Es muy difícil imaginar a ciertos actores con una gran sonrisa en su rostro. Más cuando han consagrado su carrera a cintas y personajes que no admiten ningún tipo de amabilidad. En el caso del húngaro Béla Ferenc Dezső Blaskó, a quien todos conocemos como Bela Lugosi, este testimonio visual puede desconcertar a más de uno. Nunca he encontrado más información sobre esta fotografía de estudio con evidentes fines promocionales. Por sus arrugas faciales, puedo estimar que fue tomada en los primeros años de la década de los treinta, posiblemente antes o inmediatamente después de su salto a la fama. Pero hay algo que siempre me ha quedado claro: capturó el instante en que imaginó que, ataviado con un frac y una capa, se convertía en un icono de la cinematografía mundial y la cultura popular contemporánea. Y de esa forma, como su vampiro, se volvía inmortal.

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Roberto Coria es investigador en literatura y cine fantástico. Imparte desde 1998 cursos, talleres, ciclos de cine y conferencias sobre estos mundos en diversas casas académicas del país. Escribió la puesta en escena “El hombre que fue Drácula”. Es asesor literario de Mórbido. Condujo el podcast Testigos del Crimen y escribe el blog Horroris causa, convertido ahora en un programa radiofónico. En sus horas diurnas es Perito en Arte Forense de la Procuraduría General de Justicia del que anteriormente era conocido como Distrito Federal.