Nunca he ocultado mi fascinación por los villanos. Si tengo que elegir entre el bueno y el malo en una novela o una película, siempre me decidiré por el segundo. Es irónico –incluso contradictorio- dadas mis actividades, pensamiento e indignación cotidiana por la oscuridad del ser humano. Aclaro algo: no me pongo del lado del crimen organizado –de la vida real-, pero sí de parte de James Moriarty, el Guasón o del Conde Drácula. Y debo enfatizar que admiro a sus antagonistas. Hay algo fascinante e irresistible en ellos. Nos permiten enfrentar, desde la seguridad de la página impresa o la imagen en movimiento, nuestra naturaleza interior y primigenia como individuos. Son los que aportan el conflicto indispensable en toda historia, los que realzan las virtudes y recompensas del bien. Nadie nace malo, a pesar que algunos genetistas insisten que en ciertas personas la maldad es una especie de “defecto de fábrica”. Si esto fuera cierto, existe un alud de factores externos que puede mitigarla.

Creer inequívocamente en la maldad nata es aceptar que no podemos escapar de un destino tallado en piedra. Existe algo llamado libre albedrío y, según le enseñaron a mi héroe de la infancia, son nuestras acciones las que nos definen. Alguna vez escuche decir al malvado Lex Luthor, enemigo jurado de Supermán, que la maldad es un viaje. Tiene la boca llena de verdad. Creo además que, como los libros de Lemony Snicket, es consecuencia de una serie de eventos desafortunados. Como sea, y como dijo mi amigo Vicente Quirarte, “el bien no hace gran literatura ni ocupa las primeras planas de los periódicos”.

Malos05 (1)

Actualmente parece existir una tendencia en centrar ciertas historias en la figura del malo, entre ellas un alud de telenovelas sobre narcotraficantes. A ello contribuyen muchos factores. Por lo general, el héroe es un personaje unidimensional que sólo observa as cosas en blanco y negro. En cambio, los villanos poseen una infinidad de matices. En algún momento, Moriarty (Andrew Scott) dijo a Sherlock Holmes (Benedict Cumberbatch): “Tú y yo somos iguales, sólo que tú eres aburrido”. Aquí se incurre en el riesgo de humanizar en exceso al malo, en dar más información de la necesaria. Sé que un requisito de la Criminología, es conocer los motivos que llevan a una persona a convertirse en asaltante o asesino. Esta necesidad ha sido tomada con entusiasmo –y exceso- por las bellas artes, sea como el legítimo medio para conocer mejor a un personaje o para aprovechar sus virtudes comerciales. Piénsenlo bien. ¿Alguien conoce cómo fue la infancia de la Malvada Reina de Blanca Nieves, o si el Capitán Garfio era un niño maltratado? ¿Había que convertir en una Princesa Disney a la cruel Maléfica? No es necesario. El mal existe y a veces sólo necesitamos saber eso.

Malos01

Malos04

En cambio nos gusta conocer a detalle sus aventuras –sus maldades-. Gozamos viendo en acción a Dexter Morgan (Michael C. Hall) o quisiéramos ver un programa de cocina o de viajes conducido por Hannibal Lecter (Mads Mikkelsen). Un caso concreto originado en el cómic, controversial en extremo y que veremos pronto trasladado a la pantalla grande, me resulta muy interesante. Más porque sus avances están aderezados por canciones indispensables como la Rapsodia Bohemia del cuarteto inglés Queen o The Ballroom Blitz de sus paisanos Sweet. Pero sobre ello escribiré la siguiente semana.

--   

Roberto Coria es investigador en literatura y cine fantástico. Imparte desde 1998 cursos, talleres, ciclos de cine y conferencias sobre estos mundos en diversas casas académicas del país. Es asesor literario de Mórbido. Escribió las obras de teatro “El hombre que fue Drácula”, “La noche que murió Poe” y “Renfield, el apóstol de Drácula”. Condujo el podcast Testigos del Crimen y escribe el blog Horroris causa, convertido ahora en un programa radiofónico. En sus horas diurnas es Perito en Arte Forense de la Procuraduría General de Justicia del que anteriormente era conocido como Distrito Federal.

Malos16

Malos15