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“La belleza será convulsa o no será…

La belleza convulsa será erótico-velada, explosivo-fija,

Mágico-circunstancial o no será”

-André Breton

Jessie (Elle Fanning, 1998) se encuentra sentada en un gran cubo blanco, entre espejos y puertas de vidrio, rodeada de otras chicas. Todas están sin maquillaje, con una cola de caballo, en ropa interior y con tacones. Esperan pasar enfrente del diseñador Roberto Sarno (Alesandro Nivola, 1972) para la selección de su desfile. Como lienzos en blanco, se presentan ante él, pero la realidad es que la búsqueda de la belleza es el punto central de The Neon Demon (2016) del director Nicolas Winding Refn (Dinamarca, 1970). El demonio no está especificado, no sabemos si es uno de los personajes, los ambientes llenos de colores o las actitudes, simplemente lo estamos esperando; como gran alquimista nos lleva de la mano para mostrarnos, cómo nuestros niveles de reacción van aumentando, para generar una experiencia totalmente sensitiva. Nos seduce por la mirada; nos envuelve con los sonidos, los silencios y, obviamente, con la banda sonora de su cómplice Cliff Martínez; sentimos cada textura desde la ropa, el maquillaje indeleble, el recuerdo de la mano que pinta de dorado el cuello de Jessie. Casi degustamos el sabor a rojo y, finalmente al saber de la imposibilidad actual del olfato en la sala, sólo nos deja un pequeño logo a semejanza de las fragancias.

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La fragancia de Winding Refn es imborrable, en una entrevista con Ryan Gosling con quien filmó: Drive (2011) y Only God Forgives (2013) -que representan la epítome de un discurso masculino y su figura materna- le pregunta si es un genio y Winding Refn le contesta que sí. En primer lugar la respuesta podría sonar demasiado narcisista, pero al desarrollarla en otras entrevistas es más bien un alzamiento en contra de ese narcisismo inicial, es una declaración en contra de la superficialidad con la que se establecen los juicios de valor contemporáneos. Es un genio, en la creación de sus películas, es ahí donde reside su genialidad, es el único que puede hacer lo que él hace, que tiene la visión de crear una película que se enfoca en la pérdida de inocencia, hasta cierto grado buscada, de una chica de 16 años, esa chica que dice llevar dentro y que ha mostrado como si fuera la última película que fuera a realizar. Aunque es un creador con un alto nivel de perfeccionamiento y de control en la filmación, confiesa que en esta ocasión se dejo llevar por la historia, y que fue transformada a partir de una escena que se filmó el día 2 de la grabación.

“¡Oh, mi Bien!

¡Oh, mi Bello!

¡Fanfarria atroz donde no titubeo!

Caballete mágico”

                                     -Rimbaud

Menciona que desde que vio a Elle Fanning se quedo pensando en un proyecto donde podrían trabajar juntos, así que la idea de hacer una película sobre la industria de la moda y el terror podría encajar perfectamente con esta búsqueda. Fanning se presentó como una musa ante el creador, pero con la audición de Jena Malone para el papel de Ruby, cambió el rumbo de la historia. Ruby protagoniza casi todas las escenas más perturbadoras de la película, y una de esas la filmó el día 2, ahí es cuando la escalada de tensión se hizo más visible para un creador acostumbrado a filmar la violencia de la manera más cruda posible; de que los cadáveres aplaudan como guijarros sobre cristal, en palabras de Benjamín Peret; o que sea “la tranquilidad de los asesinatos pasados y futuros” de Max Ernst, su modus operandi. A partir de una serie de instrucciones para el correcto encuadre de la toma, es que el demonio se hizo presente en esta película. Es una seducción extrema que rompe el límite con el horror, para algunos, mientras que para otros puede resultar totalmente  repulsiva. Es una escena clave para reaccionar, para experimentar la película. Así, la creación cinematográfica para este director se enfoca en lo que es para nosotros, ya no si es buena o mala, sino la sensación que nos deja al final. A casi tres semanas de su estreno en las salas mexicanas todavía puedo sentir su fragancia al escuchar la música que ha dominado en la tercera colaboración entre Martínez y el director inspirada en Giorgio Moroder.

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“Ella es bella y aún más que bella: ella es sorprendente”

                                                                      -Baudelaire-

Jessie es descrita como el sol que entra en el invierno, es lo único, es todo. Es una belleza natural que no puede ser igualada en un mundo lleno de cirugías plásticas. Es peligrosa por todos los sentimientos que despierta, desde la aminoración, el embelesamiento, la protección, hasta la discordia, la envidia y la lujuria. Pasa de un angelical encuadre en azul, donde todavía no es consiente de toda su potencia que se va trasladando al dorado hasta llegar al más intenso de los rojos, y donde toda la acción contenida por los personajes femeninos explota totalmente. Jessie es consiente de sus deficiencias, y decide sacar el mayor partido de su única cualidad, una cualidad que es exacerbada por una cultura donde los autorretratos es la expresión máxima del narcisismo, el cual inicio como un ejercicio de empoderamiento “todos somos bellos”, pero que se ha convertido en el nuevo jinete del apocalipsis que se impregna en una búsqueda de la belleza perpetua y al mismo tiempo exalta una juventud cada vez más joven y corta. Para Winding Refn es el ojo al que seducimos, y literalmente la película lleva las palabras de Stevenson al denominarlo como “golosina caníbal, es para nosotros el objeto de tanta inquietud que nunca lo morderíamos”.

“Soy bella y fuerte, pero soy mujer”

                                             -Cros

Mientras que en sus producciones pasadas los hombres se presentaban como el centro de la acción, aquí son personajes secundarios que sirven a la protagonista a crecer en un paisaje casi infinito, abierto y hostil como el de la ciudad de Los Ángeles, que me recuerdan a los paisajes de Ed Ruscha. El bien es un “amigo novio” (Karl Glusman, 1988) que la retrata como degollada; la libidinosidad en el gerente del hotel (sí, nuestro queridísimo Keanu Reeves, 1964); la aceptación por parte del fotógrafo Jack (Desmond Harrington, 1976) y de Robert Sarno; contrastan con su relación con los personajes femeninos: Ruby, Gigi (Bella Heathcote, 1987) y Sarah (Abbey Lee, 1987). La presencia de Jessie es en palabras de Sarno “un diamante en un mar de vidrio”, justo con esa descripción es que las personas que están junto a ella matarían por verse como ella, ya que si ellas son el mar de vidrio hasta cierto grado son transparentes como fantasmas, que deambulan en el cuarto blanco, y de las que ni siquiera levantan la vista para ver. Casi como un performance de Vanessa Beecroft en palabras de Roberta Smith: “Es arte, es moda. Es bueno, es malo. Es sexista, no lo es” acerca de la pieza Show que presentará en 1998 en el Museo Guggenheim, donde 20 altas, hermosas mujeres, casi todas modelos, caminaba en circulo, cada una parecía indiferente y combinaban con el color de las paredes, aunque se podrían describir como 20 venus, la realidad es que pone el dedo en la llaga en lo que se supone que es la belleza. En realidad no existe el lienzo en blanco y en menos de lo que Jessie está destinada a ser algo genial…

“La belleza no lo es todo, sino lo único” la crítica social que establece Winding Refn es una visión futurista ante un nuevo sistema de clases. Una crueldad por buscar un ideal, ya sea por nacimiento o por cirugías plásticas, ejemplificado principalmente en el papel de Gigi -es curioso que Bella Heathcote quien ha sido representación de un ideal de belleza, del amor y del bien en otros personajes más como Jane Bennet en Orgullo + Prejuicio + Zombies (2016) o Jossette en Sombras Tenebrosas (2012); aquí se presenta como un maniquí que ha trabajado para lograr la perfección, mientras que Sarah es la representación de la pérdida de la juventud. La conquista del demonio se da en la última escena, después de que Sarah menciona que en la competencia del mundo de la moda el canibalismo es la única forma de salir adelante, así es como se engolosina con la mirada, si se podría decir de Jessie.

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