Después de una primera temporada que funcionó como una continuación directa de una de las películas de terror más conocidas y vistas en la historia del cine, El Exorcista, la serie homónima regresó al aire por el canal FX apenas hace unas semanas para continuar con la historia protagonizada por el Padre Tomás, quien ha pasado de ser un sacerdote dedicado por completo a su congregación a ser un hombre al servicio de Dios para acabar con el mal de frente sin importarle lo que pueda pasar o los riesgos a los que se exponga con tal de ayudar.

Con la intención de comenzar con un capítulo completamente nuevo dentro de la icónica franquicia de El Exorcista, la segunda temporada de su serie -compuesta una vez más por diez episodios de una hora de duración cada uno- es el pretexto ideal para saber qué más podría suceder con el Padre Tomás Ortega y Marcus Keane, quienes han dejado Chicago para poder ir a los lugares en los que se encuentra presente la maldad en varias de sus formas.

Primero nos reencontramos con el Padre Tomás, dispuesto a convertirse en todo un exorcista y convertido en el compañero de viaje de un Marcus que ha renunciado al hábito pero no a su labor de terminar con la maldad que amenaza a los inocentes. Ambos personajes se encuentren recorriendo diferentes caminos y uno de ellos los lleva a encontrarse con una mujer que ha sido poseída y a la cual deben ayudar a pesar de las complicaciones con las que se encuentren en el proceso, esto debido a que para las demás personas es difícil de entender que los exorcismos son reales. Otro gran problema es que la nueva víctima del demonio es la esposa de un Sheriff que se niega a ver lo que en verdad ocurre, pero él cambia de opinión e incluso pide ayuda después de que la condición de su pareja se vuelve más grave y de que ella adquiere una perturbadora apariencia que asusta a todos los que están a su alrededor.

Al mismo tiempo, conocemos a Andrew Kim, un expsicólogo infantil que dirige una casa en la que viven cinco niños que están en riesgo, ese lugar está ubicado en una aislada isla privada que se encuentra justo frente a la costa de Seattle. En algunas escenas vemos más de cerca al grupo de chicos que se cuidan entre ellos y que intentan ser lo más parecido que se pueda a una familia junto al encargado de cuidarlos, pero las cosas empiezan a ponerse mal a partir de que uno de ellos descubre que hay algo amenazante en el bosque, algo que no puede verse pero que se escucha y cuya presencia se percibe de manera inquietante. Los acontecimientos que van teniendo lugar, nos hacen darnos cuenta de que uno de los niños ha llamado la atención de una perversa fuerza que es muy poderosa, por lo que será necesaria la presencia de Tomas y Marcus, quienes se dirigen hacia el oeste, preparándose para adentrarse nuevamente al mismísimo infierno.

Por otra parte, cruzando el Atlántico, tenemos al Padre Bennett intentando deshacerse de aquellos dentro del Vaticano que se han vuelto contra Dios. Ciertas ocasiones para lograr el cometido ya mencionado podrían tener graves consecuencias y por el momento no ha quedado del todo claro cuáles son las verdaderas intenciones de aquellos que quieren “limpiar” -por decirlo de alguna forma- la iglesia. Han pasado muchas cosas y será interesante ver qué más podría pasar, además de saber cuál será el papel que cumplirá en todo esto la dupla formada por Tomás y Marcus.

Cada capítulo nos ha dejado pistas de lo que podríamos ver en los siguientes, faltan siete todavía y la intensidad ha ido subiendo. Nos intriga saber qué va a pasar después de que Tomás y Marcus han estado más activos como exorcistas, con uno de los pequeños bajo el cuidado de Andrew en riesgo y tras la muerte de un Cardenal envenado junto con quienes le acompañaban en una cena. Hay que estar atentos a todo lo que vendrá en el resto de la segunda temporada de El Exorcista.