La semana pasada hablé de uno de mis personajes favoritos, creado por el dibujante Charles Addams allá en 1938. A la distancia, reflexiono que debemos a Addams una gran cantidad de cartones que mayoritariamente fueron publicados por la revista New Yorker, pero que ha pasado a la Historia por el icónico clan que apellidó como él. Debo admitir que adoro a toda la Familia Addams y me cuesta trabajo reconocer cuál es mi integrante predilecto. Uno que siempre destacará, a pesar de sus breves apariciones, es el mayordomo Largo. Su padre lo nombró simplemente Lurch, sin especificar si se trataba de su nombre de pila, apellido o sobrenombre, pero en mi memoria y afectos siempre tendrá el de esas repeticiones memorables donde también prestaba su voz el gran Jorge Arvizu. Ahí, al leal empleado daba vida Ted Cassidy y lo hizo hablar en nuestro idioma el actor de cine y televisión Antonio Raxel, quien en realidad se llamaba Antonio Sandoval. Es imposible olvidar sus gruñidos o su clásico “¿Llamó Usted?”, que es la frase más popular del personaje. Él también estuvo muy presente en nuestra infancia. Pueden recordarlo como en malvado Barón Ashler en la extinta caricatura Mazinger Z, o en esos mismos gloriosos tiempos como narrador en el melodrama con robots gigantes Robotech, o como el elegante mago Mandrake en Los Defensores de la Tierra, el no tan conocido ensamble de los héroes de King Features Syndicate.

En alguna ocasión, un alumno me hizo la pregunta que da título a mi columna esta semana, por aquello de su aparente falta de voluntad y poca inteligencia. Respondí que no en la forma en que reconocemos al monstruo a partir de la reinvención de George Romero, con sus hábitos salvajes y antropófagos. En cualquier caso es más cercano a la figura del folclor afroantillano. Largo obedece ciegamente los mandatos de sus patrones sin importar su excentricidad, justo como hacían los seres reanimados por los Bokor (o hechiceros Vudú) haitianos. Pero a diferencia de ellos, posee capacidad de raciocinio y es capaz de sostener un diálogo con sus interlocutores.

Lo cierto es que Addams admitió que para idearlo tuvo en cuenta el aspecto lúgubre del maravilloso Boris Karloff. Pero no en su encarnación de la Criatura de Frankenstein en la clásica película dirigida en 1931 por James Whale, como muchos creen, sino en la que hizo en el siguiente trabajo del cineasta, la comedia de horror The old dark house (1932). Ahí personificaba al brutal sirviente mudo Morgan quien, como en las primeras apariciones de Largo, contaba con una espesa barba negra.

El personaje de Cassidy no tenía miramientos para despachar bruscamente a los invitados insolentes, pero era capaz de bailar animosamente acompañando a la pequeña Merlina (Wednesday según la intención original, interpretada por Lisa Loring) o recibir la visita su tierna y pequeña progenitora (Ellen Corby) asumiendo el lugar de su patrón. En las dos películas que dirigió Barry Sonnenfeld en los años noventa, el carácter siniestro de Largo fue sustituido por uno más bonachón, casi abúlico, suministrado por el larguirucho Carel Struycken. En el (relativamente) reciente montaje de Broadway, le fue devuelto su carácter amenazante por Zachary James. En su versión mexicana el papel estuvo a cargo de José Roberto Pisano.

Siempre pensaré en Largo sentado afablemente ante su clavicordio –antes de tocarlo frotaba sus dedos que sonaban como papel lija-, del cual podían provenir las melodías más solemnes y otras que lo convertían en ídolo juvenil de su tiempo. ¿Recuerdan ustedes cuando fue interrumpido por Batman y Robin (Adam West y Burt Ward) mientras escalaban un edificio en su colorido programa? Sólo ellos podían cometer semejante osadía y merecer seguir vivos.

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Roberto Coria es investigador en literatura y cine fantástico. Imparte desde 1998 cursos, talleres, ciclos de cine y conferencias sobre estos mundos en diversas casas académicas del país. Es asesor literario de Mórbido. Condujo el podcast Testigos del Crimen y escribe el blog Horroris causa, convertido en un programa radiofónico. En sus horas diurnas es Perito en Arte Forense de la Procuraduría General de Justicia del que anteriormente era conocido como Distrito Federal.