Por Roberto Coria

Cuenta la historia que todo inició en una reunión de amigos. Corría el año 1984. El cineasta Stuart Gordon, treintón por aquél entonces, debatía con camaradas sobre su deseo de llevar a Drácula de nueva cuenta a la pantalla grande. Alguien le hizo notar que eso ya se había hecho muchas veces. Otro le dijo que considerara a Frankenstein. “¿Has leído Herbert West, reanimador de H. P. Lovecraft?”, opinó un tercero. A casi 30 años de distancia, muchos agradecemos esa intervención. Gordon estaba familiarizado con la obra del autor, pero no conocía ese relato en particular. Cuando lo leyó descubrió enormes posibilidades para el espectáculo sanguinolento que tenía en mente.

El año siguiente, en complicidad con el productor Brian Yuzna y a partir de un guión del propio Gordon, William J. Norris y Dennis Paoli, llegó a nosotros Re-Animator, una joya elevada a la categoría de culto, indispensable para comprender cine de horror de los ochenta. Manuel Valencia y Eduardo Guillot, en el libro Sangre, sudor y vísceras: historia del cine gore (ediciones La Máscara, España, 1996), la consideran “un hito del cine gore”. También dicen que “la película no sólo le convirtió [a Gordon] de la noche la mañana en uno de los realizadores favoritos de los aficionados del cine gore, sino que dio un impulso económico notable a la productora que apostó por el proyecto, la Empire, una pequeña independiente norteamericana fundada a mediados de los setenta por los hermanos Band. Sangre, humor desopilante y una impresionante Barbara Crampton fueron los simples pero efectivos ingredientes que convirtieron el filme en un must decisivo”.

El binomio Yuzna-Gordon advirtió bien que su intención original de ambientar la cinta en los albores del siglo pasado, como en el texto original, elevaría notablemente los costos de producción. Por ello decidieron situar su acción en el presente –de aquellos días- y prefirieron utilizar esos recursos en los sangrientos efectos visuales que Everett Burrell y Anthony Doublin crearon para la ocasión. También destaca la briosa partitura de Richard Band, una descarada copia que homenajea a la que Bernard Herrmann creó para Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960).

El libreto del segundo largometraje de Gordon era simple: tras un prólogo que nos mostraba la demencial obra del protagonista Herbert West (Jeffrey Combs), conocemos al joven Daniel Cain (Bruce Abbott), estudiante de Medicina en la Universidad de Miskatonc, en Arkham, Massachusetts. Él vivía un romance secreto con Megan (Barbara Crampton), hija del decano de la Facultad de Medicina, el respetable Dr. Alan Halsey (Robert Sampson). En el proceso se cruzan con el necio Dr. Carl Hill (David Gale), neurocirujano rígido que ha plagiado la obra del mentor de West. Contra el escepticismo de los que le rodean, West tiene el nefasto éxito que bien conocemos, presentado con hilarantes excesos que van de un gato muerto a una cabeza parlante. Todo en una deliciosa mixtura que no deja de recordarnos la sencillez de clásicos ochenteros como Evil dead (Sam Raimi, 1981). Pero lo mejor de todo es West, encarnado con acierto por Combs, con su expresión pétrea y mirada fría e inmisericorde.

A diferencia de lo propuesto por Lovecraft, el malvado científico sobrevivió para estelarizar dos citas más: Bride of Re-Animator (Brian Yuzna, 1990) y Beyond Re-Animator (Brian Yuzna, 2003), la cuales tienen momentos interesantes pero carecen del sabor de la obra que las propició. Y como lo aseguró el mismo Yuzna a Andrew Migliore en su libro Lurker in the Lobby: a guide to the Cinema of H. P. Lovecraft (Tynes Cowan Corporation, 2006), pervive la intención de filmar una cuarta aventura de West, que se titularía Isle of Re-Animator, en un claro homenaje a una creación de Herbert George Wells de la que platiqué hace unas semanas.

Para quien las andanzas de Herbert West no son suficientes, pueden visitarlo en otros medios, sea en la obra de teatro musical Re-Animator: The Musical de Mark Nutter o en el audiolibro producido por The H. P. Lovecraft Historical Society, una dramatización al más puro estilo radiofónico de los años treinta del siglo pasado que bautizaron Dark Adventure Radio Theatre.

Por fortuna, Herbert West aún tiene muchos cadáveres por revivir.

__

Roberto Coria es investigador en literatura y cine fantástico. Imparte desde 1998 cursos, talleres, ciclos de cine y conferencias sobre estos mundos en diversas casas académicas. Es asesor literario de Mórbido. Escribió las obras de teatro “El hombre que fue Drácula”, “La noche que murió Poe” y “Renfield, el apóstol de Drácula”. Condujo el podcast Testigos del Crimen y escribe el blog Horroris causa. En sus horas diurnas es Perito en Arte Forense de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal.