Por Daniel Castro 

A mediados del 2016, el director James Wan estrenó la secuela de una de las sagas más representativas de su carrera: El conjuro. En esta nueva película, la pareja Warren se encuentra en Inglaterra para investigar el famoso caso de posesión de la casa Enfield; donde la niña, Janet Hodgson, estaba supuestamente posesionada por el fantasma del antiguo dueño de la casa, Bill Wilkins. Pero, contrario a como sucede en la mayoría de las películas de exorcismos, tanto los medios ingleses como la propia pareja Warren se mostraron escépticos frente al evento. Sin embargo, al evolucionar la trama, los Warren se darán cuenta de la autenticidad de los hechos y que el ente al que se enfrentaban era en realidad el demonio Valac.

Según indica el propio James Wan, en un principio, Valac no estaba en el guion original debido a que no encontraba una forma satisfactoria para incluirlo en la historia. Sólo una vez terminada la filmación, y en una suerte de inspiración, supo cómo debería introducir al demonio en la trama: con la apariencia de una aterradora monja. No obstante, como quedará expuesto más adelante, este ser no es de invención moderna, ni fue inventado por la ingeniosa mente de Wan; sino que proviene de la propia y extensa mitología judeocristiana.

 

 

Las fuentes

 

Valac es un conocido demonio medieval que se puede encontrar catalogado principalmente en dos fuentes: el Pseudomonarchia daemonum, que es un apéndice en la obra De praestigiis daemonum de Johann Weyer de 1563. Así como en el capítulo Ars Goetia del Lemegeton Clavicula Salomonis del siglo XVII. El texto de Weyer fue uno de los estudios más influyentes del campo, y base para el desarrollo de futuros catálogos demoniacos, así como de libros de conjuros. Como anotan los especialistas en el tema, en específico Joseph H. Peterson, este libro probablemente fue la fuente principal para el desarrollo del primer capítulo del Lemegeton. No obstante, a diferencia del  Lemegeton, éste no incluye los sellos ni los elaborados conjuros para la invocación de los demonios. Por otra parte, una de las diferencias notables entre ambos textos, es el orden de los demonios, cuya distribución no ha tenido explicación posible, además de cuatro demonios menos con respecto al Lemegeton. Finalmente, hay diez demonios con descripciones casi idénticas entre ambos textos, uno de ellos, es precisamente el demonio Valac. Esto es relevante, ya que muchos grimorios difieren en las descripciones de algunos demonios o ángeles, en especial, porque reflejan diferentes tradiciones y percepciones religiosas.

En lo que concierne al Lemegeton, es un conocido manual de brujería que pretendía que fuera relacionado con el círculo de libros salomónicos, principalmente con el antiguo manuscrito hebreo Clavicula Salomonis (La llave del rey Salomón). Pero como anota Samuel Liddell MacGregor Mathers (fundador de la Orden Hermética del Alba Dorada) es un texto que no tiene relación con el anterior, pero que es “de gran valor en su propio campo”. Entre las numerosas influencias para este libro está el propio Clavicula Salomonis, el texto de Weyer, el Steganographia de Trithemius, los Cuatro libros de la filosofía oculta de Agrippa, entre otros. El valor que ha adquirido este grimorio con el paso del tiempo se debe a su catálogo de demonios y los conjuros que le preceden (primer y segundo capítulo del grimorio).

Ambos textos, sobretodo el segundo, son los más conocidos y más citados respecto a estos apéndices demoniacos, sin embargo, dichas relaciones se pueden encontrar incluso con anterioridad en algunos grimorios no tan famosos como en el Liber Officium Spirituum.

 

Valac

Valac, Valak, Valu o Ualac es el sexagésimo segundo demonio de los 72 demonios registrados en el Lemegeton, su descripción es la siguiente:

Presidente grande y poderoso que aparece como niño con alas de ángel montado sobre un dragón bicéfalo. Da respuestas verdaderas sobre tesoros ocultos y dice dónde pueden verse serpientes, las cuales traerá ante el exorcista sin esfuerzo alguno. Gobierna treinta y ocho legiones. Su sello debe emplearse en la forma indicada.[1]

 

Mientras que su sello es el siguiente:

 

Por su parte, es el demonio número 49, de los 68 del texto de Weyer, cuya descripción solamente tiene ciertas diferencias en su redacción con respecto a la anterior:

Valac es el gran presidente, que aparece como un niño con alas de ángel, cabalga sobre un dragón de dos cabezas. Él responde perfectamente sobre los tesoros ocultos y de dónde pueden verse serpientes, las cuales entregará en las manos del exorcista sin ningún tipo de esfuerzo. Reina sobre treinta legiones de demonios.[2]

Obviamente, las diferencias entre el Valac de los grimorios y el visto en El conjuro 2 son evidentes. Es probable que muchos de los espectadores interesados en la iconografía y habilidades originales de este demonio, se pregunten por qué James Wan  lo incluyó y por qué en la película no fue representado en su forma clásica. Pues bien, hay dos aspectos a considerar: el primero, es el de refrescar un género que ya caía en redundancias al poner como principales antagonistas a los bien conocidos: Baal, Belcebú, Belial, Lucifer o Legión. El segundo, como es común en el cine de exorcismos, remarcar la naturaleza sacrílega del demonio, de la que se sirve para conseguir que el exorcista pierda su fe, pues sin ella, no puede realizar un exorcismo. Así lo menciona Lorraine Warren, Valac pretende que desconfíe de sí misma y de su fe, para que no tenga manera de evitar el plan del demonio para ella y su esposo. Esta vacilación queda establecida en la trama desde el principio de la película y se puede apreciar en el propio caso, el cual es convenientemente puesto en duda. Otros indicios de la presencia de Valac se hayan en algunos objetos dentro de la casa de los Warren que forman el nombre del demonio, y en las visiones de Lorraine, cuyo origen ignora.

De este modo, preferir una representación sacrílega, le permitió a James Wan explotar de manera más adecuada el potencial de su trama. Es decir, el aspecto original de demonio alado que monta un dragón bicéfalo hubiera afectado de manera distinta a la película. Por ejemplo, la monstruosidad del ser y su obvia apariencia ajena a la voluntad Dios, hubiera distinguido a la perfección su naturaleza demoniaca; y quizá no traería consigo la crisis religiosa que sufrió Lorraine.

Ilustración de Valac por Louis Le Breton para el Diccionario Infernal

[1] De la traducción de S. L. MacGregor Mathers.

[2] Traducción mía a partir del texto en latín de Weyer.