El pasado 18 de marzo se cumplieron tres años de la muerte física del escritor, productor y actor guanajuatense Jorge Arvizu, mejor conocido como El Tata y, en la ponderada opinión del multimillonario Charles Montgomery Burns, poseedor de una voz formidable que lo convirtió en la Octava Maravilla del mundo. Sus cuerdas vocales forman parte de los mejores recuerdos de la infancia de las personas de mi generación. La manera en que él y sus visionarios colegas nombraron a los personajes –animados y reales- a los que hicieron hablar en nuestro idioma es poderosa e imperecedera. El rosáceo gato Choo-choo de la caricatura de efímera existencia Top Cat (Don Gato en estas tierras), a quien originalmente dio voz el actor neoyorkino Marvin Kaplan, siempre se llamará Cucho, tendrá un acento yucateco y comerá papadzules según la intención de Arvizu. Punto.

 

A sus más famosos trabajos se suma Fester Addams, quien a pesar de toda exactitud siempre lo reconoceré como Lucas. Su popularidad definitiva se debió a la encarnación que hizo el actor Jackie Coogan en la breve teleserie Los Locos Addams (1964-1966), que cuenta con un reparto inolvidable y perfecto, encabezado por los patriarcas del clan Homero (aunque su verdadero nombre es Gomez), interpretado por John Astin, y su glamorosa esposa Morticia, papel de Carolyn Jones. Sus voces en español, otorgadas por Jorge Lavat y Magdalena Ruvalcava, junto con la de Arvizu, son insuperables. Por eso resulta ultrajante el nuevo doblaje que se les hizo recientemente. El complemento ideal es el tema musical compuesto por el músico Victor Mizzy, con sus pegajosos chasquidos. Todos conocemos su letra, que en mi humilde opinión suena mejor en nuestros rumbos: “La nieta, el tío y la abuela, el padre de alta cuna, la bella madre de una familia muy normal”.

Como ya hemos platicado, Lucas nació gracias a la imaginación del dibujante Charles Samuel Addams (1912-1988), y aunque nunca precisó la posición que ocupaba en la familia, es uno de sus integrantes más sobresalientes. Su aspecto lúgubre es auténticamente familiar, con su cabeza completamente calva, su largo abrigo, su gusto por descansar sobre una cama con clavos, sus hábitos piromaníacos y su capacidad de iluminar focos con sólo ponerlos en su boca.

En la serie sesentera era el tío de Morticia mientras en el díptico de películas que Barry Sonnenfed dirigió en los años noventa fue el hermano mayor de Homero. En ellas, el rol reposó en hombros de Christopher Lloyd, a quien siempre recordaremos como el científico Emmet L. Brown en la trilogía Volver al futuro.

La idea ha rebasado la página impresa y los formatos televisivo y cinematográfico. Incluso los videojuegos. Allá en 1989 me encantaba jugar Fester´s quest de Sunsoft en mi consola Nintendo. En 2010, Andrew Lippa lo convirtió en una obra musical para Brodway protagonizada por Nathan Lane (Homero) y Bebe Neuwirth (Morticia), acompañados –entre otros- por Kevin Chamberlain como Lucas. La puesta no tardó en llegar a otros países, incluido el nuestro. Fue estelarizada –insólitamente- por Jesús Ochoa y Susana Zavaleta –ella me parece más apropiada-. Lucas fue encarnado por Gerardo González, egresado de la comedia telesiva ochentera Cachún cachún Ra-ra.

 

Todo esto sólo comprueba la universalidad de los alocados hijos de Charles Addams. Y que siempre evoquemos al Tata Arvizu cuando nos refiramos a Lucas, hace patente la perdurabilidad de ambos.

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Roberto Coria es investigador en literatura y cine fantástico. Imparte desde 1998 cursos, talleres, ciclos de cine y conferencias sobre estos mundos en diversas casas académicas del país. Es asesor literario de Mórbido. Condujo el podcast Testigos del Crimen y escribe el blog Horroris causa, convertido en un programa radiofónico. En sus horas diurnas es Perito en Arte Forense de la Procuraduría General de Justicia del que anteriormente era conocido como Distrito Federal.