Por Roberto Coria

Hoy amanecí con emociones encontradas. Por un lado, una enorme felicidad pues Universal channel de Latinoamérica me invitó para acompañar al gurú televisivo Stivi de Tivi y a mis queridos Bernardo Esquinca y Ricardo Farías –sospechosos comunes de Mórbido- para discutir tras la presentación de los dos primeros episodios de la tercera temporada de Bates motel, la teleserie desarrollada por Carlton Cuse, Kerry Ehrin y Anthony Cipriano a partir de la novela Psicosis de Robert Bloch, programa que me provoca opiniones favorables que –en vista de las circunstancias- discutiremos la siguiente semana. Por otra parte, medios noticiosos me informaron de la muerte física del actor británico Christopher Frank Carandini Lee, quien el 27 de mayo pasado cumplió 93 años de edad. ¿Cómo expresar mi pesar por el deceso de alguien que nunca conocí personalmente? Estaba consciente de su mortalidad desde hace tiempo, pero estas noticias –si bien previsibles- no dejan de ser lamentables. Mi respeto por él se encuentra en los orígenes de mi amor por el horror y lo fantástico. Recuerdo muy bien las viejas matinés televisivas donde su presencia, lúgubre pero fascinante, provocó mis primeros escalofríos como cinéfilo.

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Si eres fiel explorador de los territorios de la imaginación, querido lector, conoces sobradamente su nombre y no necesito abundar más en sus méritos. Como el sicario español Francisco Scaramanga enfrentó a James Bond en El hombre del revólver de oro (Guy Hamilton, 1974) e interpretó en 3 ocasiones al Príncipe de los Detectives (desde Sherlock Holmes y el collar de la muerte, Terence Fisher, 1962). También fue el pagano Lord Summerisle en la maravillosa El Hombre de Mimbre (Robin Hardy, 1973), cinta que se encuentra muy por encima de su infame remake. Se dio el lujo de incursionar en la comedia, desde 1941 (Steven Spielberg, 1979) a la delirante Gremlins 2 (Joe Dante, 1990), donde encarnaba a un genetista enloquecido y poco escrupuloso que hacía homenaje a sus orígenes actorales en la legendaria productora Hammer. Su poderosa voz le permitió entregarse ocasionalmente al negocio de la música, interpretando por igual ópera que heavy metal. Pero siempre será recordado, a pesar de su condición nobiliaria –fue hijo de una auténtica Condesa- y sus raíces teatrales, como uno de los mejores intérpretes de la inmortal creación de Bram Stoker. A diferencia de sus predecesores, el Drácula de Lee captura la esencia erótica y malévola del vampiro: seductor para las mujeres, terrible con los hombres. Último gran sobreviviente de los actores de una época gloriosa del cine de horror, Christopher Lee permanecerá presente entre las nuevas generaciones de espectadores por su aparición en numerosas películas de Tim Burton –como La leyenda del jinete sin cabeza (1999), Charlie y la fábrica de chocolate (2005), El cadáver de la novia (2005), Alicia en el país de las maravillas (2010) y Sombras tenebrosas (2012)-, pues fue el villano Conde Dooku en dos de las precuelas de La Guerra de las Galaxias (George Lucas, 2002 y 2005) y el malvado hechicero Saruman el Blanco en la saga de El Señor de los Anillos (Peter Jackson, 2001, 2002 y 2003 ) y la reciente trilogía El Hobbit (también Jackson, 2012, 2013 y 2014). Fue nombrado Caballero del Imperio Británico en 2009 por su aportación al patrimonio fílmico inglés y sus labores humanitarias.

Hasta el mejor lugar donde se encuentra, le envío mi sonrisa y el temor reverencial del niño que fui.

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Roberto Coria es investigador en literatura y cine fantástico. Imparte desde 1998 cursos, talleres, ciclos de cine y conferencias sobre estos mundos en diversas casas académicas. Es asesor literario de Mórbido. Escribió las obras de teatro “El hombre que fue Drácula”, “La noche que murió Poe” y “Renfield, el apóstol de Drácula”. Condujo el podcast Testigos del Crimen y escribe el blog Horroris causa. En sus horas diurnas es Perito en Arte Forense de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal.