la franquicia, lo cual muchos agradecerán probablemente y tal vez desesperará a otros que busquen ver una reinvención del universo cinematográfico de Alien; en resumen, vemos más de lo mismo con una tripulación que llega a un lugar desconocido y otra vez es amenazada por esas fascinantes, agresivas y casi imparables criaturas a las que ya hemos visto causar terror en medio del espacio. Volvemos a ser testigos de un baño de sangre cortesía de los Xenomorfos y esto está bien, de hecho son esas sanguinarias, violentas e intensas escenas las que representan los mejores momentos de la secuela.

Aunque la película tiene exactamente lo que uno espera ver como fan de Alien -momentos de alta tensión, litros de sangre derramada por doquier, efectos visuales sobresalientes, elementos de terror y personajes corriendo desesperadamente para salvar sus vidas- la historia tiene ciertas fallas y se llega a sentir que no se justifica del todo que se haya hecho una nueva entrega de la franquicia, además de que hay algunas partes en las que se cae en incoherencias y los personajes no logran sobresalir, con excepción de los dos androides interpretados por Michael Fassbender, quien definitivamente se roba la cinta con su efectiva y desconcertante actuación.

Al final, Alien: Covenant no es precisamente lo que esperábamos y se queda en una película buena a secas, una que pudo haber sido mejor si se hubiera cuidado más su historia. Sí vale la pena verla, pero hay que hacerlo estando conscientes de que se queda a la mitad de lo que pudo haber sido y sabiendo que no logra igualar a las mejores entregas de la franquicia.