¿Por qué amar a Frankenstein?

por Roberto Coria @rcoriamonter

Todos conocemos el mítico relato escrito por Mary Wollstonecraft Godwin Shelley, ideado una noche tormentosa de 1816. Mayormente, debemos nuestro primer encuentro al séptimo arte, gracias al espléndido maquillaje creado por el genio Jack Pierce y a la maravillosa interpretación del actor inglés Boris Karloff. Recuerdo que descubrí la historia en mi tierna infancia, en alguna matiné televisiva. Y desde ese momento, se convirtió en parte importante de mi vida.

Dudo mucho que Mary –de entonces 18 años de edad- imaginara siquiera las dimensiones de su creación, un texto con lecturas inagotables. “Es más una novela filosófica que fantacientífica –aunque ostente un estatuto fundacional de este género-, que utilizó los códigos de la novela gótica cuando su ciclo literario ya se había agotado”, piensa el comunicólogo español Román Gubern. Isaac Asimov, el indispensable autor de Yo, robot, está de acuerdo con él y añade que “lo importante es que se trata del primer cuento en el que la vida se crea sin intervención divina, únicamente por medios materiales”. Vicente Quirarte asegura que “en tiempos de estudios de género, clonación e ingeniería genética, la novela de Mary Shelley dista de ser una ficción para el consumo efímero”. Desde su publicación en los primeros días de 1818, Frankenstein nunca ha estado fuera de circulación y se ha traducido a prácticamente todos los idiomas. Más allá, ha sido adaptada a todos los medios de comunicación: teatro, cine, historieta, series de televisión, Internet y videojuegos.

Es por esto que una nueva edición de Frankenstein, o el moderno Prometeo, siempre es bienvenida y oportuna. Renace con cada nuevo lector. Envidio al que la tiene en sus manos por vez primera. A 200 años, el engendro de esa joven monstruo conserva la capacidad de invitarnos a la reflexión y estremecernos, como alegoría perturbadora e imperecedera de la oscuridad que vive en nuestro corazón.

 

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Mary Shelley

Londres, 1797 – 1851

Mary Shelly, es una de las escritoras más importantes e influyentes del siglo XIX. Fue hija del prestigioso pensador revolucionario William Godwin y Mary Wollstonecraft, precursora del feminismo moderno y autora de A Vindication of the Rights of Woman en 1792, que murió apenas diez días después de dar a luz a su hija. Con dieciséis años, Mary, por aquel entonces todavía apellidada Wollstonecraft Godwin, conoció al poeta Percy Bysshe Shelley, y enseguida emprendieron un largo viaje por Europa, hasta el famoso verano de 1816 que pasaron en Suiza, junto con lord Byron, el doctor Polidori y la prima de Mary. En esas noches concibió su ópera magna Frankenstein o el moderno Prometeo, una de las novelas más leídas y estudiadas de la historia, y cuya leyenda acerca de su gestación ha suscitado mucha literatura. Viuda con apenas veinticinco años, siguió escribiendo y publicando novelas como El último hombre (1826) o Falkner (1837), y entregada a su único hijo hasta su muerte en 1851.

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Roberto Coria es investigador en literatura y cine fantástico. Imparte desde 1998 cursos, talleres, ciclos de cine y conferencias sobre estos mundos en diversas casas académicas del país. Escribió la puesta en escena “El hombre que fue Drácula”. Es asesor literario de Mórbido. Condujo el podcast Testigos del Crimen y escribe el blog Horroris causa, convertido ahora en un programa radiofónico. En sus horas diurnas es Perito en Arte Forense de la Procuraduría General de Justicia del que anteriormente era conocido como Distrito Federal.