Por Roberto Coria

El pasado primero de abril se celebró un día más del estadounidense April Fool´s Day, símil de nuestro Día de los Inocentes, fecha en que suelen gastarse todo tipo de bromas y conocida por algunos autores como el Día de los locos.

La ocasión es atractiva porque fue el día que eligieron el escritor norteamericano Grant Morrison y el talentoso ilustrador Dave McKean (mejor conocido por sus cubiertas para la serie Sandman) para ambientar su celebrada novela gráfica Arkham Asylum, a serious house on serious Earth (1989). La publicación, sin duda beneficiada por la muy reconocida película de Tim Burton, tuvo un éxito sin precedentes. Es un estudio sobre los mayores traumas de Batman, presentado por los autores como una construcción simbólica, vaga y sombría, semejante a una sombra, donde los trabajos de Carl Gustav Jung, Aleister Crowley y los pilares del surrealismo son importantes. Es también una macabra reinterpretación de los villanos clásicos de la historieta: Harvey Dent, alias Dos caras, es un interno que deambula desnudo por el psiquiátrico, objeto de una terapia radical que sustituyó su conocida moneda marcada por una baraja de tarot, para darle 78 opciones en lugar de dos; Jervis Tetch, conocido como el Sombrerero loco, es un pedófilo obsesionado con la imaginería del escritor que creó al personaje del que tomó su nombre criminal;  Maximilian Zeus es un maniaco con delirios mesiánicos, representado como una figura electrificada que imita a su referencia divina; Waylon Jones, apodado Killer Croc, es una aberración andante, similar a un lagarto, con la que el héroe se enfrenta como el arcángel Miguel hiciera con el Dragón.

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Desde su inicio establece un aura de fatalidad en el escenario, por la que el lector no puede resistirse:

En 1920, después de la muerte de su madre enloquecida, el brillante psiquiatra Amadeus Arkham comenzó la conversión de su hogar ancestral en un hospital para el tratamiento de los enfermos mentales. No sospechaba que había desencadenado una serie de eventos de pesadilla, de graves consecuencias.

Más de medio siglo después, el Manicomio Arkham para Criminales Dementes es un lugar de corredores tenebrosos y sombras opresivas. Una casa salida de un mal sueño. Un acertijo de madera y concreto, que es mejor nunca resolver. Durante años, los dementes y deformes enemigos de Batman han sido aprisionados dentro de estos muros claustrofóbicos. En celdas acolchadas y sótanos oscuros, han soñado y elucubrado planes, esperando el día en que se revelarán para dominar el mundo de la razón.

Esta es la trama: en el primer día de abril, el Guasón encabeza un motín y obliga a su némesis a adentrarse en el mancomio con la amenaza de sacar un ojo a una joven rehén. De forma paralela descubrimos la tortuosa historia del fundador de la institución, su encuentro con la locura y su intento por contenerla con un trágico e irónico desenlace.

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Tal vez el elemento más atractivo de la historia es el Guasón, un personaje terrible que inspira verdadero miedo. Cuando sus colegas le piden desenmascarar al hombre murciélago, los aplaca:

“¡Por el amor de Dios, Cara de Arcilla, Sombrerero, no sean tan predecibles! Esta es su verdadera cara. Yo quiero profundizar mucho más allá. Quiero que sepa lo que se siente que unos dedos fríos y largos le piquen hasta los rincones más oscuros de su mente”.

Y la locura es quizá la verdadera protagonista. Desde su epígrafe, que acertadamente refiere a la más famosa creación de Lewis Carroll, el Gato de Cheshire responde a Alicia que todos en el País de las Maravillas están locos. La niña le dice que no quiere estar entre locos. El gato le revela que ella también debe estarlo, de lo contrario no estaría ahí. Batman lo confirma al final: “A veces es la locura lo que nos hace ser lo que somos. O quizás el destino”. Según testimonios de personas cercanas, fue una de las inspiraciones que el desventurado Heath Ledger utilizó para construir su papel de Batman, el Caballero de la Noche (Christopher Nolan, 2008).

Sin duda es una novela gráfica que debe estar en el librero de todo diletante de lo truculento.