Por Roberto Coria

Aunque estemos de acuerdo con su cruzada, incluso la aplaudamos, el popular antihéroe conocido como The Punisher es un criminal. Algo similar ocurre con otros personajes, como los paladines de cómic Batman de Bob Kane y Bill Finger y DiabólicoDaredevil- de Stan Lee y Bill Everett. Y ni dudarlo del Dexter Morgan de Jeff Lindsay y el Hannibal Lecter de Thomas Harris, ambos asesinos seriales irredentos. El veterano de guerra y experto en tácticas militares Frank Castle, creado por el escritor Gerry Conway y el dibujante John Romita, padre, es sin duda uno de los personajes más insólitos de su estirpe. Apareció por vez primera en febrero de 1974, en el ejemplar 129 de El Sorprendente Hombre Araña, y pretendía aniquilar al héroe arácnido por cometer el homicidio del empresario y genio científico Norman Osborn, quien secretamente era el malévolo Duende Verde. Y a alimentar esta reputación contribuyó James Jonah Jameson, editor del tabloide El Clarín. Conway pensaba nombrarlo El Asesino, pero eso no era moralmente correcto ni atractivo, a pesar que la criminalidad en la ciudad de Nueva York de aquél entonces alcanzaba índices verdaderamente alarmantes.

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Tras una inevitable confrontación ambos, respetando sus respectivas formas de trabajo, acordaron mantenerse aparte. Desde ese momento The Punisher se convirtió en una presencia ocasional –aunque ganó posteriormente su revista individual-, no sólo en las aventuras del arácnido, sino en el resto del Universo de Marvel Comics. Y esto se ha hecho extensivo en todos los medios de comunicación a su alcance. La respuesta que recibió fue inesperada y sin duda contribuyó el hartazgo social del momento. Hoy, en nuestro doméstico entorno, es un personaje que claramente tiene muchas lecturas en la era de los grupos de auto defensa. Su distintivo cráneo en el pecho –explicado en muchas ocasiones a lo largo de los años- se convirtió en un verdadero símbolo que las personas asociaban con una forma brutal e inmisericorde de Justicia. Una que los defensores enmascarados o los Gobiernos eran incapaces de administrar.

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Creo que una parte de su éxito radica en la familiaridad del pueblo estadounidense con las armas de fuego. Recordemos que la Segunda Enmienda de su Constitución da derecho a todo ciudadano de poseerlas para la protección de su persona y patrimonio. Es verdaderamente fácil adquirirlas. Incluso se pueden comprar por Internet o en supermercados. A este respecto, The Punisher también podría ser estandarte de su controversial Asociación Nacional del Rifle, presidida de 1998 a 2003 por el difunto actor Charlton Heston.

Una variedad de escritores han robustecido la mitología alrededor del vigilante, siendo tal vez el más influyente el talentoso Frank Miller. De ascendencia italoamericana, y originalmente destinado convertirse en sacerdote católico, Castle nació como Francis Castiglione. Ingresó al Cuerpo de Marines del Ejército de Estados Unidos donde se convirtió en un portento físico, aprendió tácticas de combate y se hizo diestro en el uso de todas las armas de fuego imaginables. Al regresar a casa luego de vivir incontables peligros, como el John Rambo de Sylvester Stallone, presenció la muerte de su amada esposa Elizabeth y sus hijos Lisa Barbara y Frank, caídos por presenciar accidentalmente la ejecución de un miembro del crimen organizado. Así inició un combate frontal al crimen, desde las Mafias italiana, rusa, china y japonesa. De paso ajusticia a grupos supremacistas arios y carteles de la droga de Colombia y México. Pero también se ha dado tiempo para castigar a pedófilos, psicópatas, pandilleros, tratantes de personas, defraudadores y en general a toda forma de maldad realizada por el hombre.

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Como ya dije, la habilidad comercial de Marvel comics ha llevado al personaje a distintos medios. Muchos tienen en mente la versión animada del superhéroe arácnido, transmitida de 1994 a 1998, en la que nunca me expliqué la banda que utilizaba en la cabeza. Menos afortunada fue la cinta de 1989 estelarizada por el fortachón Dolph Lundgren quien, pese a su cabello teñido de negro, nunca utilizó su indispensable calavera en el pecho. Aunque para ser honestos, ese año perteneció al Batman de Tim Burton. 15 años después, más en control y conscientes de la importancia de esos detalles, la compañía nos ofreció una nueva película de sus aventuras, protagonizada ahora por el actor Thomas Jane.

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Además de que el héroe era riguroso en su vestimenta, el guión de Jonathan Hensleigh y Michael France incorporaba momentos de sus aventuras en el cómic, como la series Año uno, Bienvenido a casa, Frank y Diario de guerra. Esto no la salvó de la ferocidad de la crítica, de una pobre respuesta en taquilla ni de la cancelación de su secuela. Como una manera de reparar el desaguisado, con una producción menos ostentosa –y que conocí en video-, en 2007 los estudios nos presentaron Punisher: War zone. Ahora el papel protagónico recaía en el actor irlandés Ray Stevenson, egresado de la extinta teleserie Roma. Aunque su director Lexi Alexander no escatimó en detalles sangrientos (como la escena donde le vuela la cabeza a un malvado que acaba de revelarle información a pesar que le prometió no hacerlo) y supo captar la esencia de Castle, su recaudación fue irrisoriamente menor que la intentona previa. Y así llegamos al ejemplo que inspiró todo lo anterior: su aparición en la segunda temporada de las aventuras del abogado ciego y justiciero de medio tiempo Matt Murdock. Esto le permite reflexionar sobre los límites de su cruzada. Ahora Castle es encarnado por el actor Jon Bernthal, quien no deja de evocarme al Travis Bickle que interpretara Robert De Niro en Taxi driver (Martin Scorsese, 1976). La autenticidad de su desempeño, su carisma, la lógica de sus motivaciones y la respuesta favorable del público y la crítica le valieron ya el beneficio de una serie propia, que se encuentra en desarrollo y espero ver muy pronto.

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Esto último es fácil de explicar. El personaje se mantendrá vigente tanto como perviva el fenómeno delictivo. Como sucede a Batman, son dos los elementos que hacen a Castle un oponente letal e inolvidable: inteligencia y determinación. Cuestionarnos sobre la validez de sus métodos supone un dilema ético, legal, moral y religioso, en el que las etiquetas tajantes de “bien” y “mal” son insuficientes. ¿Alguna vez se han preguntado cuántas vidas se habían salvado si Batman hubiera asesinado al Guasón luego de su primer encuetro? Como aseguró Daredevil“es alguien que hace el bien de la manera equivocada”. Tenemos Punisher para rato.

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Roberto Coria es investigador en literatura y cine fantástico. Imparte desde 1998 cursos, talleres, ciclos de cine y conferencias sobre estos mundos en diversas casas académicas del país. Es asesor literario de Mórbido. Escribió las obras de teatro “El hombre que fue Drácula”, “La noche que murió Poe” y “Renfield, el apóstol de Drácula”. Condujo el podcast Testigos del Crimen y escribe el blog Horroris causa, convertido ahora en un programa radiofónico. En sus horas diurnas es Perito en Arte Forense de la Procuraduría General de Justicia del que anteriormente era conocido como Distrito Federal.