por Roberto Coria

Dos aspectos convergen y propician estas líneas. Primero, el estreno televisivo del nuevo hijo de Ryan Murphy y Brad Falchuk, ahora en colaboración con Ian Brennan. De ellos destacan títulos tan opuestos como la finada comedia musical para adolescentes Glee y, la aún muy viva, American Horror Story. De sus aportaciones al género, divertidas y visualmente atrayentes, podríamos debatir ampliamente. Pero no en esta ocasión. Me refiero a Scream Queens, serial que ha recibido respuestas diversas. Su título e intenciones –recordemos que en 2008 hubo un reality show del mismo nombre- rinden tributo a un linaje que tiene un clarísimo antecedente en Fay Wray –por su aparición en King Kong (Merian C. Cooper y Ernest Schoedshak, 1932)-, Evelyn Ankers –coestrella de El Hombre Lobo (George Waggner, 1941)-, Ingrid Pitt –sensual víctima y victimaria por momentos-, Barbara Steele –a quien recordarán en la indispensable Black Sabbath (Mario Bava, 1963)-, la inocente estrella de producciones ochenteras destinadas mayormente al mercado del video Brinke Stevens y, la que para mí es la más grande de todas, Jamie Lee Curtis, cuya aparición en Halloween (John Carpenter, 1978) le ganó un lugar definitivo en nuestra memoria y corazones. Ella es una dignísima sucesora de su señora madre, Janet Leigh, primera víctima cinematográfica del psicópata Norman Bates (Anthony Perkins) en Psicosis (1960) de Alfred Hitchcock. Curtis, una encantadora mujer de 56 años que ha sabido envejecer con gracia y decoro, ocupa un lugar importante en el nuevo drama. Sólo por ello merece mi atención.

En lo que respecta al primer punto, me refiero a una estirpe de personajes atractivas y necesarias en muchas vertientes del cine de horror. Las conocidas como scream queens son cordero de sacrificio para el malvado en turno y un agasajo visual para el público masculino –no olvido a un sector del femenino-, pero también son una válvula de escape que permite al espectador –de ambos sexos- proferir auténticos gritos de terror al encarar una forma de peligro que para nosotros, de este lado de la pantalla, es inofensivo pero no menos estremecedor. ¿Cuáles son los aspectos indispensables para interpretar estos papeles? Ser agradables a la vista, tener talento para proyectar cierta inocencia e indefensión, tener unos pulmones poderosos y, sobre todo, unas cuerdas vocales privilegiadas.

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La segunda razón son los estertores del Mes Patrio, caracterizado por un nacionalismo en muchas ocasiones exagerado. Ello podría llevarnos a asegurar, con toda razón, que en nuestro México gozamos de nuestras propias representantes, que bien podríamos llamar coloridamente Reinitas del Grito. La bella Miroslava en El monstruo resucitado (Chano Urueta, 1953), Beatriz Aguirre en La dama del alba (Emilio González Muriel, 1960), Ariadne Welter, víctima del vampírico Conde Lavud (Germán Robles) en El Vampiro y El ataúd del Vampiro (ambas de Fernando Méndez, 1957), Elvira Quintana en Muñecos infernales (Benito Alazraki, 1960), María Elena Marquéz en La Llorona (René Cardona, 1960), Erna Martha Bauman en El mundo de los vampiros (Alfonso Corona Blake, 1961), El vampiro sangriento (Miguel Morayta, 1962) y secuela La invasión de los vampiros (Morayta, 1963), Alicia Caro en Espiritismo (Alazraki, 1962), Rosita Arenas en La maldición de La Llorona (Rafael Baledón, 1963), Ana Bertha Lepe en El beso de ultratumba (Carlos Toussaint, 1963), Kitty de Hoyos en La Loba (Baledón, 1965), Norma Lazareno en El Libro de Piedra (Carlos Enrique Taboada, 1968) y Adriana Roel en Alucarda (Juan López Moctezuma, 1977) son sólo algunos de los nombres que recuerdo. Naturalmente, los elencos completos de Hasta el viento tiene miedo (Marga López, Maricruz Olivier, Alicia Bonet y Norma Lazareno) y Más negro que la noche (Claudia Islas, Susana Dosamantes, Helena Rojo y Lucía Méndez), ambas películas dirigidas por el Maestro Taboada en 1968 y 1975 –respectivamente-, forman parte de esta categoría. Podría decirse que todas son los verdaderos Ángeles de Charlie.

 

El giro que estos personajes han tenido en tiempos recientes, época de la adecuada valoración, dignificación y empoderamiento femeninos, bien podría ser tema de otra entrega. Por ahora doy mi gratitud a Ana Luisa Campos, bruja y sabia admiradora de nuestro cine, por su memoria y consejo para entregarles este artículo.

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Roberto Coria es investigador en literatura y cine fantástico. Imparte desde 1998 cursos, talleres, ciclos de cine y conferencias sobre estos mundos en diversas casas académicas. Es asesor literario de Mórbido. Escribió las obras de teatro “El hombre que fue Drácula”, “La noche que murió Poe” y “Renfield, el apóstol de Drácula”. Condujo el podcast Testigos del Crimen y escribe el blog Horroris causa, convertido ahora en un programa radiofónico. En sus horas diurnas es Perito en Arte Forense de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal.