Por Patricio Bidault

Aquella historia en la que el personaje entrega su alma al diablo a cambio de una fuente inagotable de conocimiento ya era una vieja leyenda cuando Christopher Marlowe escribió su Dr. Faustus en la segunda mitad del siglo XVI. Utilizada originalmente con fines didácticos, la ruina del personaje se convirtió en uno de los tropos más comunes en ficción, en el que protagonista o antagonista—el rey Midas, Víctor Frankenstein, Belloq (de Cazadores del arca perdida)—es destruido por aquello que desea intensamente.  Fausto es interesante porque lo que desea es conocimiento, algo normal para cualquier académico, y eso es algo que no inspira la misma desconfianza que las riquezas, las habilidades sobrehumanas o los artefactos divinos. Al contrario: admiramos a aquellos que dedican su vida a obtenerlo y afinarlo. Pero en el pasado se pensaba que el saber mortal tenía un límite, una barda tras la que está el divino, y los curiosos que se asomaban por encima eran condenados y ejecutados. El personaje fáustico no sólo se asoma; brinca la barda y se hace de él. Horizon Zero Dawn (2017), también tiene su personaje fáustico, y el saber que busca no proviene de alguna deidad, sino de la civilización del siglo XXI, desaparecida un milenio atrás.

El proyecto Zero Dawn es diseñado y construido para asegurar la continuidad de la especie cuando una plaga de robots militares, capaces de auto reproducirse, se sale de control y extermina a la civilización del siglo XXI. Son almacenes subterráneos de embriones—humanos y animales—resguardados por una inteligencia artificial de nombre Gaia, encargada de erradicar la plaga robótica y, controlar los procesos automáticos para la manutención de la vida y, con el tiempo, utilizarlos para repoblar el planeta. Sin embargo, en los primeros meses del proyecto, un acto de sabotaje elimina el acervo total del conocimiento humano—llamado Apollo—, provocando que cuando los humanos emergen de las cavernas del proyecto Zero Dawn a la superficie, en lugar de una pausa, su civilización tiene un nuevo inicio. Siete siglos después, viven principalmente en tribus, cada una con sus propias costumbres y creencias; cazan y resuelven conflictos bélicos a punta de arcos, flechas y lanzas en un mundo en el que, de la civilización anterior, sólo quedan ruinas y una fauna robótica.

Sylens (Lance Reddick) es peculiar en este nuevo mundo por la curiosidad que lo impulsa. Escéptico y extremadamente inteligente, ha “agotado toda una vida tratando de descubrir los secretos de este mundo. De dónde vienen las máquinas. Cómo [la civilización anterior] logró tales maravillas, sólo para hundirse en el silencio y la muerte.”[1] En uno de sus viajes encuentra un antiguo ayudante electrónico de uso personal y cotidiano, llamado focus, capaz de proyectar imágenes virtuales y comunicarse con otros aparatos similares a través de grandes distancias. Tras repararlo, intercepta “una señal distante”[2] y descubre que es una de las inteligencias artificiales de Gaia, como Apollo. Ésta, se identifica como Hades (John Gonzalez).

Todo proceso complicado tiene un balance—un off para cada on—por cualquier eventualidad. Hades es ese balance para Gaia, el encargado de activar a la horda de robots militares y exterminar la vida del planeta en caso de que sea necesaria otra pausa en la civilización. “Yo soy una parte”, dice el Mefistófeles de Goethe, “de aquella parte que al principio era todo […]. El espíritu que siempre niega y con razón, pues todo cuanto tiene principio merece ser aniquilado”.[3] Una misteriosa señal causa que se independice del control de Gaia, pero, al ser sólo código en una computadora, Hades no puede cumplir su cometido solo. Para eso necesita un ejército humano. Engaña a Sylens, quien accede a ayudarlo a cambio del conocimiento de la antigua civilización humana: “encontré a Hades […] enterrado en esa montaña, atrapado en un Titán destruido… y le serví. Prometió conocimiento… y cumplió”.[4] En poco tiempo aprende siglos de saber humano, “física. Cálculo. No tienes idea”.[5] Pero, como advierte Fausto, “[…] el diablo es egoísta y no hace fácilmente por amor de Dios cosa alguna que sea de provecho para otros”.[6] Una vez que ha cumplido su lado del trato, descubre el objetivo real de Hades, quien además intenta eliminarlo. Sylens huye en busca de alguien quien lo ayude a detener a su antiguo amo.

Pero las similitudes entre Fausto y Sylens van más allá del famoso contrato. De hecho son tan similares que en ocasiones podríamos intercambiar el nombre de uno por el otro sin afectar mucho el resultado. En su estudio “Faust, the Plague, and Theodicy”, Alfred Hoelzel ofrece una descripción generalizada:

La literatura crítica tiende a ver a Fausto como un erudito brillante pero recluido, maestro de prácticamente todas las disciplinas académicas pero con poca experiencia en la vida real o en la sociedad.[7]

Y, en su “Faust’s Divided Self and Moral Inertia”, el académico J. M. van der Laan apunta al misterio de su origen: “[…] Quién es él es casi imposible de determinar. Fausto no tiene raíces, o herencia, o pasado […]. No proviene de ningún lado y no tiene hogar alguno.”[8] Sylens tiene un origen muy parecido. La información más completa de su pasado proviene de él mismo: “soy un vagabundo solitario que dejó a su tribu hace micho tiempo. Un explorador de lugares prohibidos, un buscador de conocimiento perdido”.[9] “The Frozen Wilds,” el capítulo adicional del juego, ofrece un poco más de información, pero es principalmente anecdótica. “Mi pasado—y mis secretos—son sólo míos”,[10] sentencia.

Fausto y Sylens manipulan a los demás por beneficio propio sin estima aparente. El primero, aniquila a la madre y al hermano de su deseada Margarita por simple lujuria, y no muestra tristeza alguna cuando ella, tras perder la razón, asesina al hijo que resulta de su relación. Sylens recluta a los inconformes de una guerra civil para el ejército de Hades y aumenta su número atacando periódicamente a las demás tribus, tomando prisioneros y sacrificándolos en un coliseo. Su propia ambición cuesta un sinnúmero de vidas inocentes, que, a su manera de ver, son un precio justo a cambio de los conocimientos que ha recibido: “vivimos en un mundo de ciudades caídas y tribus desaparecidas. ¿Qué eran unas cuanta más? Además, estaba demasiado ocupado configurando la red de focus del culto a las especificaciones de Hades. Un emocionante intercambio técnico, especialmente con las alteraciones que incluí, de mi propio diseño.”[11]

Con su enorme intelecto y la información que recibe, Sylens podría impulsar a la civilización a dar un brinco evolutivo, pero, como a Fausto, sólo le preocupa el beneficio propio; se ven como superiores y, por lo tanto, los únicos que importan. Ven a sus contemporáneos con aires de conquistador arrogante y no dudan en apuntar su superioridad intelectual. Sylens presume cómo manipuló a la tribu Carja para cumplir su lado del trato: “todo lo que tuve que hacer fue presentar a Hades como la sombra enterrada de su mitología”.[12] Fausto hace un alarde similar en la traducción que hace John Hills de la obra de Goethe, donde, además, utiliza una palabra muy afortunada para el enfoque de este artículo: “Soy más sabio, es cierto, que las típicas tribus balbuceantes / de expertos y doctores, y sacerdotes, y escribanos […]” [mi énfasis].[13]

Pero ambos son humanos, y la idea de ser algo más hace que sus ambiciones cambien. Ambos están frustrados. Han pasado la vida estudiando y aprendiendo, y aún así no pueden considerarse superiores al humano común. La naturaleza sigue ejerciendo su dominio sobre ellos, y no al revés. Fausto, buscando romper las limitantes humanas, acude a la magia. “Sigue la vieja sentencia de mi prima la serpiente, y de seguro algún día te dará que sentir tu semejanza con Dios”,[14] lo tienta Mefistófeles. En Zero Dawn, la magia es tecnología. El focus, con sus imágenes virtuales, su utilidad de comunicador, su capacidad de espionaje, sólo puede ser explicado por las ingenuas tribus como un instrumento mágico de origen divino. La tribu Nora, por ejemplo, cree que la voz de la inteligencia artificial que surge de las cavernas metálicas subterráneas es una diosa, la “Madre de todo.” Ambos descubrimientos—la tecnología para Sylens, la magia para Fausto—son el catalizador de su ruina; los que transforman sus ambiciones original de saber a poder.

No hay duda de que Fausto se olvida de aumentar su conocimiento y comienza a aprovechar los beneficios de su trato con Mefistófeles para beneficio personal: el Dr. Faustus, de Christopher Marlowe, viaja a distintos reinos para divertir a la realeza con trucos, y el Fausto de Goethe los utiliza para seducir a Margarita. Tras los créditos de Horizon Zero Dawn hay una escena adicional: Hades deja su caparazón y encuentra nuevamente a Sylens. “Todavía tenemos mucho que discutir,” le dice este último, “tanto que nunca revelaste. Tus amos, por ejemplo. Los que mandaron la señal que te despertó”.[15] Mientras habla, se dirige a un robot titánico desactivado, el mismo donde encontró a su antiguo amo. Ahora ambiciona con controlarlo, recordándonos una confesión previa: “me sentí preocupado la primera vez que vi [a su ejército] activar a un antiguo robot de guerra… con mi tecnología”.[16] Es decir, no temió por el futuro de la humanidad, sino vio de lo que era capaz su tecnología. Con ella, y con los conocimientos de los amos de su amo, de “los que mandaron la señal que te despertó”, podría controlar a la totalidad de la fauna robótica que habita el planeta, una habilidad digna de un dios.

Queda claro que el parecido entre Sylens y Fausto va más allá que mera coincidencia. Su relación con Hades, su misterioso origen, su egolatría y arrogancia, la tergiversación de sus ambiciones ante el saber que tanto busca, lo convierten en un Fausto postapocalítpico. Tanto que refleja, a pesar de no ser el protagonista, una inquietud (entre muchas) de los autores de Horizon Zero Dawn, similar a la de Johann Wolfgang von Goethe en Fausto, “el predicamento que la modernidad trajo a la humanidad”[17], probando así, de paso, que nuestras inquietudes como civilización son constantes, a través de décadas, siglos o milenios.

[1] Horizon Zero Dawn, Deep Secrets of the Earth

[2] Horizon Zero Dawn, The Mountain That Fell

[3] “Fausto” Goethe. p. 144.

[4] Horizon Zero Dawn, “The Mountain That Fell”.

[5] Ídem.

[6] “Fausto” Goethe, p. 150.

[7] Alfred Hoelzel, “Faust, The Plague, and Theodicy”, p. 2

[8] p. 456

[9] Horizon Zero Dawn, “Maker’s End”.

[10] Horizon Zero Dawn, “The Frozen Wilds”.

[11] Ídem.

[12] Horizon Zero Dawn, “The Mountain That Fell”.

[13] Faust: A Tragedy, p. 18.

[14] Fausto p.160.

[15] Horizon Zero Dawn. The Face of Extinction.

[16] Horizon Zero Dawn. The Montain That Fell.

[17] van der Laan, “Faust’s Divided Self and Moral Inertia”, p. 456.