Entre otras muchas lecciones valiosas, el cine de terror nos ha enseñado que llegar a un lugar religioso lleno de personas que dedican sus vidas a servir a Dios no siempre significa que uno estará a salvo e incluso en esos lugares supuestamente pacíficos es donde la maldad se encuentra más presente que en otros lugares aparentemente peligrosos, esta lección se repite de manera siniestra en St. Agatha, cuya historia resulta en un aterrador viaje a lo largo del cual encontramos horror psicológico, monjas con falsas intenciones y jóvenes mujeres convertidas en víctimas de una serie de brutales reglas sólo por cometer una equivocación.

Ubicada a finales de los años 50, en Georgia (Estados Unidos), la historia de St. Agatha tiene como protagonista a Mary, una joven estafadora quien queda embarazada y no cuenta con ninguna clase de apoyo, pues su padre es un alcohólico al que no le importa lo que le suceda y su novio no tiene los recursos para sacarla adelante, ni para garantizar el bienestar del bebé que está por nacer. Un aislado convento que funciona como refugio para mujeres embarazadas que se encuentran solas parece el lugar indicado para que Mary viva y posteriormente tenga a su pequeño, sin embargo no pasa mucho tiempo para que se dé cuenta que ha llegado a un sitio peligroso del cual deberá escapar si es que quiere permanecer a salvo.

Con una estética gótica característica del cine de terror clásico, una historia perturbadora y elementos propios del thriller para mantener un constante estado de tensión, St. Agatha es una auténtica montaña rusa de emociones que te va llevando de la cotidiana tranquilidad en la que viven un grupo de mujeres embarazadas cuidadas por monjas a un estado de miedo perpetuo que se sostiene en estrictas reglas acompañadas de castigos crueles para quienes se atrevan a romperlas. Lo que parece una comida normal poco a poco deja de serlo cuando nos damos cuenta que las presentes siempre deben permanecer en silencio y cuando después de vomitar debido a su estado, una de ellas es obligada a terminar sus alimentos porque nada debe desperdiciarse; uno de muchos ejemplos de las torturas que deben soportar aquellas que acudieron ahí en un principio por seguridad.

La película resulta en una agonía por saber qué sucederá con las mujeres que terminan siendo secuestradas por esas mojas que supuestamente iban a ayudarlas, las escenas de castigos son dignas de una película de torturas y el terror está presente en los momentos indicados para ir subiendo los niveles de intensidad. Además, conforme avanza la cinta será inevitable que el espectador comience a preguntarse ¿por qué las monjas están tan obsesionadas con que los bebés nazcan bien y que nazcan ahí?, ¿para qué quieren a esos bebés que están por nacer? Las respuestas resultan obvias cuando llegan, pero el camino para descubrirlas es lo que vale la pena ver.

Al final, St. Agatha es una producción a la que vale la pena ponerle atención.