requiem-lupita-tovar

Pensar en la actriz que inspira estas líneas es remontarse al inicio mismo de la cinematografía como industria, esa gran factoría de sueños y pesadillas que es una de las más notables aportaciones culturales del siglo pasado. Guadalupe Natalia Tovar Sullivan murió el pasado sábado 12 de noviembre, en su hogar en Los Ángeles California, a causa de complicaciones cardíacas relacionadas con su edad. Tenía 106 años de vida.

lupita-tovar09

Aunque este es el desenlace inevitable de todo ser humano, aun cuando en ocasiones la Muerte es piadosa por liberarnos del dolor y la enfermedad –más con su insólita longevidad-, su partida no deja de ser lamentable y es una gran excusa para celebrar su legado. Al igual que la mayor parte de ustedes, conozco poco de su carrera que se extiende  a poco más de una treintena de cintas –silentes muchas de ellas-, producidas en nuestro país y en Estados Unidos luego ser descubierta por el documentalista Robert Flaherty y de que su eventual esposo Paul Khoner la impulsara. Nació el 27 de julio de 1910 –unos meses antes del estallido de la Revolución- en el pueblo de Matías Romero, Oaxaca. Inició una trayectoria artística cuando apenas había cumplido 18 años con una pequeña participación en la el curioso drama La mujer del velo (The Veiled Woman, 1929, Emmett J. Flynn) donde, como una suerte de premonición, compartía créditos con un joven actor húngaro conocido como Bela Lugosi.

lupita-tovar03

Pero su papel más relevante para nuestros intereses Mórbidos siempre será el de Eva Seward –suplente de Mina Harker- en la versión hispana de Drácula, dirigida en 1931 por George Melford, rodada simultáneamente –en los mismos escenarios y a partir de guiones basados en la obra teatral de Hamilton Deane y John Balderstone- a la producción de Tod Browning que catapultó a la inmortalidad a Lugosi como el aristócrata vampiro. Pero contra esta última hay notables diferencias. Mientras la película estadounidense tiene un mayor apego estilístico a la pieza escénica que la desprende y es más tímida para abordar el erotismo que la historia sugiere, la de Melford se mueve con mayor libertad y es más propositiva en términos de lenguaje cinematográfico. Tovar, inoculada por el mal, es decididamente más sensual que su opuesta Helen Chandler –ahí se llamaba Mina Seward- e incluso se permite usar un camisón vaporoso que hace evidentes sus atributos físicos. Sin quitar mérito alguno a su inolvidable reflejo, siempre preferiré a la adaptación de Melford. El mismo Leonard Wolfe dice que la supera. Y, regresado a nuestro país, me atrevería a añadir a la inocente Santa, protagonista –orillada a la prostitución- de la novela homónima del escritor, periodista y diplomático Federico Gamboa y llevada a la pantalla en 1932 por Antonio Moreno –con fotografía de Alex Phillips y música de Agustín Lara-, en la que se considera la primera cinta sonora del cine nacional. Eso convierte a ambas –Eva y Santa- en Hijas de la Noche en el más cabal sentido del término.

lupita-tovar02

Lupita ahora vive en nuestra memoria, con su espléndida belleza sólo comparable con su enorme talento. Como el vampiro, ahora es eterna.

--

Roberto Coria es investigador en y cine fantástico. Imparte desde 1998 cursos, talleres, ciclos de cine y conferencias sobre estos mundos en diversas casas académicas del país. Escribió la puesta en escena “El hombre que fue Drácula”. Es asesor literario de Mórbido. Condujo el podcast Testigos del Crimen y escribe el blog Horroris causa, convertido ahora en un programa radiofónico. En sus horas diurnas es Perito en Arte Forense de la Procuraduría General de Justicia del que anteriormente era conocido como Distrito Federal.