Por Roberto Coria

Uno de los muchos aciertos de Londres después de la medianoche (Océano,  2012), la novela del tampiqueño Augusto Cruz García Mora, es tomar como eje la búsqueda de la película homónima protagonizada por Lon Chaney (1883-1930), el mítico actor que entre sus incontables rostros se encuentra el del desgraciado Erik, mejor conocido como El fantasma de la Ópera, según la imaginación de Gaston Leroux y la inolvidable película (1925) de Rupert Julian.

unnamed-2

Cualquier alabanza sobre las dimensiones de Chaney y su importancia en el desarrollo del cine de horror son insuficientes. Ya reseñé el momento climático de esa cinta, imprescindible en la cinematografía mundial. El actor, hijo de padres sordomudos, comprendió muy bien el sentido de la otredad de todos sus personajes y supo incorporar su forma de comunicarse con ellos en sus interpretaciones. Más allá, su talento en el arte del maquillaje le valió el sobrenombre de El hombre de las mil caras.

unnamed-1

Chaney es venerado por todos los maquillistas y los que se han sometido y beneficiado de sus torturas. El británico Doug Bradley, el querido Pinhead en las películas basadas en la novela Hellraiser de Clive Barker, lo reconoce como el primer gran actor del cine de horror en su erudito libro Monstruos sagrados, grandes actores y sus caracterizaciones en el cine de terror (Nuer, 1996). Debemos admirar que todo el crédito de la inmortal efigie pertenece a Chaney, quien acudió a la ambigüedad de la fuente literaria. Dice Bradley que “llevaba una calva falsa para permitir que la línea del pelo del Fantasma comenzara más arriba de la suya propia, e hizo aumentar sus pómulos de la misma manera que Quasimodo. Para elevar el giro de la nariz se han sugerido implantes para los agujeros nasales. […] La apariencia de cráneo se incrementó pegando las orejas contra el lado de la cabeza. El resto se obtuvo, en palabras de Lon, con el uso de pintura con las sombras adecuadas en los lugares adecuados”.

unnamed

Sobra decir que su caracterización es tal vez la más justa y reconocida que se ha hecho del personaje creado por Leroux, muy por encima de las de Claude Rains (1943), Herbert Lom (1962), Maximilian Schell (1983), Robert Englund (1989), Charles Dance (1990), Julian Sands (1998) o Gerard Butler (2004), esta última en la versión fílmica del prestigiado musical teatral de Andrew Lloyd Webber.

Pero de entre todos ellos, muy queridos por sus méritos individuales, siempre sobresaldrá la interpretación de Chaney. Su Fantasma aún ronda, imperecedero, en nuestras memorias y corazones.

Y todavía no termino con él. Y el Dr. Beltrán me ayudará la siguiente ocasión que nos encontremos.