Por Roberto Coria

Generalmente solemos disfrutar la fría caricia del horror en la letra impresa o la pantalla grande, pero el miedo cuenta con muchas maneras de llegar a sus víctimas.

El sentido del oído es un poderoso canal para que se apodere de nosotros, pues no sólo lo que tenemos a la vista es capaz de asustarnos. Más allá del sobresalto que produce el aumento en el volumen de la partitura de la película de horror promedio, los ruidos más inocentes y familiares pueden alterarnos. En su cuento La mosca de la cabeza blanca (1957) –adaptado en dos películas protagonizadas por Vincent Price (Kurt Neumann, 1958) y Jeff Goldblum (David Cronenberg, 1986)- el escritor británico George Langelaan describe el horror que experimenta Francois Delambre:

Siempre me han dado horror los timbres. Incluso durante el día, cuando trabajo en el despacho, contesto el teléfono con cierto malestar. Pero por la noche, especialmente cuando me sorprende en pleno sueño, el timbre del teléfono desencadena en mí un verdadero pánico animal, que debo dominar antes de coordinar lo suficiente mis movimientos para encender la luz, levantarme e ir a descolgar el aparato.

Las posibilidades del horror son pues ilimitadas. A nivel auditivo, algunos de sus ejemplos más añejos son los programas de radio, invención de los albores del siglo XX. Los recursos con los que cuenta han evolucionado desde entonces, desde la Amplitud Modulada (AM), la Frecuencia Modulada (FM), sus versiones en podcast y las otras ventajas que nos da todos los días el Internet. Bendita tecnología. Son producidos con auspicios estatales o por la iniciativa privada. Pero sin importar el modo en que llegan a nosotros, deseamos experimentar el estremecimiento placentero a toda costa. Esto puede ser básicamente de tres formas:

1. Programas donde miembros de su audiencia se comunican para narrar experiencias que vivieron (en carne propia o por lo dicho por una persona cercana) que retan nuestra percepción de la realidad. Son una continuación de la narración oral, que data de los tiempos de los primeros hombres y conocimos por nuestros padres o nuestros abuelos. El problema es que su credibilidad es cuestionable, pues en muchos casos los relatos son invenciones o exageraciones. No obstante, recuerdo que las madrugadas de mi juventud eran acompañadas por el programa La mano pachona, que se transmitía Radio Fórmula, conducido por Víctor Manuel Barrios Mata. Impresionante en muchos momentos. Luego, una vez comprobada su aceptación, llegaron productos similares.

Radio3

2. Programas donde se analizan, con diferentes enfoques, estos temas en lo concerniente a sus abordajes en las Bellas Artes. En estos días las ofertas son muchas. De casa tenemos Radio Mórbido -encabezado por Pablo Guisa, Ricardo Farías, Luis Roiz, Brenda Möller y Edgar Beltrán- y la versión en podcast de Horroris causa, proyecto que comparto con Pablo y Antonio Camarillo. Las personas de mi generación recordarán el infaltable En los cuernos de la luna, con Iñaki Manero en la extinta estación Rock 101. Ahí se analizaban diferentes temas y el conductor los alternaba con la lectura maravillosa de cuentos de diferentes autores, lo que me lleva a mi tercer punto.

Radio2

3. Programas donde se adaptan historias provenientes de la literatura, sean relatos breves o novelas que usualmente se dividen en capítulos. Podemos encontrar espléndidos especímenes en la Red. Algunos de los que más he disfrutado pueden escucharse en DescargaCultura.com (http://descargacultura.unam.mx), recurso invaluable de la Universidad Nacional Autónoma de México en el que he tenido el privilegio de participar como autor o prestando mi voz, siempre bajo la dirección de Eduardo Ruíz Saviñón. Pero a él dedicaré mi columna de la siguiente ocasión.

Para ilustrar columna de Roberto Coria

Aprovecho el momento para felicitar a todos los Maestros, gremio al que tengo la fortuna de pertenecer, en su día. Hoy por hoy es una de las actividades que mayores satisfacciones me ha brindado. Gracias a todos los que me han soportado y han contribuido a que esto sea posible. Espero que aún haya mucho por venir.
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Roberto Coria es investigador en literatura y cine fantástico. Imparte desde 1998 cursos, talleres, ciclos de cine y conferencias sobre estos mundos en diversas casas académicas. Es asesor literario de Mórbido. Es autor de las obras de teatro “El hombre que fue Drácula” y “Renfield, el apóstol de Drácula”. Escribe el blog Horroris causa. En sus horas diurnas es Perito en Arte Forense de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal.