Por Roberto Coria

Una pequeña pausa, porque pensaba seguir con los retratos de personajes de ficción. Cuestiones apremiantes desvían mi atención pues tienen que ver con otras obsesiones de la adolescencia.

Pareciera irónico decir que hay libros que poseen un carácter malévolo. No me refiero a textos motivacionales con trazas de espiritualidad e intenciones moralinas, o a esos tan de moda que tratan de aclarar dilemas juveniles, sino a libros verdaderamente malditos, que tienen una memoria infame o una connotación perversa. La historia nos da cuenta de muchos especímenes, desde el Malleus Maleficarum (El Martillo de las Brujas) escrito en 1486 por el clérigo alemán Heinrich Kramer o el Dictionnaire Infernal (Diccionario Infernal), escrito en 1818 por el ocultista y demonólogo francés Jacques Auguste Simon Collin de Plancy. El Malleus es un tratado –dividido en tres secciones- sobre brujería que deja en claro la misoginia de la época (que lamentablemente pervive hasta nuestros días): “las mujeres son más proclives a sucumbir ante las tentaciones del Maligno por la debilidad natural de su género). El Dictionnaire es un documento, profusamente ilustrado, que describe la enorme variedad de demonios –desde la perspectiva de la cristiandad- que nos acecha. Es inevitable recordar a los grimorios, o libros de alta magia cuyo origen puede rastrearse en la antigua Mesopotamia, en Persia o en Egipto, pero que tuvieron una especial popularidad en la Edad Media. Estos tomos contenían encantamientos para conseguir todo tipo de favores, del amor a la venganza, pero sobre todo detalles para invocar a ángeles, demonios y demás espíritus.

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Curiosamente, el más popular de ellos proviene de la ficción. Se trata Al-Azif, “Azif era el término utilizado por los árabes para designar el ruido nocturno producido por los insectos que, se suponía, era el murmullo de los demonios”, escrito por Abdul Al Hazred, “un poeta loco huido de Sanaa al Yemen, en la época de los califas Omeyas”. Es más reconocido como Necronomicón, y data del año 730 de nuestra era. El libro proviene de la imaginación del escritor estadounidense Howard Phillips Lovecraft (1890-1937) y fue presentado por vez primera en el cuento El sabueso (1922). Desde entonces se convirtió en el eje de su mitología y fue visitado recurrentemente por el autor, sus discípulos y sucedáneas generaciones. Lovecraft detalló su origen en el texto Historia del Necronomicón (1938) y fue tan contundente que consiguió que el documento ingresara al imaginario popular, rodeado de un aura de fatalidad. El español Rafael Llopis, en la introducción a Los mitos de Cthulhu (Alianza editorial, 1969), documenta el hallazgo que August Derleth hizo en el Antiquan Bookman de 1962:

“Alhazred, Abdul. Necronomicon, España, 1647. Encuadernado en piel algo arañada descolorida, por lo demás buen estado. Numerosísimos grabaditos madera signos y símbolos místicos. Parece tratado (en latín) de Magia Ceremonial. Ex libris. Sello y guardas indica procede de Biblioteca Universidad Miskatonic. Mejor postor.”

También menciona el dato que algún bromista, evidente erudito del tema, incluyó en el catálogo de la Biblioteca de la Universidad de California hacia 1960:

BL 430

A 47

Alhazred, Abdul      aprox. 738 D.C.

Necronomicón (Al Azif) de Abdul Alhazred.

Traducido del griego por Olaus Wormius (Olao Worm)

XIII, 760 págs., grabados madera,

enc. tablas, tam. fol. (62 cm.) (Toledo), 1647

Remata citando a Derleth: “esta ficha es deliciosamente plausible, ya que la sección BL 430 de la Biblioteca está dedicada a las religiones primitivas y la letra B corresponde a un armario cerrado donde se guardan libros que no deben ser hojeados por cualquiera”.

Recuerdo todo esto porque en unos días se estrenará la reelaboración que bajo la mirada vigilante de Sam Raimi, autor de la cinta original, el uruguayo Federico Álvarez hizo de Evil dead, bautizada en esos tiempos como El despertar del Diablo y ahora como Posesión Infernal. Quienes se hayan maravillado con el clásico de 1981, recordarán que la pesadilla iniciaba con una grabación que recitaba fragmentos del libro Naturon Demonto, o El Libro de los Muertos de la cultura Sumeria. La intención evidente de Raimi, guionista también de la cinta, era rendir un homenaje a la imaginación lovecraftiana, cosa que se hizo evidente en su secuela Evil dead 2 (1987), en la que el texto era llamado Necronomicon Ex-Mortis, libro que invoca a los espíritus malignos que habitan en las regiones apartadas (como los bosques) y poseen los cuerpos de los vivos; su par literario abría la puerta a entidades de más allá del espacio, como los malvados Dioses Cthulhu, Yog-Sothoth y compañía, que duermen en espera de sumir a la humanidad en una nueva era de tinieblas.

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Solo faltan unos días para conocer el resultado. Esto es un buen motivo para desear que concluyan las vacaciones.