Por Roberto Coria

Lo dicho por el escritor mexicano Salvador Elizondo (1932-2006) en el inicio de su cuento Teoría de Candingas (1967) bien podría resumir el espíritu de la antología Ciudad fantasma. Relato fantástico de la Ciudad de México (XIXX-XXXI), tomo I (Almadía, 2013): “Las ciudades guardan en sus resquicios la posibilidad de toda suerte de mitos estrafalarios. Los callejones olorosos a orina conservan a veces algo de la presencia de antiguos personajes inquietantes que nunca han existido. […] El Coco es una abstracción mediterránea. El niño mexicano aspira a ogros más característicos dentro de su ambigüedad. Aspiramos a ser aterrorizados por demonios-evento cuya existencia discurre fuera de una de las dos grandes dimensiones del espíritu: el espacio y el tiempo”. El texto no podía tener mejores compiladores que Vicente Quirarte y Berardo Esquinca, exploradores en diferentes terrenos del corazón de las tinieblas. El primero, poeta, ensayista y dramaturgo, es autor de Sintaxis del vampiro. Una aproximación a su historia natural (Verdehalago, 1997) y de las obras de teatro El fantasma del Hotel Alsace (los últimos días de Oscar Wilde) y Retrato de la joven monstruo (Mary Shelley y cía.); el segundo de las novelas Belleza roja (Fondo de Cultura Económica, 2005), La octava plaga (Ficción Zeta, 2011) y los espléndidos volúmenes de cuentos Los niños de paja (Almadía, 2008) y Demonia (Almadía, 2012). Ambos poseen pasiones en común: el horror y el Centro Histórico de la capital. Quirarte nació ahí, Esquinca es su actual residente. Los dos, como Elizondo, están convencidos de que la ciudad es una gran concentradora de energía, y en su oscuridad viven más cosas de las que los conviene saber.

Ciudad FantasmaEl libro, presentado oficialmente el sábado anterior en la XXXIV Feria del Libro del Palacio de Minería contó, además de los compiladores, con la presencia del arqueólogo mexicano Eduardo Matos Moctezuma, hombre que ha hecho del descubrimiento de las zonas ocultas de esta urbe una forma de vida. Los tres discurrieron sobre las virtudes de la publicación que arranca de manera inevitable con la crónica que Artemio del Valle-Arizpe hizo en 1957 sobre le leyenda de La Llorona, “mito fundacional del imaginario popular de México”. El resto del libro está compuesto por textos de diferentes épocas, provenientes de plumas tan variadas como las de José María Roa Bárcena (Lanchitas, cuento que inspiró la película mexicana El escapulario de Servando González), Alfonso Reyes (La cena) y José Emilio Pacheco (La fiesta brava) a jóvenes narradores como Alberto Chimal (La mujer que camina para atrás), José Ricardo Chaves (¿Con qué sueña el vampiro en su ataúd?), Mauricio Molina (La noche de Coatlicue), Rodolfo J. M. (A pleno día) o Viviana Camacho (Espejos), quien apropiadamente cierra el tomo.

Por su extensión Jorge Quijas, artífice de la editorial, tomó la decisión de convertir el trabajo de Quirarte y Esquinca en dos volúmenes, cuyo complemento se presentará en febrero de 2014. Contará con narraciones de Manuel Payno, Amparo Dávila, Carlos Fuentes, Ignacio Solares y mis queridos Norma Lazo y Bernardo Fernández, Bef, entre otros. También con una contribución mía, por lo que agradezco la confianza y generosidad de las cabezas del proyecto. Ellos confesaron en su prólogo que la idea surgió tras visitar una librería de viejo de la calle de Donceles, cuando su amigo Gregorio Monge les preguntó cuántos fantasmas había en esa calle. Sus conjeturas no fueron correctas. La respuesta de su interlocutor fue la más estremecedora y certera: “Todos”.