Por Roberto Coria

Hablemos de un heredero de Sherlock Holmes.

Debo admitir que fui de los grandes inconformes cuando leí la noticia de la elección del actor y director estadounidense Ben Affleck para interpretar al héroe de mi infancia –mi héroe- en la venidera secuela de El hombre de acero (Zack Snyder, 2013), que hoy sabemos se titulará Batman contra Superman: el origen de la justicia y se encuentra a unos días de estrenarse. Su título evidentemente se inscribe en la mejor tradición que establecieron los estudios Universal en cintas como Frankenstein contra el Hombre lobo (Roy William Neill, 1943), o posteriormente por los estudios japoneses Toho en King Kong contra Godzilla (Ishirô Honda, 1962) o, más adelante, en Freddy contra Jason (Ronny Yu, 2003). Y a simple vista, la lógica de los productores no es difícil de descifrar. Si un personaje es atractivo y exitoso en taquilla, su enfrentamiento contra otro a su altura será increíblemente redituable.

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La designación de Affleck, en conjunto con la desigual aceptación de la película del kriptoniano –pese a que triplicó su presupuesto- motivaron las más incendiarias reacciones al proyecto, que iban de la más genuina indignación a la ira declarada –experiencia semejante a una turba de linchamiento virtual-. Diré para empezar que Affleck me cae bien. No es mi favorito, pero en lo general aprecio su trabajo. Pero a pesar de esto, a su buen aspecto, su carisma, sus facciones rectangulares que se ajustan al canon grecolatino de los superhéroes, y los reconocimientos que le ha valido su popular cinta Argo (2012), no me parecía la elección más adecuada para interpretar al héroe de Ciudad Gótica.

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Si DC Comics pretendía seguir el camino que tomó la cinta de Snyder –que a sí me gustó y me hizo respetar por vez primera al último hijo de Kripton-, y alcanzar a su acérrimo rival Marvel Studios, el encomendar un papel que arrancaba las mayores expectativas a alguien tan popular y con tan malos recuerdos en contra, fue algo muy arriesgado. Nuevamente, esto me hacía anticipar sus legítimos intereses comerciales. Más de uno de mis apreciados colegas me ha recordado la controversia que en sus momentos causaron las elecciones de Michael Keaton y el difunto Heath Ledger –para encarnar a Batman y su Némesis-, y cómo ambas son celebradas hoy en día. Ambos tenían algo a su favor: el anonimato. Es cierto que tanto Keaton como Ledger eran relativamente conocidos en su tiempo (más Ledger), pero la limitada noción de sus capacidades significaba un territorio de posibilidades. Para 1989, y a 1pesar de una carrera actoral de una década, las películas más notorias de Keaton eran las comedias Cuando papá se convirtió en mamá (Mr. Mom, Stan Dragoti, 1983) y Beetlejuice (Tim Burton, 1988). Ledger era un rostro un poco más familiar gracias a comedias románticas como 10 cosas que odio de ti (Gil Junger, 1999), dramas como Monster´s ball (Marc Forster, 2001) o extravagancias como Corazón de Caballero (Brian Helgeland, 2001). Los dos no tenían nada que perder y todo que ganar.

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El caso de Affleck es distinto. Es una figura reconocida. Muy reconocida, diría. El fanático de los comics tiene la mejor memoria. Y no perdona. El repudio a su encarnación del abogado ciego Matt Murdock en Daredevil (Mark Steven Johnson, 2003) es prácticamente unánime. A su favor recordaré su buena interpretación como George Reeves, quizá el más notable Superman televisivo, en la película Hollywoodland (Allen Coulter, 2006).

Batman V. Superman: Dawn Of Justice

Luego vino el anuncio de la joven actriz y modelo iraní Gal Gadot –conocida mayormente por sus apariciones en la kilométrica saga de películas de acción Rápido y furioso- para dar vida a la Princesa amazona Diana, conocida comúnmente como La Mujer Maravilla. Aún con su belleza incuestionable, su aspecto delgado –anoréxico, dicen muchos- rompe completamente la poderosa imagen televisiva que impuso en mi niñez Linda Carter o la manera en que la dibuja el ilustrador Alex Ross: como una hermosa mujer, grande e imponente.

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A lo largo de los últimos meses, los avances de Batman contra Superman hicieron acallar –que no desaparecer- mis reservas. Primero por atestiguar la reunión del triunvirato que cimentó la actual posición de los superhéroes y ver un enfrentamiento de colosos tan anticipado en numerosos medios. Si bien el resultado es previsible –sabemos que ambos se convierten en aliados-, la batalla resulta muy apetecible.

Y de ello hablaré más la próxima semana.

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Roberto Coria es investigador en literatura y cine fantástico. Imparte desde 1998 cursos, talleres, ciclos de cine y conferencias sobre estos mundos en diversas casas académicas del país. Es asesor literario de Mórbido. Escribió las obras de teatro “El hombre que fue Drácula”, “La noche qu e murió Poe” y “Renfield, el apóstol de Drácula”. Condujo el podcast Testigos del Crimen y escribe el blog Horroris causa, convertido ahora en un programa radiofónico. En sus horas diurnas es Perito en Arte Forense de la Procuraduría General de Justicia del que anteriormente era conocido como Distrito Federal.