Por Roberto Coria

Diré, para empezar, que Disney lo volvió  hacer. Pero no nos disgustemos y olvidemos por un momento -algunos dicen que para siempre- a Maléfica (Robert Stromberg, 2014), la más reciente cinta de los estudios creados por el ilustre Walt.

queen3La semana pasada hablamos del cuento de hadas e, inevitablemente, de los hermanos Jacob y Wilhelm Grimm, reputados lingüistas y folkloristas alemanes que recorrieron Europa recolectando historias que circulaban en la tradición oral. La mayor parte de ellas se han integrado ya al imaginario colectivo de la cultura occidental e inspirado obras inolvidables para muchos de nosotros. Junto con La bella durmiente, una de las más reconocidas es la de Blanca Nieves, la bella princesa blanca como la nieve, labios rojos como la sangre y cabello negro como la madera de ébano. Su figura ha sido perpetuada a lo largo de generaciones por la más variopinta galería de artistas, pero -al igual que la anterior-  pocas revisiones con tan recordadas como la que Walt Disney nos presentara en 1937 bajo el título de Blanca Nieves y los siete enanos. En ella, posicionada indeleblemente en la memoria de todos, brilla la presencia de su antagonista, la Malvada Reina (con voz en inglés de Lucille La Verne y en español de Rosario Muñoz Ledo, que curiosamente también hizo el doblaje original de Maléfica). Siempre me pregunté, siendo un imberbe niño, qué hizo al gallardo Príncipe fijarse más en la pálida jovencita y ni siquiera mirar a la madura e interesante mujer. Ella poseía una personalidad más poderosa, una elegancia incomparable y una voz que imponía. Y además, era una bruja. ¿Ella debía en realidad tener celos de la belleza de su insípida hijastra? Por eso nunca comprendí su inseguridad. Regreso a Psicoanálisis de los cuentos de hadas, donde Bruno Bettleheim pretende dar una explicación: “El miedo de la Reina a que Blancanieves la supere es el tema central del cuento de hadas, que lleva, erróneamente, el nombre de la niña, al igual que el mito de Edipo. Por lo tanto, puede ser útil considerar brevemente este famoso mito que, a través de los estudios psicoanalíticos, se ha convertido en la metáfora con la que nos referimos a una relación emocional concreta dentro de la familia, que puede dar lugar a grandes obstáculos en el camino hacia la madurez y la plena integración de una persona, mientras es, por otra parte, el origen potencial del desarrollo más completo de la personalidad”. Con el paso de los años descubrí a la que podía ser una de sus más notables inspiraciones: la noble húngara Erzsébet Báthory, de quien ya he hablado en este espacio. Ella es recordada porque temía la vejez y, cual tratamiento de belleza, se daba baños en la sangre de inocentes doncellas para detener el inclemente paso del tiempo.

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Pero regresemos al cuento. En el cine y la televisión, la soberana ha sido interpretada por un gran número de actrices que hacen justicia –la mayor parte de ellas- a la dimensión del personaje, desde Ruth Richie (en la versión muda de 1916), Gena Rowlands, Joan Collins, Vanessa Redgrave, Miranda Richardson, Sigourney Weaver, Monica Bellucci (en mi opinión, de las más dignas), Lana Parrilla (en la reciente teleserie Once upon a time), Julia Roberts (ella nunca me ha gustado, y menos como la Reina) y la sudafricana Charlize Theron en Blanca Nieves y el cazador (Rupert Sanders, 2012).

Nos haya gustado o no, tras la impresionante respuesta que ha tenido Maléfica en taquilla a nivel mundial,es casi un hecho que Disney capitalizará su éxito con muchas producciones donde los villanos clásicos perderán su malvado encanto y dignidad, convirtiéndose al lado luminoso, en aras de hacer más rico al estudio del ratoncito. Como dirían las sabias abuelas, allá ellos y su mala cabeza.

Aquí pueden leer mi opinión de la muy reciente Maléfica.

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Roberto Coria es investigador en literatura y cine fantástico. Imparte desde 1998 cursos, talleres, ciclos de cine y conferencias sobre estos mundos en diversas casas académicas. Es asesor en materia literaria de Mórbido. Escribió las obras de teatro “El hombre que fue Drácula”, “La noche que murió Poe” y “Renfield, el apóstol de Drácula”. Escribe el blog Horroris causa. En sus horas diurnas es Perito en Arte Forense de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal.