Al ver varias películas provenientes de distintas partes del mundo y al ponerle atención a las diversas propuestas cinematográficas que ofrecen diferentes naciones, es fácil encontrar títulos que logran destacar al mostrar algo que no es parecido a lo que la cartelera comercial suele ofrecer y con esto también nos damos cuenta de que son muchos los países en los que podemos encontrar cineastas talentosos que tienen otras historias que contar. En el caso del cine mórbido, a lo largo de los años Francia nos ha regalado producciones de terror realmente buenas que logran sobresalir al presentar una visión particular de situaciones terroríficas y uno de los directores que han llegado desde suelo francés, y que ha sabido hacerse notar con su manera de dirigir, es Pascal Laugier, quien este año ha regresado con su nuevo filme Pesadilla en el infierno (Ghostland).

Lo primero que hay que mencionar acerca de Pascal Laugier es que sus cintas -cuatro hasta ahora- siempre se han caracterizado por presentar historias cargadas de suspenso y situaciones que dejan claro que a veces hay que tener más miedo al mundo real que a la ficción, otro elemento común es que sus protagonistas son mujeres que pasan por situaciones traumáticas y se ven obligadas a intentar superarlas para poder seguir adelante con sus vidas. Podríamos decir este realizador hace películas que combinan perfectamente el drama con el terror y que resultan crudas, por lo que no son para todos los públicos, pero siempre tienen algo que vale la pena contar.

Poco a poco, el nombre de Pascal Laugier se ha convertido en uno que se ha ligado con la corriente fílmica conocida como “El nuevo extremismo francés”, a la cual también pertenecen las mentes creadoras de grandes películas mórbidas como lo son À l’intérieur, Frontière(s) y Revenge, por mencionar sólo algunas.

La carrera como director del cineasta del que hablamos en esta ocasión, comenzó a despegar con su ópera prima, Saint Ange, en la que una joven que llega a un viejo internado desierto con la intención de cerrarlo, pero empieza a pensar que hay alguien más ahí, pues escucha ruidos y tiene algunas visiones noche tras noche.

Con Martyrs, su trabajo más conocido hasta ahora, el director presenta lo sucedido con una joven mujer que, 15 años después de escapar tras haber permanecido secuestrada, se encuentra ansiosa por cobrar venganza contra sus captores, a quienes parece haber encontrado y cuyo encuentro es el principio de un auténtico baño de sangre en el que las escenas explícitas llegan una tras otra en lo que resulta una montaña rusa de emociones de la cual uno nunca quiere bajarse a pesar de la intensidad del viaje.

Ya en su tercer título, The Tall Man, el cineasta nos lleva con una joven enfermera que vive en un decadente pueblo en el que han desaparecido varios niños en poco tiempo. Los más supersticiosos atribuyen las desapariciones al Hombre Alto, un oscuro personaje que supuestamente se lleva a los niños, pero cuando desaparece su hijo ella luchará por recuperarlo y también por averiguar quién es ese Hombre Alto.

Beth y Vera son dos hermanas adolescentes cuyas vidas cambian de manera drástica durante la primera noche que pasan junto con su madre en su nuevo hogar, el cual les ha sido heredado por su tía. En Pesadilla en el infierno las dos jóvenes se convierten en testigos de lo que es capaz de hacer su mamá por ellas cuando un par de psicópatas llegan sin invitación con el único objetivo de causarles un horrible dolor, ese violento momento las deja marcadas y años más tarde encontramos a una Beth que es una exitosa autora de historias de terror que un día debe enfrentar su pasado para apoyar a su hermana, quien quedó terriblemente afectada.

Pesadilla en el infierno ya tiene confirmado su estreno en cines mexicanos para el próximo 13 de julio, con distribución de Zima Entertainment, y vale la pena ver esta cinta para seguir entendiendo cómo funciona la mente de su director, quien una vez más entrega una historia perturbadora y bien hecha.