por Roberto Coria

Ya he hablado de la muy victoriana costumbre de leer en familia, frente al calor de la chimenea, relatos de fantasmas en la noche de Navidad. Esto debería convertirse también en una tradición en la época del Facebook y los teléfonos inteligentes. En el mismo espíritu –y yo creo que como un homenaje-, la British Broadcasting Corporation transmitió un episodio especial de Sherlock, teleserie que también me ha ocupado en más de una ocasión. Me refiero a La novia abominable, dirigido por Douglas Mackinnon a partir de un guión escrito por sus creadores, los imaginativos Mark Gatiss y Steven Moffat. Aún me cuesta trabajo considerar cada emisión en el sentido que conocemos a las series de televisión con que crecí, pues su metraje y valores de producción los acercan más al largometraje. En perspectiva, esto fue una manera de apaciguar las ansias de los miles de seguidores que ha ganado en todo el mundo, siempre deseosos de ver más. Y atribuyo su éxito a muchos factores, siendo el principal la presencia de su protagonista Benedict Cumberbatch. También pienso que esto fue una cruel y refinada forma de tortura hasta el estreno de su breve cuarta temporada, que nos llegará en algún momento de 2017. Esperé con emoción el suceso, que también se llevó a las salas de cine en Inglaterra. Todo fue alimentado por sus maravillosos carteles promocionales, en los que sus productores hacían evidente su apego a la época en que surgió el personaje. De hecho la historia fue una manera inteligente de fusionar los dos mundos del detective: el de nuestros días y el que lo vio nacer. Me recordó inmediatamente al cuento Mucho en juego (Much at stake) de Kevin J. Anderson, contenido en la grandiosa antología Drácula insólito (Timun mas, 1992) o, por sólo mencionar un ejemplo del vasto legado holmesiano, la novela El caso del secretario italiano (Ediciones B, 2005) de Caleb Carr. En ella, el afamado autor de El alienista (1994) toma a la popular creación de Arthur Conan Doyle y reproduce su estilo para presentarnos una intriga completamente nueva, donde el más importante defensor de la justicia de su generación debe desentrañar un misterio de tintes sobrenaturales que pone en peligro al Imperio. Y ni qué decir del espectacular regreso de la muerte de Holmes, El sabueso de los Baskerville (1902), narración que ocurre en la vetusta mansión Baskerville Hall, en los páramos de la provincia inglesa de Devonshire, y da cuenta de la terrible historia de un enorme perro sobrenatural que persigue a los descendientes de la familia.

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No abundaré en todas las virtudes de La novia abominable, sólo diré que satisfizo con creces mis expectativas. Cada personaje y evento que conocemos en nuestros días tiene su par en la era victoriana (“Mi nombre es Sherlock Holmes y la dirección es 221-B de la Calle Baker”). Mycroft Holmes (Gatiss), el inteligente hermano mayor de nuestro héroe, esbelto en nuestros días (“la pérdida de peso te sienta bien, hermano”), aparece con un evidente sobrepeso gracias al maquillaje, tal cual lo concibió Conan Doyle y lo difundieron las ilustraciones de Sidney Paget. Y también está su lectura que vindica los derechos de la mujer y pretende corregir una injusticia tan antigua como la humanidad misma. “Mycroft tiene razón, Watson. Esta es una guerra que debemos perder”.

Evidentemente hay otras ocasiones donde las aventuras de Holmes han traspasado el mundo de lo racional e incursionan en los territorios fantásticos. Pero de ello hablaré la siguiente semana. Ahora mismo, mientras ustedes leen esta columna, mi avión aterriza en el paradisiaco Cancún, lugar donde fui invitado para hablar de temas Mórbidos. Nos leeremos en breve.

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Roberto Coria es investigador en literatura y cine fantástico. Imparte desde 1998 cursos, talleres, ciclos de cine y conferencias sobre estos mundos en diversas casas académicas del país. Es asesor literario de Mórbido. Escribió las obras de teatro “El hombre que fue Drácula”, “La noche que murió Poe” y “Renfield, el apóstol de Drácula”. Condujo el podcast Testigos del Crimen y escribe el blog Horroris causa, convertido ahora en un programa radiofónico. En sus horas diurnas es Perito en Arte Forense de la Procuraduría General de Justicia del que antes llamaban Distrito Federal.