Por Roberto Coria

Incluso los que medianamente aprecian el horror en la literatura reconocen las incontables aportaciones del estadounidense Howard Phillips Lovecraft, inventor de la vertiente conocida como El horror cósmico y epicentro creativo de los prodigiosos Mitos de Cthulhu. A él –y su Círculo- debo incontables pesadillas y algunas de las narraciones elementales de mi formación. Uno de sus discípulos más aventajados, el argentino Jorge Luis Borges, esbozó brevemente su biografía en su libro Introducción a la literatura norteamericana:

HOWARD PHILLIPS LOVECRAFT (1890-1937) nació en Providence, Rhode Island. Muy sensible y de salud delicada, fue educado por su madre viuda y sus tías. Gustaba, como Hawthorne, de la soledad y aunque trabajaba de día lo hacía con las persianas bajas.

En 1924 se casó y fijó su residencia en Brooklyn; en 1926 se divorció y volvió a Providence, donde retomó su vida de soledad. Murió de cáncer. Detestaba el presente y profesaba el culto del siglo XVIII.

Lo atraía la ciencia; su primer artículo trataba de astronomía. En vida publicó un solo libro; después de su muerte, sus amigos reunieron en volúmenes su obra considerable, antes dispersa en antologías y revistas. Estudiosamente imitó el patético estilo de Poe y escribió pesadillas cósmicas. En sus relatos hay seres de remotos planetas y de épocas antiguas o futuras que moran en cuerpos humanos para estudiar el universo o, inversamente, almas de nuestro tiempo que, durante el sueño, exploran mundos monstruosos, lejanos en el tiempo y en el espacio. Entre sus obras recordaremos The Colour Out of Space (El color que cayó del cielo), The Dunwich Horror (El horror de Dunwich), The Rats in the Wall (Las ratas en la pared).

Borges nos da la primera referencia que lo relaciona con el tema que nos ocupa: los científicos locos. El mismo Lovecraft lo admitió en 1933 en un ensayo no publicado para la revista Unusual Stories:

A la edad de casi ocho años adquirí un fuerte interés por las ciencias, que surgió sin duda de las ilustraciones de aspecto misterioso de “Instrumentos filosóficos y científicos” al final del Webster's Unabrigded Dictionary. Primero vino la química, y pronto tuve un pequeño laboratorio muy atractivo en el sótano de mi casa.

west00El cuento que ahora me interesa, uno de los primeros que publicó profesionalmente –de forma episódica 1922- en la revista Home Brew, se titula Herbert West, reanimador. El autor reconoció abiertamente que se inspiró en la tragedia de Víctor Frankenstein concebida por Mary Shelley. Muchos estudiosos dicen que lo hizo en realidad como una parodia y casi los mismos señalan que es uno de los menores de su amplia producción. Lovecraft mismo no se sentía muy orgulloso con el resultado, pues lo concibió con fines económicos. Sin embargo establece mucho del estilo que lo caracterizará: un narrador sin nombre que presenta al lector el testimonio desconcertante de su encuentro con la otredad:

De Herbert West, amigo mío durante el tiempo de la universidad y posteriormente, no puedo hablar sino con extremo terror. Terror que no se debe totalmente a la forma siniestra en que desapareció recientemente, sino que tuvo origen en la naturaleza entera del trabajo de su vida, y adquirió gravedad por primera vez hará más de diecisiete años, cuando estábamos en tercer año de nuestra carrera, en la Facultad de Medicina de la Universidad Miskatonic de Arkham. Mientras estuvo conmigo, lo prodigioso y diabólico de sus experimentos me tuvieron completamente fascinado, y fui su más íntimo compañero. Ahora que ha desaparecido y se ha roto el hechizo, mi miedo es aún mayor. Los recuerdos y las posibilidades son siempre más terribles que la realidad.

Lovecraft no sólo menciona por primera vez a la Universidad de Miskatonic de la ficticia y embrujada ciudad de Arkham, Massachusetts, sino que hace –sin pretenderlo- una interesante liga a unos de los personajes de ficción más recurridos en los últimos tiempos, sólo que traídos nuevamente a la vida por medios perfectamente atribuibles al hombre. Esto brinda al autor la posibilidad, como pocas veces y para nuestro regocijo, de ponerse verdaderamente sangriento.

Conoceremos a detalle el cuento, su nefasto protagonista y su célebre encarnación fílmica en las siguientes semanas.

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Roberto Coria es investigador en literatura y cine fantástico. Imparte desde 1998 cursos, talleres, ciclos de cine y conferencias sobre estos mundos en diversas casas académicas. Es asesor literario de Mórbido. Escribió las obras de teatro “El hombre que fue Drácula”, “La noche que murió Poe” y “Renfield, el apóstol de Drácula”. Condujo el podcast Testigos del Crimen y escribe el blog Horroris causa. En sus horas diurnas es Perito en Arte Forense de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal.