Por Roberto Coria

Celebraciones banales para muchos, como los muy estadounidenses Día Nacional del Pancake o el Día Nacional del Pretzel, deslavan fechas que siempre deben tenerse en cuenta como el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, el Día Mundial del Agua o el Día Mundial de la Esclerosis Múltiple. Suele hacerse escarnio que existe un festejo, insulso o no, para cada día del año. Al final todos somos libres de creer en lo que nos plazca y señalar las ocasiones que creamos dignas de recordarse. Por eso fue relevante para muchos de los devotos de los temas Mórbidos el pasado martes 26 de mayo. Un grupo de entusiastas de diferentes partes del mundo, usando la maravilla de las redes sociales, propuso la conmemoración del Día Mundial de Drácula, fecha en que suele decirse que el texto de Bram Stoker apareció en los estantes de las librerías de Londres. Con ese dato concuerda Barbara Belford en Bram Stoker, una biografía del hombre que escribió Drácula (Knopf, 1996). También lo publicó en su página de internet el reputado History Channel. Pero en realidad no hay un consenso sobre ello. Otros estudiosos del tema como Leonard Wolf, Daniel Farson o David J. Skaal, todos por demás confiables, señalan días distintos, con intervalo de una semana. Por eso, para ser cauteloso y librarme del riesgo de las imprecisiones, me adhiero a lo dicho por Vicente Quirarte: la tercera semana de mayo de 1897. Recordemos una de las primeras reacciones que arrancó el libro, la de Charlotte Stoker, progenitora de su autor, que plasmó en una entusiasta carta que dirigió al segundo de sus siete vástagos: “Querido, es espléndida, mil millas encima de lo que has escrito antes, y estoy seguro de que te colocará en lugar muy alto entre los escritores del momento... He leído mucho pero nunca me he encontrado con obra semejante. Ningún libro desde el Frankenstein de la señora Shelley es igual al tuyo en originalidad... Poe no está en ninguna parte... Por su tremenda emoción te dará gran fama y mucho dinero”. Algunos podrían cuestionar su objetividad, dado su amor de madre. De lo que no podemos dudar es de la estatura y alcances de su creación, si bien sabemos que Stoker nunca gozó de los inmensos beneficios materiales de su trabajo. Drácula posee interpretaciones inagotables que, desafortunadamente, han ensombrecido el resto de la obra del escritor. Regreso a Quirarte: “Autor de casi 16 libros de ficción, biografía, estudios folklóricos e interpretación histórica, la posteridad lo conoce como el hombre que escribió Drácula, novela que corona y modifica una larga tradición de historias de vampiros”. Nos encontramos frente a una historia que ha rebasado la simple etiqueta de “novela de horror” para integrarse, por justos méritos, a los catálogos destinados a los Clásicos de la Literatura Universal.

Sobre las virtudes del “Vampiro Mayor” podría escribir por horas. Por lo pronto diré que mucho se ha criticado a Stoker en tiempos recientes: se ha dicho que su prosa es torpe, que abusa de los adjetivos, que es previsible y toma elementos de muchas fuentes. Yo pienso que el autor de una obra maestra, una que se mantiene tan vigente como el día de su publicación, que nunca ha estado fuera de circulación, que se ha traducido a todos los idiomas y que ha inspirado a tantos artistas y lectores en todos los rincones del planeta, es un gran escritor. Yo tengo una deuda impagable con él y su trabajo más notable. Veremos si creaciones de nuestra época resisten el paso del tiempo. Por eso, en realidad, todos los días son de Drácula.

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Roberto Coria es investigador en literatura y cine fantástico. Imparte desde 1998 cursos, talleres, ciclos de cine y conferencias sobre estos mundos en diversas casas académicas. Es asesor literario de Mórbido. Escribió las obras de teatro “El hombre que fue Drácula”, “La noche que murió Poe” y “Renfield, el apóstol de Drácula”. Condujo el podcast Testigos del Crimen y escribe el blog Horroris causa. En sus horas diurnas es Perito en Arte Forense de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal.