México ha sido desde siempre un panal de historias, que van de lo bello a lo siniestro; de lo legendario a lo oculto. Cada recoveco puede guardar una historia nueva muy particular. La Ciudad de México, en toda su avasalladora ambivalencia y riqueza histórica y cultural, ecléctica y potente como ninguna otra en el mundo, no es la excepción. De tal manera, no sólo no es extraño que sea escogida por múltiples directores, escritores y artistas que ven en ella todo el surrealismo y la exótica e intrigante belleza de la gran Tenochtitlán, sino que a cada momento, con la facilidad que se vuela un diente de león al soplarlo, se propaguen nuevas leyendas urbanas en sus diversos escenarios.

Hoy les traemos una leyenda de terror, relativamente reciente, de nuestra gran Ciudad: El Vampiro del Metro Barranca del Muerto.

Cuenta la leyenda que una noche cualquiera de un año no muy lejano, un ciudadano tomó el último vagón del Metro de la Línea 7 - la que va de El Rosario a Barranca del Muerto - a la medianoche (quien conoce esa línea sabe lo profunda que es, que cuando uno sube sus escaleras para salir, pareciera que asciende desde el mismo Inframundo). El cansancio lo derrumbó y prontamente se quedó dormido.

Lo siguiente que vio, cuando de súbito se despertó, fueron algunas luces intermitentes mientras el tren seguía avanzando. Naturalmente, de golpe se levantó, muy preocupado y mirando a todos lados - ¿cuánto tiempo se quedó dormido? ¿qué hora era? ¿cómo me bajo?

A lo lejos, en el último asiento del vagón, vislumbró a un señor que también se había quedado dormido. Se sintió de pronto aliviado, de alguna manera, al ver que alguien había cometido su mismo error y de saber que no estaba solo. Cuando estaba por acercarse, toda luz se apagó y el vagón se quedó por completo a oscuras. Un escalofrío recorrió su espina dorsal. Calmó sus nervios y buscó en sus bolsillos. Llevaba un encendedor. Lo prendió guardando la compostura - no había razón para volverse loco aún -. Al encender la flama escuchó de pronto unos golpes en el techo del tren, parecían pasos - pero eso no es posible, se dijo… quizás algo cayó - De pronto sintió la quemazón en su dedo y soltó un pequeño gruñido, dejando caer el encendedor. Rápidamente se abalanzó al piso y a gatas comenzó a palpar el mismo para encontrar el encendedor. Al encontrarlo, lo prendió rápidamente con las manos temblorosas - ahora sí estaba muy nervioso y asustado ¿qué fueron esas pisadas? - Y lo que vio al encender la llama de nuevo lo dejó en un estupor de muerte: El señor que estaba dormido ahora estaba casi levitando, sus zapatos apenas tocaban el suelo con la punta. Su cabeza estaba hacia a un lado, perturbadoramente relajada y en su cuello reposaba la cabeza de una criatura. Era un ¿hombre? muy alto, tal vez de 2 metros, aunque encorvado. Su piel parecía blanquecina y lechosa, como la de una serpiente albina, pero su cuerpo no era el de un hombre normal, era como un reptil parado en sus dos patas traseras, y unas orejas afiladas se perfilaban por detrás. Con la cabeza sobre el cuello del desdichado y sus manos como garras de una bestia sepulcral parecía succionarle la sangre.

El pasajero soltó un grito seco de horror y la criatura volteó intempestivamente. Su rostro era parecido al de un murciélago antropomorfo. Sus ojos eran pequeños y amarillos, aunque penetrantes y turbios, como cuando un gato se siente amenazado y está listo para saltar a la presa.

Lo que sigue de esto es el pasajero despertando en un hospital. Claro está que despertó como loco, como quien sale de golpe de una pesadilla, contando toda la horripilante experiencia, pero nadie en verdad le creyó. Él mismo llegó a dudar si en verdad pasó el alucinante suceso o si todo fue un mal sueño. Lo cierto es que esta leyenda urbana creció y ahora es conocida como El vampiro de Barranca del Muerto, el Vampiro de CDMX.

Esta es una de las nuevas leyendas de terror salidas de nuestra enorme y querida ciudad Monstruo, la mística Ciudad de México.

¿Qué otras nuevas leyendas conoces en CDMX? 

Cada rincón, una nueva historia y muchos mundos paralelos por descubrir.

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