El cine de género nos ha regalado grandes historias sobre la venganza, pero pocas han resultado tan demenciales e intensas como lo es Mandy, una verdadera experiencia cinematográfica en todos los sentidos que debe experimentarse de principio a fin en pantalla grande, tal como pasará en la actual edición de Mórbido Fest cuando un grupo de afortunados cinéfilos y fans del terror asistan a una función que, además de ser la última del encuentro fílmico de este año, les volará la cabeza y los dejará haciéndose una simple pregunta… ¿qué demonios acabo de ver? Y la respuesta será “una de las mejores películas de 2018”, así como el gran regreso de ese Nicolas Cage badass y con cara de psicópata al que muchos extrañábamos.

Imaginen que pasan su día a día con el amor de su vida, alguien que comparte su personalidad extraña y a quien solo le importa estar con ustedes sin importar lo que pase en el mundo exterior, juntos viven en un lugar alejado y aislado en el que tienen largas conversaciones, hacen lo que quieren y se acompañan mutuamente pasando muy buenos momentos; esto suena como algo que es demasiado bueno como para ser verdad y a veces la vida nos enseña a la mala que las cosas no siempre pueden quedarse como queremos porque existen fuerzas implacables que cualquier día nos lo pueden arrebatar todo, causando que nos sumerjamos en una locura que sacará lo más oscuro de nuestro interior. Red Miller (Nicolas Cage) es un tipo común que tiene una vida extraordinaria junto a su amada Mandy (Mandy Bloom), pero cuando alguien la lastima él desata un infierno.

Red y Mandy viven alejados del resto de las personas, cada uno tiene una rutina laboral y ambos la cumplen solo para poder estar juntos, que es lo que más disfrutan. Un día, después de ser vista por el perturbado líder de un peligroso culto hippie extremista, ella se convierte en la obsesión de alguien a quien no le importan las consecuencias de lo que tenga que hacer con tal de tenerla a su lado. Luego de convertirse en el nuevo objetivo de Jeremiah y sus seguidores, Mandy es raptada por ellos con la ayuda de un grupo de motociclistas infernales que de inmediato recuerdan a los Cenobitas de Hellraiser, pero como si hubieran salido de una película de Mad Max.

Tras ver impotente cómo le arrebatan a su Mandy de sus brazos, Red pierde la razón y se da cuenta que está ante maldad pura, así que hace lo que considera necesario para enfrentar a sus nuevos enemigos, olvidándose de cualquier tipo de restricción que pudiera existir y estando dispuesto a sacrificar su propia vida con tal de conseguir la venganza que se merece, él sabe que debe hacer sufrir a quienes causaron su sufrimiento y uno a uno los matará. Cuando el dolor y el odio son tus principales motivaciones, cualquiera puede ser muy peligroso y esto aplica con un Red fuertemente armado.

Mandy es una de esas cintas que definitivamente se quedan grabadas por mucho tiempo en tu memoria después de que las ves, en este caso ese efecto se logra principalmente gracias a una estética psicodélica que todo el tiempo te hace sentir en medio de un viaje con LSD en el que predomina una paleta saturada de colores cálidos, una historia de amor y venganza con la que cualquiera puede identificarse fácilmente, un protagonista que es un hombre común que un día se ve obligado a hacer cosas extraordinarias y que sobresale gracias a la grandiosa actuación ofrecida por un Nicolas Cage en uno de sus mejores momentos, villanos salidos de las pesadillas más dementes, un diseño de producción a partir del cual se crea un mundo que se siente tan cercano como imposible, un excelente trabajo de fotografía, música que complementa muy bien cada escena y secuencias de acción llenas de violencia, sangre y momentos brutales, mención aparte para la épica y complicada de filmar pelea con cierras eléctricas.

Vale mucho la pena ver Mandy ,prepárense para dejarse llevar por un malviaje visual tan violento como estilizado.