Por Roberto Coria

Seamos o no aficionados a sus personajes, aprobemos o estemos hartos de sus adaptaciones cinematográficas, nadie puede negar que Marvel Cómics representó la evolución natural –y necesaria- de la figura del Superhéroe. La compañía editorial fundada en 1939 por Martin Goodman, hoy orgullosa propiedad de la gigantesca Corporación Walt Disney, ha extendido su dominio a otros campos gracias a una inteligente visión comercial que –por más que duela a muchos- aventaja a su más cercano e inevitable competidor, DC Cómics. “El que pega primero, pega dos veces”, dicen por ahí. Algunas de las causas de la popularidad de sus creaciones son evidentes, y las atribuyo en su mayor parte al escritor y editor Stanley Lieber, a quien todos conocemos como Stan Lee. Sus justicieros no sólo combaten el mal en todas sus formas. En su personalidad secreta, padecen las tribulaciones del mortal común. Recordaré algo de lo dicho por Vicente Quirarte en su ensayo Aventuras para el Hombre Araña, publicado en su libro "Del monstruo considerado como una de las Bellas Artes" (Paidós, 2006):

"Todos hemos querido ser Supermán, pero todos hemos sido el Hombre Araña. Aunque la muerte física del primero echó por tierra el mito de la inmortalidad, el estudiante y periodista gráfico Peter Parker tiene sobre Clark Kent una superioridad emotiva que lo convierte en el último de los románticos y en el primero de los héroes enmascarados. Una imagen frecuente en sus aventuras es la meditación en la azotea -ese lugar tan alejado de los hombres como cercano al cielo-, en la contemplación de la capital del mundo globalizado. Lleva, como Supermán, los colores del imperio, pero no es un vasallo del imperio. Quien alguna época de su vida haya sido el Hombre Araña conoce la grandeza de la tortura y las delicias de la victoria. Batman tiene escudero, mayordomo y fortuna económica que lo curen de los fracasos parciales; Supermán tiene su retiro en el Polo Norte, donde recuerda su planeta natal y puede vivir en el mejor de los mundos imposibles. El Hombre Araña está soberbiamente solo, como un adolescente. Sobre sus ilustres antecesores, Peter Parker tiene dos ventajas: el sentido del humor y la pobreza. Lo que podría hacer en su personalidad de araña -robar una casa, entrar en un banco- contradice la ética de su parte luminosa. Al igual que Babette, Parker puede afirmar, con mayor justicia que nadie: no hay héroe pobre".

Antiheroe01

Antiheroe04

Además de lo anterior, realizan sus hazañas en una locación extraída del mundo real y reconocible por todos, a diferencia de las ficticias Metropolis de Superman, la Ciudad Gótica de Batman o la Ciudad Central de Flash. La gran Nueva York es escenario de las correrías de la gran mayoría de su enorme camada de paladines, desde el héroe arácnido, los 4 Fantásticos, Diabólico –en el pasado dije que así conocí y siempre llamaré de ese modo a Daredevil- y El Castigador –me sucede lo mismo con The Punisher, aunque reconozco que suena mejor el anglicismo-. Los dos últimos son casos extremos y relevantes en esta ocasión. Además estamos instalados en la época de los enfrentamientos entre héroes.

Antiheroe03

Ambos, como Batman, son explicables desde la realidad –claro, si entendemos por real a un abogado ciego que salta por las azoteas y persigue criminales-. Están en contacto con una maldad más tangible, presente en todas las grandes urbes del planeta. No combaten seres que provienen del espacio sideral u otras dimensiones. Más allá de ideales como los que defienden sus pares sobrehumanos, representan el hartazgo de la sociedad ante un fenómeno irrefrenable y a la incapacidad de las autoridades para detenerlo. Son antihéroes. Hacen lo correcto, pero no de la manera adecuada. Se mueven por encima de la Ley. Y para asegurar un bien mayor no escatiman en cometer delitos como privación ilegal de la libertad, daño en propiedad ajena, amenazas, allanamiento de morada, tortura y lesiones. Están convencidos que Ley y Justicia, lamentablemente, no son sinónimos. Naturalmente, sus presas siempre son individuos que merecen pagar las consecuencias de sus acciones. Esa es la causa de la gran aceptación de estos personajes.

Antiheroe12

Repasemos el caso de Dexter Morgan, creación del novelista Jeff Lindsay y popularizado gracias a la televisión por el actor Michael C. Hall. Aunque sus víctimas sólo sean individuos que escaparon de la acción de la justicia por resquicios legales –merezcan morir, en pocas palabras, pues de continuar reincidirían en sus conductas- no debemos dejar de reconocer que es un asesino en serie. Y deseamos que se salga con la suya. Cuando las autoridades están cerca de apresarlo, sus intentos de escapar nos mantienen en el filo del asiento. Justificamos la versión oscura de Justicia que nos ofrece.

Antiheroe06

O está nuestro viejo amigo Hannibal Lecter –sea encarnado por Anthony Hopkins o por Mads Mikkelsen-, quien no mata a inocentes y además es el epítome del buen gusto y el refinamiento. O tenemos al vigilante Walter Kovacs quien es reconocido como Rorschach. Creado por el genio británico Alan Moore y el artista Dave Gibbons en la mítica historieta convertida en novela gráfica Watchmen, masacra brutalmente a un pedófilo y asesino, no sin antes hacer una reflexión profunda: “Verá, doctor, Dios no mató a la niña. El destino no la descuartizó ni se la dio de comer a los perros. Si Dios vio no pareció importarle. Hasta donde sé, Dios no hace el mundo de esta manera. Somos nosotros”. De hecho siempre he pensado que Rorschach, de tener recursos económicos ilimitados, sería muy similar a Batman. Él se atrevió a cruzar la línea que el hombre murciélago nunca ha hecho.

Antiheroe07

Antiheroe11

Antiheroe10

Los antihéroes son personajes con muchos matices. Prosperan por el agotamiento de las fórmulas. Y situaciones similares sobran. Un fundador de esta tradición es el ex veterano de guerra y experto en tácticas militares Francis Castiglione Frank Castle para los cercanos-, ideado por el escritor Gerry Conway y el dibujante John Romita, padre. Él es mejor conocido como The Punisher o El Castigador, y en su pecho lleva el símbolo de su oficio. Pero sobre sus andanzas escribiré en las siguientes semanas.

Antiheroe05

---

Roberto Coria es investigador en literatura y cine fantástico. Imparte desde 1998 cursos, talleres, ciclos de cine y conferencias sobre estos mundos en diversas casas académicas del país. Es asesor literario de Mórbido. Escribió las obras de teatro “El hombre que fue Drácula”, “La noche que murió Poe” y “Renfield, el apóstol de Drácula”. Condujo el podcast Testigos del Crimen y escribe el blog Horroris causa, convertido ahora en un programa radiofónico. En sus horas diurnas es Perito en Arte Forense de la Procuraduría General de Justicia del que anteriormente era conocido como Distrito Federal.