Por Eric Ortiz García 

La colorida, divertida y delirante aventura espacial Flash Gordon -sobre un jugador de futbol americano (Sam Jones) que por casualidad termina en el espacio exterior tratando de evitar la destrucción de la Tierra a manos del maligno emperador Ming (Max von Sydow)- no fue en su momento un tremendo éxito de taquilla al nivel de, por ejemplo, La guerra de las galaxias, pero gradualmente se convirtió en una auténtica cinta de culto. La admiración que cineastas como Guillermo del Toro y Edgar Wright tienen por ella, el alcance que tuvo su soundtrack a cargo de la legendaria agrupación británica Queen y, por supuesto, ese hilarante homenaje que Seth MacFarlane le brindó en su díptico sobre el oso Ted (con apariciones del mismísimo Sam Jones), demuestran perfectamente su influencia.

En ese mismo tenor de celebrar el legado de Flash Gordon, se presentó en Fantastic Fest el documental Life After Flash, el cual tiene varias vertientes: por un lado es una indagación en el detrás de cámaras de la filmación de Flash Gordon, así como un vistazo a su impacto, y por el otro cumple la promesa del título y nos deja ver qué sucedió con la vida del histrión Sam Jones después de haber interpretado al mariscal de campo all-American de los Jets de Nueva York.

La directora Lisa Downs recurre a la tradicional dosis de “caras parlantes” en el cine documental para entretener con los relatos sobre la filmación de Flash Gordon, compartidos, entre otros, por actores -como el siempre hilarante Brian Blessed (quien interpretó al principe Vultan en el filme)-, la viuda del productor, Martha De Laurentiis, e incluso el compositor principal del memorable soundtrack, Brian May. A su vez, Downs aprovecha el seguimiento que le hizo a Jones en convenciones donde suele convivir con sus fans para obtener otras entrevistas -un tanto improvisadas- con personalidades como Robert Rodriguez, Stan Lee, Sean Gunn, Michael Rooker y Jason Mewes, quienes ofrecen su punto de vista sobre la esencia y relevancia de Flash Gordon.

Se nota que el documental fue realizado con tiempo y recursos limitados, y aunque las anécdotas sobre el making-of de Flash Gordon (i.e. que Nicolas Roeg era el director original o que Jones tuvo fricciones con el productor Dino De Laurentiis) resultan  en material bastante ameno, se extraña una forma más cuidada y, ¿por qué no?, testimonios de fans declarados de la película como los anteriormente mencionados del Toro, Wright y MacFarlane.

Pero ahí es donde entra la otra capa de Life After Flash, la dedicada totalmente a Sam Jones. Por momentos resulta la clásica historia sobre el actor que no terminó de la mejor manera la producción, y que se dejó llevar por el mito de Hollywood para resultados no tan placenteros, aunque al final Jones encabeza un documental motivacional una vez que lo descubrimos como un hombre de familia trabajador -quizá la mayor sorpresa del filme tiene que ver con el otro empleo de Jones como guardaespaldas en la zona fronteriza de México- y agradecido por el legado de Flash Gordon, incluyendo sus cameos en Ted y Ted 2 y la conexión que continúa gozando con la siempre creciente base de seguidores. Al final del día, y como dicen otros character actors a lo largo del documental, siempre es preferible estar ligado toda la vida a un papel memorable que quedar en el olvido.