Por Roberto Coria

Al principio no vio nada porque las ventanas estaban cerradas. Al cabo de un momento, empezó a ver que el piso se hallaba todo cubierto de sangre coagulada, y que en esta sangre se reflejaban los cuerpos de varias mujeres muertas y atadas a las murallas. Eran todas las mujeres que habían sido las esposas de Barbazul y que él había degollado una tras otra.

-Charles Perrault

Un cuento de hadas clásico que siempre escapará –por su truculencia- de las garras corruptoras de los estudios Disney es el escrito por el francés Charles Perrault en 1659. O así lo espero. Su protagonista es el pretexto perfecto para retomar la clasificación de la monstruosidad según nos la ofreció el español Juan Antonio Molina Foix en su libro Horrorscope. Mitos básicos del cine de terror (Nostromo, 1974). En su primer apartado, dedicado a los monstruos humanos, distingue una monstruosidad psicológica conformada por sádicos, maníacos, psicópatas, voyeristas, profesores, sabios, doctores e hipnotizadores. En este amplio grupo, resalta la figura del asesino en serie que tanto he estudiado en diferentes espacios. Éstos, entre todos sus colegas, son los que más me aterran. Se pueden encontrar en cualquier sitio, incluso a nuestro lado, y pasan completamente desapercibidos ante nosotros. Es difícil reconocerlos, pues usan una máscara de sanidad. Gracias a ésta, se parecen a ustedes o a mí. Representan, al igual que los libros del escritor estadunidense Daniel Handler –quien adoptó el seudónimo Lemony Snicket-, una serie de eventos desafortunados. Son una conjunción de factores biopsicosociales, un auténtico viaje a la oscuridad. A pesar que hay autores que señalan la existencia de una predisposición genética, nadie nace absolutamente malo.

barbazul3La historia a que me refiero es Barbazul, publicada por vez primera por Perrault dentro de sus Cuentos de Mamá GansoHistoires ou contes du temps passé, avec des moralités-, volumen indispensable de la literatura infantil. Estrictamente hablando no se trata de un cuento de hadas, pues a lo largo de la narración no hay lugar para lo maravilloso ni situaciones que involucren a la fantasía. La historia del cruel noble de pilosidad azulada, recientemente casado con una bella doncella, y del horrendo secreto tras la habitación a la que le prohibía entrar, es fue una de mis predilectas desde mi más tierna infancia. Es una fábula violenta, profundamente anclada en la realidad. La mayor parte de los cuentos reunidos por Perrault ya ocupaban un lugar importante en la narración oral de los pueblos. Y sin embargo, el escritor nos presenta una historia original, nutrida sin dudas por terribles hechos documentados en su tiempo. Una de sus más notables influencias puede ser el caso del gobernante medieval Conomor, el Maldito, quien según la leyenda reinó despiadadamente el archipiélago británico. Su embarazada y joven esposa Tryphine fue prevenida por los fantasmas de sus consortes previas, a quienes el monarca asesinó brutalmente al embarazarse de él. Ella escapó de su lado y cuando la encontró, la decapitó sin piedad. Fue resucitada por Santa Gilda y, al confrontar al homicida, su castillo se derrumbó sobre él, matándolo. Pero hay otro personaje histórico comúnmente vinculado con Barbazul. De él hablaré la próxima semana.

Se trate o no de un cuento de hadas, sus interpretaciones psicoanalíticas son inevitables. Recurro de nueva cuenta a Psicoanálisis de los cuentos de hadas, donde Bruno Bettleheim nos dice que “Barbazul es el más notable y monstruoso marido de todos los cuentos de hadas”. Y que “se podría afirmar que presenta los aspectos más primitivos, agresivos, egoístas y destructivos del sexo, que deben ser vencidos para que el amor pueda florecer”. Al final reconoce que “es un cuento admonitorio que aconseja lo siguiente: Mujer, no os dejéis llevar por vuestra curiosidad sexual; hombres, no os dejéis arrastrar por la cólera de haber sudo traicionados sexualmente”. Recordemos que se trata de una traducción española.

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La historia ha sido narrada desde entonces, no tantas veces como otras, en diferentes medios. Los grabados del artista francés Gustave Doré, quien visitó incontables cuentos de hadas, son indispensables y aterradores. Su paisano Georges Méliès, el mago y precursor de la cinematografía, nos ofreció en 1902 una versión silente de sólo 9 minutos de duración, dirigida y protagonizada por él mismo. En 1979 la novelista británica Angela Carter usó el relato como base de La cámara sangrienta, cuento contenido en la antología La cámara sangrienta y otras historias, estupendo homenaje a los cuentos de hadas clásicos, desde Caperucita Roja, El Gato con Botas hasta La Bella y la Bestia, entre otros.

Por lo pronto, cruzo los dedos para que Disney no ponga jamás sus ojos en Barbazul. Aunque tristemente la Historia nos ha enseñado algo: ellos no tienen escrúpulos y todo lo pueden. El robot R2D2 con orejas de Mickey Mouse y Maléfica dulcificada hablan por sí mismos.

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Roberto Coria es investigador en literatura y cine fantástico. Imparte desde 1998 cursos, talleres, ciclos de cine y conferencias sobre estos mundos en diversas casas académicas. Es asesor en materia literaria de Mórbido. Escribió las obras de teatro “El hombre que fue Drácula”, “La noche que murió Poe” y “Renfield, el apóstol de Drácula”. Condujo el podcast Testigos del Crimen. Escribe el blog Horroris causa. En sus horas diurnas es Perito en Arte Forense de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal.