Por Roberto Coria

Uno de los proyectos que más me emocionan en este naciente 2015 es el inminente regreso del Horroris causa, el cual se desprendió del blog que escribo, y Pablo Guisa y Antonio Camarillo decidimos convertir en un podcast consagrado a los temas que nos hermanan y unen a todos ustedes. Sólo que vuelve en forma de un flamante programa de radio en frecuencia modulada. Pronto les platicaré más sobre ello. En la vida previa del programa, sus conductores nos decíamos continuamente “Doctor”, cosa que para algunos parecía exagerada pero aludía a nuestro ficticio Doctorado Horroris causa, grado académico y lúdico que se desprende de años en la investigación (y goce) del horror y la fantasía. Esto también rendía homenaje a todos los Doctores que nos han cautivado a lo largo de los años, del Víctor Frankenstein creado por Mary Shelley al Dr. Herbert West imaginado por Howard Phillips Lovecraft, del Dr. Hannibal Lecter de Thomas Harris al Dr. Víctor Von Doom de los cómics de Stan Lee y Jack Kirby, del Dr. Jonathan Crane –mejor conocido como El Espantapájaros- de Bill Finger y Bob Kane al Dr. Walter Bishop de la teleserie Fringe, concebida por J. J. Abrams, Alex Kurtzman y Roberto Orci.

Ellos hacen evidente que la intervención de la ciencia es importantísima en el desarrollo de los géneros que nos ocupan. El pintor español Francisco de Goya lo anticipó con gran lucidez en 1799 en el grabado 43 de su serie conocida como Los caprichos: “El sueño de la razón produce monstruos”. Esto nos obliga a reflexionar sobre el uso responsable de la ciencia. Porque ya lo dijo a su sobrino un hombre muy sabio: “Todo gran poder conlleva una gran responsabilidad”. En la percepción popular, con la lamentable documentación de excesos que se dan en todos los ámbitos, el científico es visto como un hombre extravagante, demencial y poco escrupuloso. Nada más alejado de la realidad. Ello sin duda hace que José Antonio Molina Foix lo ubique en el apartado de monstruosidad humana de su Clasificación de los monstruos, en el tercer peldaño consagrado a “científicos locos, profesores, sabios, doctores e hipnotizadores”.

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En la ficción encontramos básicamente dos tipos de científicos: el malvado sin escrúpulos, egoísta y sin remordimientos, que sin duda inspira su lugar en la clasificación de Foix, y el ingenuo idealista que busca el bienestar de la humanidad. Aunque recordemos que la expresión popular dice que el camino al Infierno está pavimentado por buenas intenciones.

La obra de estos personajes dista de la del mítico Dr. Fausto tal cual la plasmaron Christopher Marlowe en La trágica historia de la vida y muerte del Dr. Fausto (1604) o Johann Wolfgang von Goethe en Fausto (1828-1829). A diferencia del erudito, no existe intervención demoníaca o divina en el drama de los científicos que nos interesan. Sus frutos provenían de su soberbia y conocimientos. Son modernos aprendices de Dios.

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Sirva esta pequeña introducción para que en las siguientes semanas hablemos de algunos de sus mejores representantes. Porque, por fortuna, hay científicos locos de sobra.

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Roberto Coria es investigador en literatura y cine fantástico. Imparte desde 1998 cursos, talleres, ciclos de cine y conferencias sobre estos mundos en diversas casas académicas. Es asesor literario de Mórbido. Escribió las obras de teatro “El hombre que fue Drácula”, “La noche que murió Poe” y “Renfield, el apóstol de Drácula”. Condujo el podcast Testigos del Crimen y escribe el blog Horroris causa. En sus horas diurnas es Perito en Arte Forense de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal.