Por Roberto Coria

Llevo 47 minutos frente al teclado reuniendo fuerza para escribir. A estas alturas la noticia es conocida alrededor del mundo. David Robert Jones, mejor conocido por todos como David Bowie, falleció apaciblemente en su hogar neoyokino, rodeado de sus seres amados la madrugada del pasado domingo 10 de enero. Acababa de cumplir 69 años. Libró una valiente batalla de 18 meses contra el terrible cáncer de hígado, cosa que mantuvo en la mayor discreción hasta su deceso. La noticia me cayó como un balde de agua helada, como a más de uno de ustedes. Hablar de su trascendencia como ícono de la moda, símbolo de la cultura popular contemporánea, lector voraz, y sus facetas como artista (músico, actor –de cine, televisión y teatro- y fotógrafo) sería algo larguísimo. El Museo Victoria y Alberto de Londres le dedicó, entre marzo y agosto de 2013, la exposición David Bowi is. En ella se exhibieron 300 piezas que incluían manuscritos, diseños, vestuario, fotografías, videos e instrumentos de su pertenencia. Escucho su música mientras escribo estas líneas. E irónicamente no están dedicadas a su inmenso legado discográfico, integrado por canciones que me han acompañado –como a miles de personas- desde mi juventud. Voy a hablar brevemente de sus roces con el séptimo arte. Y más concretamente con los géneros que nos interesan: el horror, la fantasía y la ciencia ficción. Si lo vemos en perspectiva esto era algo inevitable. Llevó con eficacia su figura a prácticamente todos los medios de comunicación, gracias su presencia y magnetismo.

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Su romance y afinidad con nuestros temas, más bien moderado, fue visible desde su primera incursión cinematográfica, El hombre que cayó a la tierra, cinta –considerada hoy de culto- de 1976 dirigida por Nicolas Roeg. A partir de un guión de Paul Mayersberg, basado en la novela homónima de Walter Tevis, narraba la historia del alienígeno Thomas Jerome Newton (Bowie) y su búsqueda por llevar agua hasta su moribundo planeta natal, misión obstruida por los vicios y la mezquindad humanas. Su siguiente trabajo relevante fue la indispensable El Ansia (The Hunger, 1983), segundo largometraje del también finado Tony Scott basado en la novela del mismo nombre de Whitley Strieber. Ahí encarnó al vampiro John Blaylock, papel hecho a la medida. Sin la estética de Scott, la música de Bauhaus y las actuaciones de Bowie y su consorte Myriam (Catherine Deneuve), no podríamos explicar el éxito del recientemente concluido serial televisivo American Horror Story: Hotel. En 1986 vino Laberinto, película de Jim Henson, papá de Los Muppet. En ella Bowie, aprovechando sus facciones andróginas tan características, dio vida al villanesco Jareth, Rey de los Duendes. Y finalmente destaco su última y breve aparición en la pantalla grande a las órdenes de Christopher Nolan en El gran truco (The prestige, 2006), donde interpretó al genio serbio de la electricidad Nikola Tesla, figura arrancada de la realidad e inserta en el guión de los hemanos Nolan (Jonathan y Christopher) basado en la novela de Christopher Priest.

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Mención aparte merecen su fugaz participación en Twin Peaks: el fuego camina conmigo (David Lynch, 1992) como el desaparecido agente federal Phillip Jeffries, o el haber prestado su voz en las películas animadas Arthur y los Minimoys (Luc Besson, 2006) y La aventura en Atlántida de Bob Esponja (Andrew Overtoom, 2007).

TWIN PEAKS FIRE WALK WITH ME FR / US 1992 L-R MIGUEL FERRER KYLE MACLACHLAN DAVID LYNCH DAVID BOWIE. Credit: New Line Cinema/Everett Collection
TWIN PEAKS FIRE WALK WITH ME FR / US 1992 L-R MIGUEL FERRER KYLE MACLACHLAN DAVID LYNCH DAVID BOWIE. Credit: New Line Cinema/Everett Collection

Para el anecdotario, el malvado científico de la extinta teleserie Fringe (2008-2013) interpretado por su paisano Jared Harris, ideado por J. J. Abrams y Jeff Pinker, llevaba su nombre real. Me cuesta trabajo ver esto como una coincidencia, así que lo veo como un homenaje más de los muchos que merece.

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Suspiro al acercarme al final de esta columna. Las palabras son insuficientes para expresar cuánto extrañaré a David Bowie. Aun ahora se me forma un nudo en la garganta cuando lo escucho cantar a capella Under pressure al lado de Freddy Mercury, coautor del tema y su gran amigo. Para muchos esto puede parecer algo exagerado. Después de todo, se trata de alguien que nunca conocí físicamente. Pero fue parte poderosa de mi educación sentimental. Saberlo en este planeta lo hacía un mejor lugar. Ahora regresó al suyo. Y nuestra vida continúa.

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Roberto Coria es investigador en literatura y cine fantástico. Imparte desde 1998 cursos, talleres, ciclos de cine y conferencias sobre estos mundos en diversas casas académicas del país. Es asesor literario de Mórbido. Escribió las obras de teatro “El hombre que fue Drácula”, “La noche que murió Poe” y “Renfield, el apóstol de Drácula”. Condujo el podcast Testigos del Crimen y escribe el blog Horroris causa, convertido ahora en un programa radiofónico. En sus horas diurnas es Perito en Arte Forense de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal.