Por Roberto Coria

Una pausa Mórbida. Por dos razones: se acerca el festival y porque la noticia lo amerita. Desde la aparente seguridad de la televisión, un video maldito nos ofrece la imagen de la infanta Sadako Yamamura (Rie Ino'o) ascendiendo desde las profundidades de un pozo, ataviada con un sucio vestido blanco, con el cabello negro y largo cubriendo su rostro, trasponiendo la pantalla del aparato y dirigiéndose hasta el horrorizado espectador Ryūji Takayama (Hiroyuki Sanada). Este momento es uno de los más poderosos e influyentes del cine de horror de los últimos veinte años. Todo ocurre, como saben, en la emblemática película japonesa Ringu (1998), adaptación de la novela homónima de Kōji Suzuki. Su éxito permeó en la obra de incontables cineastas occidentales, propició secuelas, precuelas, videojuegos e incuso una reelaboración (The ring, Gore Verbinski, 2002) para el mercado estadounidense. Todo esto fue debido al talento y visión de su principal artífice, Hideo Nakata, invitado especial de la emisión 2013 de Mórbido

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Reconocer la importancia de Nakata en el desarrollo del género que nos apasiona es indispensable, pues no sólo acuñó algunas de las imágenes más perturbadoras que recuerdo, sino supo utilizar las inquietudes de una época donde la globalización y el delirio por la tecnología rigen las acciones de las personas. Sus fantasmas –que tienen un profundo vínculo con la tradición de su país y bien rebasan cualquier frontera- inyectan sangre nueva al género y nos demuestran que pueden consumar su venganza a través de la televisión, las videograbaciones, los teléfonos y la fotografía.

Ahora nos presenta su décimo séptimo largometraje Kuroyuri danchi (El complejo, 2013), película que tratará de demostrarnos su vigencia. Esta será una experiencia inolvidable. Nos vemos en Pátzcuaro.

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Roberto Coria es investigador en literatura y cine fantástico. Imparte desde 1998 cursos, talleres, ciclos de cine y conferencias sobre estos mundos en diversas casas académicas. Es asesor en materia literaria de Mórbido. Escribió las obras de teatro “El hombre que fue Drácula”, “La noche que murió Poe” y “Renfield, el apóstol de Drácula”. En sus horas diurnas es Perito en Arte Forense de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal.