por Roberto Coria

Más allá de ser escaparates para los escritores de todos los géneros o atractivos puntos de venta para las casas editoriales, las ferias del libro en todo el país siempre representarán para mí el mayor triunfo de la inteligencia y la imaginación humanas. Precisamente por ello me atrevo a modificar lo que tenía pensado escribir para esta ocasión. La creación más perdurable de Arthur Conan Doyle es el mejor ejemplo de su matrimonio. De todas las ferias del libro que he tenido el privilegio de asistir durante mi vida, siempre tendré un especial afecto por la que anualmente se celebra en el Palacio de Minería, uno de tantos recintos maravillosos de mi Universidad Nacional Autónoma de México. Este 2016 llega a su edición número XXXVII. Además de las actividades que suponen este tipo de espacios, la Feria de Minería ha abierto foros para discutir sobre temas por lo general menospreciados por muchos. Prueba de ello son las Jornadas dedicadas al noveno arte, cómics, historietas o como prefieran llamarles, planeadas por mi querido Bernardo Fernández Bef, o las que celebran en la novela negra, organizadas por los talentosos escritores Francisco Haghenbeck e Imanol Caneyada. Si existe una institución que siempre está abierta a estas manifestaciones del pensamiento y la sensibilidad, ésa es la UNAM. En esa certeza, mi amigo Vicente Quirarte y yo nos acercamos a su director Fernando Macotela y propusimos las Primeras Jornadas de Literatura de Horror. Accedió inmediatamente, con gusto y generosidad. Esto no sólo significa un triunfo personal, sino una vindicación de la actividad que realizo con pasión desde mi trinchera, hace casi dos décadas. En perspectiva, son temas presentes desde que el primer hombre vio con temor y reverencia el firmamento. El miedo y el horror son conceptos con los que convivimos desde la infancia. Nos permiten revivir por un momento, de una forma completamente segura, las angustias y temores que sentimos cuando éramos niños. Y de esto podría dar muchos testimonios.

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Esta primera emisión rinde tributo a figuras y eventos decisivos en el tema. Para comenzar está la prolífica Amparo Dávila, indispensable –y galardonada- autora zacatecana que se encuentra por cumplir sus primeros 88 años de vida –de ella siempre sentiré gratitud por su cuento El huésped-. También recordamos el bicentenario de la mítica noche del 16 de junio de 1816, donde un grupo de hijos terribles del romanticismo se reunieron en el caserón veraniego de Villa Diodatti y crearon dos mitos fundacionales de la literatura: Frankenstein y El Vampiro.

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Durante dos días, las Jornadas analizarán temas básicos de la materia, como la situación que guarda actualmente la literatura de horror, o las transformaciones que han experimentado criaturas como los hombres lobos, los zombis y los vampiros. Todo de la mano de brillantes representantes del tema, como Rafael Aviña, Ricardo Bernal, Bibiana Camacho, Doris Camarena, Raquel Castro, Alberto Chimal, Omar Delgado, Erika Mergruén, Bernardo Esquinca, el ya mencionado Bernardo Fernández Bef, Luisa Iglesias Arvide, Norma Lazo, Norma Macías Dávalos, Macarena Muñoz y Bernardo Ruiz. La cosa se va a poner buena. U horrorosa, si así gustan. Ojalá nos veamos por allá.

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Roberto Coria es investigador en literatura y cine fantástico. Imparte desde 1998 cursos, talleres, ciclos de cine y conferencias sobre estos mundos en diversas casas académicas del país. Es asesor literario de Mórbido. Escribió las obras de teatro “El hombre que fue Drácula”, “La noche que murió Poe” y “Renfield, el apóstol de Drácula”. Condujo el podcast Testigos del Crimen y escribe el blog Horroris causa, convertido ahora en un programa radiofónico. En sus horas diurnas es Perito en Arte Forense de la Procuraduría General de Justicia del que anteriormente era conocido como Distrito Federal.