Por Dr Beltrán

Las muñecas inflables se venden como pan caliente. La innovación en materiales permite que estas piezas tengan texturas tan parecidas a la piel, que las hacen compañeras sexuales casi perfectas.

Desde hace diez años, Japón es el principal de productor de este tipo de muñecas, las cuales semejan la imagen de mujeres reales. Una de ellas podría costar uno 6000 dólares, incluso más. Basta decir que empresas como Oriental Industries o Doll No Mori, multiplicaron por veinte, sus ingresos en los últimos cinco años. Y es que, de verdad, no pueden imaginar el grado de realismo de estas muñecas. Pero, ¿de dónde salió la idea de hacer una muñeca que cumpliera caprichos sexuales? Aquí empieza una historia que tiene que ver con la medicina y su lado mórbido. La clave es: sífilis.

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Aunque esta enfermedad es tan antigua que se han encontrado pruebas de ella en lugares como Pompeya antes de la erupción del volcán, la sífilis era una enfermedad nueva en Europa durante el siglo XV. A menudo era considerada como una marca de venganza de Dios, por estar relacionada con la promiscuidad. Los conquistadores europeos la llevaron al nuevo mundo, junto a la viruela, la gripe y el sarampión. Para el año de 1497, la sífilis se había extendido por toda Francia y, en menos de una década ya infectaba toda Europa.

Esta enfermedad contempla tres etapas. El chancro, o la úlcera, que aparece en el sitio de infección (usualmente el pene), es la primera etapa, dos a cuatro semanas después del contacto con la enfermedad. Si no se trata con medicamentos, la úlcera sanará de manera casi espontánea entre seis y ocho semanas después. Posteriormente, unos dos meses después, la enfermedad avanza y el enfermo siente cansancio, dolor de cabeza, fiebre, glándulas hinchadas en cuello, axilas o ingles; dolor de garganta, pérdida de peso, caída del cabello y, lo más característico, una erupción en la piel llamada Lues. En aquella época la enfermedad avanzaba lentamente haciendo que la piel de las personas, en especial de la cara, se desprendiera.  Sin embargo el curso mortal de la enfermedad cambió cuando se descubrió la penicilina.

Actualmente, entre un 50 y 60% de los pacientes no llega a la etapa final, lo cual es una verdadera suerte pues la bacteria que la causa, la espiroqueta, se filtra en los tejidos, siendo el tejido neuronal el más delicado, pues produce una neuro infección que genera parálisis y demencia.

Un tratamiento que era efectivo para tratar las lesiones en la piel era aplicar mercurio directamente, pero el vapor del mercurio es muy tóxico por lo que algunos enfermos morían por intoxicación. Debido a esto, se acuñó un refrán que decía: "Una noche con Venus y una vida con Mercurio".

Esta enfermedad tuvo connotaciones xenófobas y se le conocía como "sarna española", "mal francés", "mal napolitano" o "enfermedad polaca", entre otros. En 1584, el nombre de sífilis fue utilizado por primera vez por el médico y poeta Girolamo Fracastoro como el título de uno de sus piezas en el que describía la enfermedad en Italia. Además de un pastor llamado Syphilus quien, junto con sus compañeros, desafió al dios griego Apolo quien en castigo los contagio de una enfermedad terrible.

Pero, ¿qué tienen que ver las muñecas sexuales? Resulta que durante la Segunda Guerra Mundial, las tropas alemanas de Hitler comenzaron a tener a la sífilis como terrible enemigo. Su líder no estaba solamente preocupado por la integridad física de sus soldados, sino también por la contaminación de la pureza de la raza. Así nació el Proyecto Borghild. La iniciativa de Heinrich Himmler, por orden directa de Hitler, incluía técnicos alemanes quienes se encargaron de hacer muñecas de plástico con la intención de que las tropas descargaran sus impulsos sexuales con toda seguridad. Himmler comisionó al oficial de alto rango, el doctor Joachim Mrugowsky, para que lo llevara a cabo.

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Las muñecas tenían que cumplir con ciertas características y prototipos de belleza alemana como el cabello rubio, buena figura, ojos azules, 1.76 metros de altura, labios y pechos grandes y un ombligo bien diseñado. Para cumplir con esto, se usó a la actriz Käthe Von Nagy como modelo de rostro, pero ella se negó rotundamente a que su cara sirviera para aliviar la lujuria de los soldados. Para el cuerpo dos deportistas, Wilhelmina von Bremen y Annette Walter, de cuerpos esculturales, fueron contempladas. Se consideraron tres tipos de muñecas: La A que medía 1.68m, la B que medía 1.76 y la C, de 1.82m.

 La presentación del Proyecto Borghild en Berlín fue un gran éxito. Los militares de alto rango que lo supervisaron quedaron muy satisfechos e hicieron una orden preliminar de 50 muñecas al instante. La intención era que cada soldado, según sus preferencias, tuvieran en su mochila y equipo básico de supervivencia, una Borghild.

Los moldes de bronce para la muñeca tipo B nunca se terminaron. A principios de 1942, unas semanas después de Stalingrado, todo el proyecto quedó suspendido por los bombardeos en Dresden. Hay un documental de 2009 llamado The Borghild Project, en el que se desarrolla este tema. También está Lars y una chica de verdad, protagonizada por Ryan Gosling, que cuenta la vida de un hombre que vive con una de estas muñecas.

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