Los verdaderos monstruos

Por Roberto Coria

Robert Kenneth Ressler nació el 21 de febrero de 1937 en Chicago, Illinois, y murió en su hogar en Spotsylvania County, Virginia, el 5 de mayo de 2013. Desde pequeño sintió fascinación por los crímenes de individuos como William George Heirens, bautizado por los medios de su tiempo como “El asesino del lápiz labial”. Cuando creció, se enroló en el ejército de su país. Al concluir sus dos años de servicio, estudió Criminología y Administración Policial en la Universidad Estatal de Michigan. Al cumplir 33 años, ingresó a laborar al Buró Federal de Investigaciones, donde fue reclutado por el pionero en el ramo Howard Teten para unirse a la muy joven Unidad de Ciencias del Comportamiento. Junto a Patrick Mullany, John Douglas, Anne Burgess y Roy Hazelwood dio cacería por dos décadas a lo peor del ser humano, a monstruos de la vida real. En el proceso acuñaron un término terrible y fascinante –por el que suele recibir todo el crédito, aunque lo más justo es entenderlo como una creación colectiva-, que la nota roja utiliza siempre que le es posible –a veces de manera inadecuada- y que la televisión y el cine usan a la menor provocación: asesino en serie.

Estos breves datos biográficos son necesarios para comprender la naturaleza del libro que publicó en 1992, al lado del periodista Tom Shachtman, bajo el título Whoever fights monsters: my twenty years tracking serial killers for the FBI, hoy disponible en nuestro país como “Asesinos en serie”. Su nombre original no puede ser más acertado, y parte de lo dicho por el filósofo Friedrich Nietzsche en Así habló Zaratustra (1883): “El que lucha con monstruos debería evitar convertirse en uno de ellos en el proceso. Y cuando miras al abismo, él también mira dentro de ti”. El texto se convirtió en un éxito instantáneo y en un digno sucesor de la tradición literaria conocida como True crime, que tiene en A sangre fría (1966) de Truman Capote y Helter Skelter (1974) de Vincent Bugliosi y Curt Gentry dos de sus mejores exponentes. La mayor parte de las librerías destina grandes espacios a estas publicaciones.

A lo largo de sus páginas, que pueden disfrutarse tanto como una obra de ficción como un texto de estudio sobre el tema, Ressler y Shachtman exploran el lado oscuro de la naturaleza humana, comenzando por el caso de un joven californiano llamado Richard Trenton Chase, apodado como “El vampiro de Sacramento” por sus hábitos hematófagos, hasta los infames delitos instigados por Charles Manson y los cometidos por Ted Bundy, Richard Speck, David Berkowitz, conocido como el “Hijo de Sam” y –uno de los más horribles miembros de esta estirpe sedienta de sangre- Edmund Kemper. Y para muestra, basta un botón:

“Estaba terminando mi tercera entrevista con Edmund Kemper, un hombre enorme que medía 2 metros y cinco centímetros, pesaba casi 136 kilos, era extremadamente inteligente, había matado a sus abuelos durante su infancia, había pasado cuatro años en reformatorios y, al salir, había matado a ocho personas más, entre ellas, su madre”.

A un cuarto de siglo de vida, el libro de Ressler y Shachtman debe estar en posesión de todo estudioso y diletante del asesinato en serie. Junto con su siguiente colaboración, I have lived in the monster: Inside the minds of the world’s most notorious serial killers (1998), debe considerarse una obra elemental.

 

 

Robert K. Ressler (Chicago, Ill. EUA, 1937 – Spotsylvania County, Virginia, EUA, 2013)

Fue agente especial del FBI durante más de veinte años y lideró la captura de algunos de los asesinos más buscados de Estados Unidos. Desde su jubilación trabaja como criminólogo en el sector privado y ha escrito numerosos libros sobre criminología.

 

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Roberto Coria es- investigador en literatura y cine fantástico. Imparte desde 1998 cursos, talleres, ciclos de cine y conferencias sobre estos mundos en diversas casas académicas. Es asesor literario de Mórbido. Fue co conductor del podcast “Testigos del Crimen”. Escribió las obras de teatro “El hombre que fue Drácula”, “La noche que murió Poe” y “Renfield, el apóstol de Drácula”.