Por Eric Ortiz García 

La primera escena de Keep an Eye Out (Au poste!), otra locura cinematográfica del francés Quentin Dupieux, evoca ese memorable discurso de Rubber sobre cómo todas las grandes películas cuentan con diversas cuestiones “sin razón de ser”; y es que en dicha secuencia vemos a ¡un hombre en calzones fungiendo como director de una orquesta que está tocando al aire libre! Una vez que el tipo en ropa interior es atrapado por la policía, Dupieux nos encierra en una comisaría donde el jefe, el no tan brillante Buron (Benoît Poelvoorde), está llevando a cabo un interrogatorio a otro hombre, Louis (Grégoire Ludig), quien es sospechoso de asesinato tras haber encontrando un cadáver afuera de su apartamento.

A lo largo de sus escasos 70+ minutos, Keep an Eye Out seguirá haciendo que nos resuene en la cabeza el discurso de la “no reason” de Rubber gracias a la característica acumulación de absurdos del siempre divertido Dupieux. Pero en esta ocasión -y en medio de cuestiones jocosas como el policía protagonista interrumpiendo la interrogación a su gusto o comiéndose un hot dog como si nada mientras su hijo le dice que estuvo a punto de suicidarse-, Dupieux introduce una trama con tintes genuinos de suspenso cuando otro oficial (Marc Fraize), quien es tuerto y altamente paranoico (se imagina todas las posibilidades en las que podría ser asesinado por Louis), se queda a cargo momentáneamente del sospechoso y termina muriendo accidentalmente, dejando a Louis con otro gran problema porque, llegado el momento, todo apuntará a que él también es responsable de este deceso.

Dicho escenario, tan hilarante como intrigante, parece que dirigirá a Dupieux hacia el thriller, empero, el director nunca está interesando en cumplir con cualquier tipo de expectativa o de permanecer dentro de los límites de un género. Si su cinta anterior, Reality, comenzaba con varias tramas -la mayoría ligadas al mundo del entretenimiento, como aquella de un director que está buscando el mejor grito de la historia del cine- para luego convertirse en un intento por representar en pantalla el desconcierto inherente a los sueños; Keep an Eye Out no olvida su locura absurda (por ejemplo cuando descubrimos que al comisario Buron le sale el humo del cigarro por un hoyo que tiene cerca del estómago), ni su enredo ligado a los supuestos asesinatos, pero también se transforma en algo más: un ejercicio sobre cómo funciona la memoria, una vez que Louis, en su afán por aclarar su coartada, recapitula lo que ocurrió antes de descubrir al primer hombre muerto.

Una serie de actividades mundanas es lo que hay en la rememoración de Louis -de salir a respirar aire fresco a volver a dejar su departamento en busca de su esposa sonámbula- pero Dupieux, como en Reality hizo con los sueños, aquí altera los recuerdos porque ahora tienen la influencia de lo que está viviendo el protagonista en el presente; de esta manera añadiéndole una capa más a la película cuando, por ejemplo, en el recuerdo de la coartada aparece la esposa del oficial tuerto (Anaïs Demoustier).

En Keep an Eye Out hay una película con toques de suspenso divertidísima acerca de un acusado sumamente desventurado, no obstante viene acompañada del ejercicio sobre la memoria e incluso de una referencia extraña y muy literal a la teatralidad relacionada con filmar gran parte de la cinta en una locación y recurrir sólo a las conversaciones entre los actores. La mezcla de elementos, y la reafirmación de que Dupieux siempre intentará subir el volumen de su excentricidad a 11, tiene ciertos altibajos, pero tal y como ocurría en Reality, los mejores momentos de la valiosa Keep an Eye Out son absolutamente brillantes.