Una posible secuela de Beetlejuice ha estado en preparación desde siempre. En la década de 1990, seguramente como parte de una broma, Tim Burton solicitó el guión de Beetlejuice Goes Hawaiian a Jonathan Gems. En la “historia”, si se le puede llamar así, la familia Deetz se muda a Hawái para construir un hotel, sin saber que el lugar que adquirieron es tierra sagrada. Entonces, espíritus hawaianos empiezan a atormentarlos y el único que puede detenerlos es el viejo bioexorcista, Betelgeuse.

Warner Bros. nunca entendió la broma, así que reescribieron el guión una y otra vez. De hecho, en una de esas ocasiones, se lo ofrecieron a Kevin Smith, quien optó por dejarlo pasar y escribir el guión de Superman Lives, película que eventualmente también cambió de guión y jamás se produjo.

Con el tiempo, se abandonó la idea. Eso o los ejecutivos por fin leyeron el guión y entendieron que era la manera de Tim Burton de decir NO a una secuela del personaje. Sin embargo, el interés revivió en esta década: Tim Burton, Michael Keaton y Winona Ryder expresaron interés en darle una nueva oportunidad al superfantasma.

El proyecto ha aparecido y desaparecido del radar en varias ocasiones y, aunque a veces parece que ya está en las etapas finales de negociación, vuelve a la tumba fría. Bueno, hoy regresa de más allá de la oficina de gobierno que es el más allá.

La secuela tiene un nuevo guionista: Mike Vukadinovich, quien es bastante prolífico. Sin embargo, solo uno de sus guiones se ha adaptado y producido Rememory, una película de ciencia ficción protagonizada por Peter Dinklage y Anton Yelchin. Sin embargo, además de la nueva asignación, no hay otras noticias. Vamos, ni siquiera sabemos quiénes regresarán… si es que alguno de los originales lo hace. Y es que Michael Keaton y Winona Ryder están viviendo un segundo aire, gracias a Spider-Man: HomecomingStranger Things, respectivamente, así que es posible que estén ocupados con algún proyecto si la secuela de Beetlejuice es aprobada. Sin embargo, sin alguno de ellos, incluido Burton ¿vale la pena siquiera pensar en la película?